Tato Bores a 30 años de su partida, por qué sus monólogos parecen escritos esta mañana

Redacción Cuyo News
7 min

El pasado 11 de enero se cumplió un nuevo aniversario del fallecimiento de Mauricio Borensztein, universalmente reconocido como Tato Bores, quien fuera uno de los comediantes más influyentes y lúcidos de la historia argentina. Su partida en 1996 dejó un vacío en la pantalla chica que nadie ha logrado llenar con la misma mezcla de ironía, velocidad verbal y compromiso civil. A lo largo de su carrera, Tato transformó el monólogo político en una herramienta de análisis social indispensable para comprender la idiosincrasia nacional.

Del Teatro Cervantes al estrellato televisivo

Nacido el 27 de abril de 1925 en Buenos Aires, Borensztein comenzó su vínculo con el espectáculo desde muy joven, desempeñando tareas auxiliares en el Teatro Cervantes. Su formación se consolidó en la década del 40, participando en orquestas radiales donde comenzó a moldear su estilo satírico. En 1954 se casó con Berta Szpindler, su compañera de vida y madre de sus tres hijos: Alejandro, Sebastián y Marina, quienes luego continuarían su legado en la producción y las artes.

Su desembarco en la televisión en 1957 marcó un antes y un después. Con su icónico atuendo de frac, anteojos de marco grueso y habano en mano, Tato construyó una estética inconfundible. Ciclos como “Tato siempre en domingo”, “Déle crédito a Tato” y “Tato de América” se convirtieron en citas obligatorias para una sociedad que buscaba en el humor una vía de escape y reflexión frente a las crisis cíclicas del país.

La lucha contra la censura y el reconocimiento

En 1992, Tato fue distinguido como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, pero ese mismo año protagonizó uno de los episodios de censura más recordados de la democracia. La jueza María Servini de Cubría intentó prohibir fragmentos de su programa “Tato de América”. La respuesta del ambiente artístico fue histórica: una multitud de colegas se presentó en cámara cantando el célebre estribillo “La jueza Barú Budu Budía es lo más grande que hay”, transformando un intento de silenciamiento en una derrota mediática para la magistrada.

Afectado por complicaciones de salud que lo obligaron a retirarse de la actividad, el humorista falleció el 11 de enero de 1996 en su domicilio del barrio de Palermo. Su legado fue inmortalizado en 2013 con una estatua frente al Teatro Metropolitan, pero su verdadera vigencia reside en la asombrosa actualidad de sus palabras. El trabajo de Tato Bores persiste como un testimonio de valentía intelectual, demostrando que el humor es, muchas veces, la forma más seria de decir la verdad.

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