Viernes 13: el origen masónico de la fecha, los Caballeros Templarios, el secreto de Adrián Otero

Redacción Cuyo News
7 min

El calendario marca este viernes 13 de febrero, una fecha que para el imaginario colectivo está ligada a la superstición, pero que para las sociedades iniciáticas encierra una carga histórica profunda. El origen del mito se remonta al viernes 13 de octubre de 1307, cuando el rey Felipe IV de Francia, con el aval del Papa Clemente V, ordenó la captura y posterior ejecución de los Caballeros Templarios, marcando el fin de la orden militar más poderosa de la cristiandad.

La herencia templaria en la Masonería

Aunque la Masonería moderna se formalizó en 1717, muchas de sus tradiciones (especialmente en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado) reivindican una herencia simbólica de la Orden del Temple. Por esta razón, el Viernes 13 no es interpretado por los masones como un día de «mala suerte», sino como un recordatorio de la persecución histórica contra la libre determinación y el conocimiento.

En este marco, la historia argentina guarda un capítulo poco difundido: la pertenencia de Adrián Otero, la voz icónica de Memphis La Blusera, a la Masonería nacional. Otero no fue un miembro circunstancial; alcanzó el grado de Maestro Masón, el tercer nivel del simbolismo que representa la madurez intelectual y espiritual de sus integrantes.

Adrián Otero: Discreción y compromiso

El músico pertenecía a la Logia Renovación Universal Nº 365. Fiel a la tradición de discreción masónica, Otero nunca utilizó su exposición mediática para promocionar su vínculo con la Orden. Su objetivo era preservar su carrera artística de juicios ideológicos, permitiendo que su música fuera valorada por sí misma. Tras su fallecimiento en un accidente automovilístico en 2012, la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones emitió un comunicado excepcional para despedirlo como un «hermano ilustre».

La Masonería se define no como una sociedad secreta, sino discreta. Existe una «regla de oro» que permite a un masón revelar su propia pertenencia, pero le prohíbe terminantemente revelar la de otros «hermanos». Otero eligió el silencio para que su labor en la filantropía y el estudio personal habitara en el mismo espacio que su faceta de estrella de rock, uniendo el blues visceral con la reflexión ritualista. Su legado hoy se lee en dos claves: la del artista que marcó el rock porteño y la del hombre dedicado al perfeccionamiento personal bajo los valores de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Compartir
🔺 Tendencia