Vuelos de la Muerte: La metodología de exterminio de la dictadura

Redacción Cuyo News
8 min

Uno de los capítulos más oscuros y sistemáticos del terrorismo de Estado en la Argentina fue la implementación de los denominados «Vuelos de la Muerte». Esta metodología de exterminio, diseñada para eliminar de manera definitiva el rastro físico de los detenidos-desaparecidos, consistió en el lanzamiento de prisioneros vivos y sedados a las aguas del Mar Argentino o el Río de la Plata desde aeronaves de las Fuerzas Armadas y de seguridad.

La logística del horror: Sedación y «traslado»

El procedimiento operativo seguía un protocolo estrictamente planificado para evitar la resistencia de las víctimas y garantizar la impunidad de los perpetradores. A los detenidos en centros clandestinos como la ESMA o Campo de Mayo se les notificaba un falso «traslado» a establecimientos penitenciarios del sur o granjas de trabajo. Antes de abordar los camiones, bajo el pretexto de una inmunización sanitaria, se les inyectaba Pentothal (denominado «Pentonaval» en la jerga de la Armada), un potente anestésico que los sumía en una somnolencia profunda.

Una vez en las bases aéreas, los prisioneros eran cargados en aviones como los Skyvan PA-51 de la Prefectura Naval, o los Hércules y Electra de la Armada. Ya en vuelo sobre mar abierto o el estuario rioplatense, los cuerpos eran desvestidos y arrojados al vacío. La premisa del alto mando era que la profundidad y las corrientes marítimas impedirían para siempre el hallazgo de los restos, consolidando la figura jurídica del desaparecido como un «ausente» sin cuerpo del delito.

El quiebre del pacto de silencio

En 1995, la sociedad argentina se vio conmocionada por las declaraciones del ex capitán de corbeta Adolfo Scilingo. En una serie de entrevistas con el periodista Horacio Verbitsky, Scilingo admitió su participación directa en dos vuelos de exterminio. Eran seres humanos, pero para nosotros no lo eran. Eran enemigos de la patria, afirmó el ex marino, detallando la frialdad con la que se despachaban las cargas humanas. Esta confesión destruyó la versión oficial que durante años había calificado a estos operativos como una «leyenda negra» de la militancia de derechos humanos.

Hallazgos y condenas judiciales

A pesar del esfuerzo por borrar evidencias, el azar y el trabajo científico permitieron reconstruir la verdad. A finales de la década del 70, el mar devolvió varios cuerpos a las costas de Santa Teresita y Villa Gesell. Aunque fueron enterrados inicialmente como «NN», el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar años más tarde que aquellos restos pertenecían a las Madres de Plaza de Mayo secuestradas en la Iglesia de la Santa Cruz (entre ellas Azucena Villaflor) y a las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon.

En el plano judicial, la Megacausa ESMA de 2017 marcó un hito histórico al dictar sentencias de cadena perpetua para pilotos y marinos vinculados a esta metodología. Como prueba material irrebatible, en 2023 fue repatriado desde Estados Unidos el avión Skyvan PA-51, identificado a través de sus planillas de vuelo como la aeronave utilizada para el asesinato de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. El aparato se exhibe actualmente en el predio de la ex ESMA como un testimonio físico del horror institucionalizado.

Contexto mediático y distracciones

Es pertinente señalar que, durante los años de la dictadura, la prensa oficialista y ciertos medios masivos solían dar relevancia a noticias sobre fenómenos OVNIs o «platos voladores». Investigaciones posteriores sugieren que estas crónicas, carentes de sustento científico o registro serio, operaban frecuentemente como distractores mediáticos para desviar la atención pública de la realidad política y las denuncias sobre desapariciones que ya comenzaban a circular internacionalmente.

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