El arribo a la ciudad de Ushuaia de una aeronave del Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha generado un escenario de alta sensibilidad política y estratégica en el territorio de Tierra del Fuego. El evento, protagonizado por un Boeing C-17 Globemaster III —un avión de transporte militar pesado reconocido por su versatilidad para misiones de alta prioridad—, se produjo entre el 24 y el 25 de enero de 2026.
Previamente, se registró el movimiento de un Boeing C-40 Clipper, versión militar del Boeing 737-700, utilizada habitualmente por la USAF para el traslado de altos mandos del Pentágono o del Departamento de Estado. Esta aeronave aterrizó a las 11:22 tras un itinerario que incluyó escalas en San Juan y el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires.
Capacidades técnicas y perfiles de misión
Fuentes locales han caracterizado al C-17 Globemaster III como una verdadera «oficina en el cielo». La aeronave no solo posee capacidad para transportar tropas y vehículos blindados de gran porte, como los tanques M1 Abrams, sino que cuenta con sistemas de comunicación encriptados de nivel gubernamental. Según la información disponible, la comitiva que arribó a la provincia austral está integrada por miembros de una Comisión Legislativa (CODEL) del Congreso de los Estados Unidos, cuyo interés se centra en el monitoreo de la influencia de competidores globales en el Atlántico Sur y la agenda de minerales críticos, como el litio.
La postura oficial de la Embajada
La representación diplomática estadounidense en Argentina, bajo la gestión de la encargada de negocios Heidi Gómez Rápalo, ha enmarcado estas visitas dentro de los programas de la Oficina Internacional contra el Narcotráfico y Aplicación de la Ley (INL). Los ejes centrales de la narrativa oficial se resumen en:
- Seguridad Hemisférica: Cooperación en la lucha contra el crimen organizado y fortalecimiento de la ciberseguridad.
- Logística Antártica: Posicionamiento de Ushuaia como la «puerta de entrada» principal al continente blanco para el apoyo científico internacional.
- Base Naval Integrada: Presentación del proyecto como un centro logístico de excelencia para el beneficio de Argentina y sus aliados estratégicos.
Conflicto de soberanía e intervención portuaria
El aterrizaje de la delegación norteamericana se produjo de forma simultánea a una decisión administrativa de alto impacto: la Resolución 4/2026 de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN). Mediante esta norma, el Gobierno Nacional decretó la intervención del puerto de Ushuaia por un período de 12 meses, desplazando a las autoridades provinciales bajo argumentos de «irregularidades financieras» y «riesgo operativo».
Esta medida ha provocado el rechazo inmediato del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, quien calificó el despliegue como una «entrega de soberanía» y una «injerencia externa». Desde la gobernación se sostiene que la intervención viola el Decreto 1931/92, el cual transfirió la administración del puerto a la provincia de manera gratuita. En la actualidad, la Prefectura Naval custodia los accesos, mientras la provincia inicia acciones legales para revertir la medida.
Avances en la Base Naval Integrada
El núcleo del interés estadounidense reside en el desarrollo de la Base Naval Integrada. Según datos actualizados al corriente mes, el astillero estatal Tandanor ya ha finalizado la platea de hormigón que albergará los galpones modulares del Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR). Se busca formalizar convenios para que ingenieros de la Armada de los EE. UU. colaboren en la planificación de muelles y edificios administrativos, con el fin de consolidar a Ushuaia como un Polo Logístico Antártico (PLA) que conecte directamente con las bases Petrel y Marambio.
Actor Político Postura Principal Gobierno Nacional Alineamiento estratégico con EE. UU. y desarrollo de la Base Naval. Embajada de EE. UU. Foco en cooperación técnica, seguridad y logística científica. Gobierno Provincial Denuncia de falta de autonomía y control externo del puerto. Analistas Geopolíticos Punto clave en la disputa por el Atlántico Sur y la Antártida.<p>El arribo de un Boeing C-17 Globemaster III y un Boeing C-40 Clipper de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos a Ushuaia, entre el 24 y 25 de enero de 2026, ha generado una fuerte controversia geopolítica. La visita de la comitiva legislativa estadounidense coincide con la intervención federal del puerto local y el avance de la Base Naval Integrada.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si usted pensaba que lo más emocionante que podía aterrizar en Ushuaia era un crucero lleno de jubilados alemanes buscando pingüinos, lamento informarle que la realidad geopolítica argentina acaba de darnos un cachetazo con olor a turbina de keroseno. Entre el 24 y el 25 de enero, el cielo del Fin del Mundo se vio interrumpido por la sutil presencia de un Boeing C-17 Globemaster III, un bicho tan grande que no solo trae congresistas y «oficinas voladoras», sino que probablemente tenga espacio para llevarse la Cordillera de los Andes si encuentran un enchufe de 220v compatible. Es oficial: pasamos de las relaciones carnales a convivir bajo el mismo techo, y el techo tiene radares encriptados.
Mientras la Embajada de Estados Unidos nos vende el paquete turístico de «cooperación científica y logística antártica» —que suena tan lindo como un folleto de tiempo compartido en las Bahamas—, el gobernador Melella está a un paso de declarar el estado de sitio o de pedir asilo político en una pingüinera. La llegada de esta «oficina en el cielo» no vino sola; trajo de regalo la intervención del puerto local vía Resolución 4/2026, una movida administrativa tan prolija que en Tierra del Fuego ya la apodan «la intervención por WhatsApp». Básicamente, el Gobierno Nacional decidió que el puerto de Ushuaia era demasiado importante para dejarlo en manos de gente que vive ahí, así que mejor lo gestionamos por control remoto desde Buenos Aires, con un ojo puesto en Washington y el otro en los minerales críticos que tanto desvelan a los amigos del norte.
La escena es digna de una serie de espionaje de bajo presupuesto: aviones militares que aparecen de la nada tras escalas misteriosas en San Juan, congresistas estadounidenses preocupados por el litio como si fuera el último iPhone, y una Base Naval Integrada que promete ser el «hub» logístico definitivo. Lo más tierno de toda esta situación es la insistencia en combatir el crimen organizado y fortalecer la ciberseguridad, justo cuando la comunicación oficial se maneja con la opacidad de un vidrio polarizado en un Falcon. Al final del día, parece que la soberanía nacional es como esa membresía de gimnasio a la que nunca vas: técnicamente la tenés, pero cuando aparecen los muchachos del Comando Sur con un Boeing C-17, te das cuenta de que no tenés los abdominales necesarios para discutir el contrato.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El arribo a la ciudad de Ushuaia de una aeronave del Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha generado un escenario de alta sensibilidad política y estratégica en el territorio de Tierra del Fuego. El evento, protagonizado por un Boeing C-17 Globemaster III —un avión de transporte militar pesado reconocido por su versatilidad para misiones de alta prioridad—, se produjo entre el 24 y el 25 de enero de 2026.
Previamente, se registró el movimiento de un Boeing C-40 Clipper, versión militar del Boeing 737-700, utilizada habitualmente por la USAF para el traslado de altos mandos del Pentágono o del Departamento de Estado. Esta aeronave aterrizó a las 11:22 tras un itinerario que incluyó escalas en San Juan y el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires.
Capacidades técnicas y perfiles de misión
Fuentes locales han caracterizado al C-17 Globemaster III como una verdadera «oficina en el cielo». La aeronave no solo posee capacidad para transportar tropas y vehículos blindados de gran porte, como los tanques M1 Abrams, sino que cuenta con sistemas de comunicación encriptados de nivel gubernamental. Según la información disponible, la comitiva que arribó a la provincia austral está integrada por miembros de una Comisión Legislativa (CODEL) del Congreso de los Estados Unidos, cuyo interés se centra en el monitoreo de la influencia de competidores globales en el Atlántico Sur y la agenda de minerales críticos, como el litio.
La postura oficial de la Embajada
La representación diplomática estadounidense en Argentina, bajo la gestión de la encargada de negocios Heidi Gómez Rápalo, ha enmarcado estas visitas dentro de los programas de la Oficina Internacional contra el Narcotráfico y Aplicación de la Ley (INL). Los ejes centrales de la narrativa oficial se resumen en:
- Seguridad Hemisférica: Cooperación en la lucha contra el crimen organizado y fortalecimiento de la ciberseguridad.
- Logística Antártica: Posicionamiento de Ushuaia como la «puerta de entrada» principal al continente blanco para el apoyo científico internacional.
- Base Naval Integrada: Presentación del proyecto como un centro logístico de excelencia para el beneficio de Argentina y sus aliados estratégicos.
Conflicto de soberanía e intervención portuaria
El aterrizaje de la delegación norteamericana se produjo de forma simultánea a una decisión administrativa de alto impacto: la Resolución 4/2026 de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN). Mediante esta norma, el Gobierno Nacional decretó la intervención del puerto de Ushuaia por un período de 12 meses, desplazando a las autoridades provinciales bajo argumentos de «irregularidades financieras» y «riesgo operativo».
Esta medida ha provocado el rechazo inmediato del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, quien calificó el despliegue como una «entrega de soberanía» y una «injerencia externa». Desde la gobernación se sostiene que la intervención viola el Decreto 1931/92, el cual transfirió la administración del puerto a la provincia de manera gratuita. En la actualidad, la Prefectura Naval custodia los accesos, mientras la provincia inicia acciones legales para revertir la medida.
Avances en la Base Naval Integrada
El núcleo del interés estadounidense reside en el desarrollo de la Base Naval Integrada. Según datos actualizados al corriente mes, el astillero estatal Tandanor ya ha finalizado la platea de hormigón que albergará los galpones modulares del Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR). Se busca formalizar convenios para que ingenieros de la Armada de los EE. UU. colaboren en la planificación de muelles y edificios administrativos, con el fin de consolidar a Ushuaia como un Polo Logístico Antártico (PLA) que conecte directamente con las bases Petrel y Marambio.
Actor Político Postura Principal Gobierno Nacional Alineamiento estratégico con EE. UU. y desarrollo de la Base Naval. Embajada de EE. UU. Foco en cooperación técnica, seguridad y logística científica. Gobierno Provincial Denuncia de falta de autonomía y control externo del puerto. Analistas Geopolíticos Punto clave en la disputa por el Atlántico Sur y la Antártida.Si usted pensaba que lo más emocionante que podía aterrizar en Ushuaia era un crucero lleno de jubilados alemanes buscando pingüinos, lamento informarle que la realidad geopolítica argentina acaba de darnos un cachetazo con olor a turbina de keroseno. Entre el 24 y el 25 de enero, el cielo del Fin del Mundo se vio interrumpido por la sutil presencia de un Boeing C-17 Globemaster III, un bicho tan grande que no solo trae congresistas y «oficinas voladoras», sino que probablemente tenga espacio para llevarse la Cordillera de los Andes si encuentran un enchufe de 220v compatible. Es oficial: pasamos de las relaciones carnales a convivir bajo el mismo techo, y el techo tiene radares encriptados.
Mientras la Embajada de Estados Unidos nos vende el paquete turístico de «cooperación científica y logística antártica» —que suena tan lindo como un folleto de tiempo compartido en las Bahamas—, el gobernador Melella está a un paso de declarar el estado de sitio o de pedir asilo político en una pingüinera. La llegada de esta «oficina en el cielo» no vino sola; trajo de regalo la intervención del puerto local vía Resolución 4/2026, una movida administrativa tan prolija que en Tierra del Fuego ya la apodan «la intervención por WhatsApp». Básicamente, el Gobierno Nacional decidió que el puerto de Ushuaia era demasiado importante para dejarlo en manos de gente que vive ahí, así que mejor lo gestionamos por control remoto desde Buenos Aires, con un ojo puesto en Washington y el otro en los minerales críticos que tanto desvelan a los amigos del norte.
La escena es digna de una serie de espionaje de bajo presupuesto: aviones militares que aparecen de la nada tras escalas misteriosas en San Juan, congresistas estadounidenses preocupados por el litio como si fuera el último iPhone, y una Base Naval Integrada que promete ser el «hub» logístico definitivo. Lo más tierno de toda esta situación es la insistencia en combatir el crimen organizado y fortalecer la ciberseguridad, justo cuando la comunicación oficial se maneja con la opacidad de un vidrio polarizado en un Falcon. Al final del día, parece que la soberanía nacional es como esa membresía de gimnasio a la que nunca vas: técnicamente la tenés, pero cuando aparecen los muchachos del Comando Sur con un Boeing C-17, te das cuenta de que no tenés los abdominales necesarios para discutir el contrato.