El abuelo del ciclismo en San Juan: 80 años de vida y pasión sobre dos ruedas

Redacción Cuyo News
4 min

En el preámbulo de la Vuelta a San Juan Inclusiva Competitiva, enmarcada en la antesala de la Vuelta a San Juan 2026, una narrativa de sencillez y profunda humanidad capturó la atención del ambiente deportivo. No fue un triunfo solitario ni una ovación en el podio lo que conmovió, sino la inestimable presencia de Nereo Demetrio Zárate, a quien pocos conocen como Américo, pero cuyo nombre resuena en el universo ciclístico como «el abuelo del ciclismo».

Un emblema sobre ruedas

A sus ocho décadas de vida, Nereo se integró a la prueba participativa de la Vuelta a San Juan Inclusiva, inscribiendo su nombre y su trayectoria en una edición que, una vez más, validó que el deporte es un ámbito donde la edad cede ante la fuerza de la pasión. Desde los diez años, la bicicleta ha sido su aliada incondicional. Setenta años de pedaleo ininterrumpido forjaron un camino de experiencias, emociones y recuerdos que hoy lo erigen como una figura entrañable y respetada en el ciclismo sanjuanino.

Para Nereo, la bicicleta trasciende el rol de mero medio de transporte: constituye su filosofía de vida. Se desplaza sobre dos ruedas con una constancia admirable, sin recurrir a excusas ni buscar facilidades. Prueba de ello fue su reciente travesía desde Santa Lucía hasta Pedernal, completada a pedal, con el único fin de ser testigo presencial de la quinta etapa de la Vuelta. Una demostración de templanza que desafía distancias, fatiga y las inclemencias climáticas, pues cuando el llamado del ciclismo se produce, Nereo responde sin dudar.

La pasión que no entiende de calendarios

Dentro del círculo ciclístico, el «abuelo del ciclismo» es sinónimo de consideración y afecto. Él mismo subraya de manera constante el trato deferente y la enorme predisposición con que lo reciben en cada justa, en cada meta, en cada punto del trayecto. Se siente parte integral de esta gran familia, cuidado y en su propio hogar. Para quien ha dedicado toda una existencia a esta disciplina, ese reconocimiento posee un valor que supera cualquier galardón.

El motor silencioso detrás del pedaleo

En su relato, un espacio de honor está reservado para su compañera de ruta en la vida: su mujer. La nombra con una mezcla de amor y gratitud, destacando su rol fundamental al cuidarlo, acompañarlo y, sobre todo, prepararle meticulosamente su comida, siempre rica en proteínas, cada vez que emprende una nueva aventura para seguir las competencias por la geografía provincial. Un respaldo discreto, pero de magnitud incalculable, que le permite a Nereo continuar cultivando lo que más ama.

Nereo se define a sí mismo como un «espectador de lujo», una persona privilegiada que vive el ciclismo desde su esencia, con la misma emoción de aquel primer día. Y quizá en esa autodefinición resida la esencia de su historia: en la inalterable pasión, en la elección perpetua de la bicicleta como forma de existencia y en la elocuente prueba de que la victoria más significativa reside en jamás abandonar el camino.

A los 80 años, el «abuelo del ciclismo» sigue girando las bielas. Y con cada pedalada, nos regala una enseñanza conmovedora: cuando el amor por el deporte es genuino, no hay barrera de edad, distancia o clima que logre doblegarlo.

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