El escenario para la vitivinicultura nacional al inicio de este 2026 se presenta sumamente complejo, con indicadores que reflejan una retracción tanto en el mercado doméstico como en el internacional. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la comercialización acumulada de vinos entre enero y noviembre registró una caída interanual del 3,7%. Este retroceso fue especialmente marcado en los vinos blancos, que sufrieron un ajuste del 9,9%, mientras que los tintos mostraron una mayor resistencia con una baja del 1,4%.
Exportaciones y disparidad de segmentos
El frente externo no ofrece un panorama más alentador. Las exportaciones totales de vino cerraron el ciclo 2025 con una contracción del 6,8% en volumen respecto al año anterior. La caída fue traccionada principalmente por los vinos color (-8,9%), aunque el segmento de blancos logró un crecimiento del 4,5% que evitó un desplome mayor. Un dato relevante surge del análisis del vino a granel: mientras las exportaciones globales de este rubro cayeron un 13,6%, los blancos a granel crecieron con fuerza un 22,1%, señalando un cambio estratégico en el mix exportador para intentar sostener los volúmenes.
La crisis de rentabilidad del productor
La debilidad de la demanda ha congelado los precios pagados al productor, quienes denuncian que los valores en el mercado de traslado llevan casi dos años sin variaciones nominales, a pesar del contexto inflacionario. Actualmente, el litro de vino blanco genérico se negocia entre 280 y 300 pesos, mientras que el tinto se ubica entre los 370 y 400 pesos. En la última cosecha, las uvas criollas se pagaron entre 180 y 200 pesos por quintal, valores que la industria estima podrían repetirse en la presente temporada.
De acuerdo con el Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA), existe una brecha insalvable entre los rendimientos necesarios para alcanzar el punto de equilibrio y la realidad del campo. Mientras se requieren rendimientos de hasta 300 quintales por hectárea para que el negocio sea viable a los precios actuales, los promedios reales son drásticamente menores: 140 quintales para la criolla, 105 para el Bonarda y apenas 85 para el Malbec. Esta situación ha disparado debates sobre la necesidad de achicar unidades productivas o erradicar viñedos ineficientes.
Proyecciones para la Vendimia 2026
En cuanto a la próxima cosecha, los primeros relevamientos técnicos en la provincia de Mendoza indican una merma en la producción de entre el 7% y el 8% respecto al año anterior. Hicimos el primer pronóstico, que ahora se ajusta a fin de mes y después vuelve a corregirse alrededor del 20 o 25 de enero, explicó el presidente de Acovi. Las estimaciones se basan en mediciones objetivas realizadas en 191 parcelas distribuidas en toda la provincia, confirmando un diagnóstico de menor oferta para el presente año.
Tensiones financieras en grandes bodegas
La crisis de rentabilidad y la caída de ventas han impactado en el corazón financiero de empresas históricas. Bodegas Norton se encuentra bajo concurso preventivo de acreedores con una deuda que supera los 40 millones de dólares. Por su parte, Bodegas Bianchi atraviesa una situación de estrés financiero, registrando 75 cheques rechazados por más de 900 millones de pesos, según datos del Banco Central (BCRA). La firma ha iniciado un proceso de renegociación con sus proveedores para normalizar sus pagos.
En contrapartida, Bodega Atamisque muestra signos de saneamiento tras la entrada de un nuevo accionista (la distribuidora Ñuque Mapu, que controla el 80% de la firma). La empresa ya ha regularizado más del 60% de sus cheques rechazados y ha cancelado el 80% de sus deudas comerciales preexistentes, estableciendo nuevos esquemas para asegurar la continuidad de sus operaciones.
<p>La industria vitivinícola argentina atraviesa una profunda crisis estructural marcada por una caída del 3,7% en el consumo interno y del 6,8% en las exportaciones durante 2025. Con precios al productor estancados desde hace dos años y una merma productiva del 8% proyectada para 2026 en Mendoza, bodegas emblemáticas como Norton y Bianchi enfrentan serias dificultades financieras y procesos de reestructuración de deuda.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la economía argentina, ese fascinante ecosistema donde producir una botella de vino es más complejo que explicar la trama de Inception y donde, aparentemente, es más rentable vender agua de la canilla que un Malbec premiado. Los datos del INV son tan alegres como un velorio en ayunas: el consumo interno se desplomó un 3,7% porque, al parecer, el consumidor promedio ha decidido que la hidratación es un lujo opcional o que el agua mineral tiene un bouquet más acorde a su bolsillo devaluado. Mientras tanto, las exportaciones cayeron un 6,8%, confirmando que el mundo nos quiere mucho por el fútbol, pero a la hora de pagar el flete por un vino color, prefieren quedarse con la duda. La única buena noticia es para los blancos, que crecieron un 22% a granel, probablemente porque son más fáciles de camuflar como desinfectante en las aduanas internacionales.
Lo más tierno de este panorama es la lógica de los precios al productor. Mientras la inflación galopa como un pura sangre, los valores del vino de traslado llevan dos años clavados en el mismo lugar, como si estuvieran en penitencia. Al productor le pagan 300 pesos por litro, una cifra que hoy no alcanza ni para comprarse un alfajor de gama media. Para que las cuentas cierren, la industria le exige al viñatero que logre rendimientos de 300 quintales por hectárea, una proeza física que solo sería posible si las vides fueran regadas con esteroides y bendecidas personalmente por el Papa. Según el Observatorio Vitivinícola Argentino, los rendimientos reales son menos de la mitad, lo que significa que el productor está perdiendo una batalla contra la eficiencia donde el enemigo tiene artillería pesada y él tiene una gomera oxidada.
Y como si el drama del campo no fuera suficiente, el sector corporativo decidió sumarse al festival del pánico. Bodegas Norton se presentó en concurso preventivo con una deuda de 40 millones de dólares, una cifra que marea más que tres litros de vino de mesa al sol. Por otro lado, Bodegas Bianchi está coleccionando cheques rechazados como si fueran figuritas del mundial, con un total que supera los 900 millones de pesos. La empresa habla de una «coyuntura excepcional de mercado», que es la forma elegante y corporativa de decir que la cadena de pagos está más rota que el corazón de un hincha después de una final perdida. En Mendoza ya se preparan para la vendimia 2026 con un 8% menos de uva, demostrando que hasta la naturaleza se dio cuenta de que, en este contexto, lo mejor es producir poco para no sufrir tanto.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El escenario para la vitivinicultura nacional al inicio de este 2026 se presenta sumamente complejo, con indicadores que reflejan una retracción tanto en el mercado doméstico como en el internacional. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la comercialización acumulada de vinos entre enero y noviembre registró una caída interanual del 3,7%. Este retroceso fue especialmente marcado en los vinos blancos, que sufrieron un ajuste del 9,9%, mientras que los tintos mostraron una mayor resistencia con una baja del 1,4%.
Exportaciones y disparidad de segmentos
El frente externo no ofrece un panorama más alentador. Las exportaciones totales de vino cerraron el ciclo 2025 con una contracción del 6,8% en volumen respecto al año anterior. La caída fue traccionada principalmente por los vinos color (-8,9%), aunque el segmento de blancos logró un crecimiento del 4,5% que evitó un desplome mayor. Un dato relevante surge del análisis del vino a granel: mientras las exportaciones globales de este rubro cayeron un 13,6%, los blancos a granel crecieron con fuerza un 22,1%, señalando un cambio estratégico en el mix exportador para intentar sostener los volúmenes.
La crisis de rentabilidad del productor
La debilidad de la demanda ha congelado los precios pagados al productor, quienes denuncian que los valores en el mercado de traslado llevan casi dos años sin variaciones nominales, a pesar del contexto inflacionario. Actualmente, el litro de vino blanco genérico se negocia entre 280 y 300 pesos, mientras que el tinto se ubica entre los 370 y 400 pesos. En la última cosecha, las uvas criollas se pagaron entre 180 y 200 pesos por quintal, valores que la industria estima podrían repetirse en la presente temporada.
De acuerdo con el Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA), existe una brecha insalvable entre los rendimientos necesarios para alcanzar el punto de equilibrio y la realidad del campo. Mientras se requieren rendimientos de hasta 300 quintales por hectárea para que el negocio sea viable a los precios actuales, los promedios reales son drásticamente menores: 140 quintales para la criolla, 105 para el Bonarda y apenas 85 para el Malbec. Esta situación ha disparado debates sobre la necesidad de achicar unidades productivas o erradicar viñedos ineficientes.
Proyecciones para la Vendimia 2026
En cuanto a la próxima cosecha, los primeros relevamientos técnicos en la provincia de Mendoza indican una merma en la producción de entre el 7% y el 8% respecto al año anterior. Hicimos el primer pronóstico, que ahora se ajusta a fin de mes y después vuelve a corregirse alrededor del 20 o 25 de enero, explicó el presidente de Acovi. Las estimaciones se basan en mediciones objetivas realizadas en 191 parcelas distribuidas en toda la provincia, confirmando un diagnóstico de menor oferta para el presente año.
Tensiones financieras en grandes bodegas
La crisis de rentabilidad y la caída de ventas han impactado en el corazón financiero de empresas históricas. Bodegas Norton se encuentra bajo concurso preventivo de acreedores con una deuda que supera los 40 millones de dólares. Por su parte, Bodegas Bianchi atraviesa una situación de estrés financiero, registrando 75 cheques rechazados por más de 900 millones de pesos, según datos del Banco Central (BCRA). La firma ha iniciado un proceso de renegociación con sus proveedores para normalizar sus pagos.
En contrapartida, Bodega Atamisque muestra signos de saneamiento tras la entrada de un nuevo accionista (la distribuidora Ñuque Mapu, que controla el 80% de la firma). La empresa ya ha regularizado más del 60% de sus cheques rechazados y ha cancelado el 80% de sus deudas comerciales preexistentes, estableciendo nuevos esquemas para asegurar la continuidad de sus operaciones.
Bienvenidos a la economía argentina, ese fascinante ecosistema donde producir una botella de vino es más complejo que explicar la trama de Inception y donde, aparentemente, es más rentable vender agua de la canilla que un Malbec premiado. Los datos del INV son tan alegres como un velorio en ayunas: el consumo interno se desplomó un 3,7% porque, al parecer, el consumidor promedio ha decidido que la hidratación es un lujo opcional o que el agua mineral tiene un bouquet más acorde a su bolsillo devaluado. Mientras tanto, las exportaciones cayeron un 6,8%, confirmando que el mundo nos quiere mucho por el fútbol, pero a la hora de pagar el flete por un vino color, prefieren quedarse con la duda. La única buena noticia es para los blancos, que crecieron un 22% a granel, probablemente porque son más fáciles de camuflar como desinfectante en las aduanas internacionales.
Lo más tierno de este panorama es la lógica de los precios al productor. Mientras la inflación galopa como un pura sangre, los valores del vino de traslado llevan dos años clavados en el mismo lugar, como si estuvieran en penitencia. Al productor le pagan 300 pesos por litro, una cifra que hoy no alcanza ni para comprarse un alfajor de gama media. Para que las cuentas cierren, la industria le exige al viñatero que logre rendimientos de 300 quintales por hectárea, una proeza física que solo sería posible si las vides fueran regadas con esteroides y bendecidas personalmente por el Papa. Según el Observatorio Vitivinícola Argentino, los rendimientos reales son menos de la mitad, lo que significa que el productor está perdiendo una batalla contra la eficiencia donde el enemigo tiene artillería pesada y él tiene una gomera oxidada.
Y como si el drama del campo no fuera suficiente, el sector corporativo decidió sumarse al festival del pánico. Bodegas Norton se presentó en concurso preventivo con una deuda de 40 millones de dólares, una cifra que marea más que tres litros de vino de mesa al sol. Por otro lado, Bodegas Bianchi está coleccionando cheques rechazados como si fueran figuritas del mundial, con un total que supera los 900 millones de pesos. La empresa habla de una «coyuntura excepcional de mercado», que es la forma elegante y corporativa de decir que la cadena de pagos está más rota que el corazón de un hincha después de una final perdida. En Mendoza ya se preparan para la vendimia 2026 con un 8% menos de uva, demostrando que hasta la naturaleza se dio cuenta de que, en este contexto, lo mejor es producir poco para no sufrir tanto.