Matías Tissera, delantero de Huracán, está preso en Córdoba acusado de tentativa de extorsión. Su abogado afirma que solo buscaba recuperar la plata de una casa prefabricada que nunca le entregaron. Tissera declaró y reconoció que mandó gente a “hablar” con el empresario pero que no fue la mejor idea.
¿Tissera, extorsionador o víctima de una avivada? El Globo en vilo.
El mundo Huracán está patas para arriba. Matías Tissera, el goleador que nos hacía soñar con la Sudamericana, está en cana en Bouwer, Córdoba. ¿El motivo? Una denuncia por «tentativa de extorsión» que lo agarró desprevenido camino a Brasil para jugar contra el Corinthians. Adolfo Allende, el abogado defensor, habló con y tiró toda la posta. Para el que no lo recuerda, el laburo de Allende con Tissera me hace acordar al trabajo sucio que hacía el Bambino Veira en cancha.
Según Allende, la fiscalía se mandó una gambeta polémica al detener a Tissera sin citarlo previamente. «Nos pusimos a disposición en febrero, Matías dio todos sus datos… ¿Para qué la detención?», se pregunta el letrado, dejando picando la pelota en el área chica de la justicia cordobesa. La fiscal, por su parte, argumentó riesgo de fuga por la guita que maneja el jugador. «Un argumento berreta», diría Mostaza Merlo. «Tissera no se va a ningún lado, tiene familia, laburo y todos sus bienes acá», retrucó Allende.
La casita de la discordia: ¿Un sueño o una pesadilla?
Todo este quilombo arrancó con una casa prefabricada. Sí, leyeron bien. Parece joda, pero no lo es. En octubre de 2023, Tissera le encargó a la empresa Ferrara una casa para la hermana de su esposa. Un gesto noble, como el de Palermo metiendo ese gol a Grecia en el Mundial 2010. Pero la alegría duró poco: Ferrara cobró 10 mil dólares y nunca empezó la obra.
«Tissera gastó en acondicionar el terreno, pero la casa brillaba por su ausencia. Para colmo, la empresa quebró», detalló Allende. Y como si fuera poco, cuando Tissera logró contactarlos, le pidieron 13 mil dólares más para retomar la obra. «Una avivada digna del Beto Alonso gambeteando a Fillol», diría cualquier futbolero nostálgico. Tissera, con la paciencia de un Riquelme pateando un penal, intentó negociar, pero lo dejaron colgado del teléfono. Hasta mandó foto del hijo, muchachos… «La casa es para él», imploraba. Pero nada.
Desesperado, Tissera -desde Bulgaria, donde jugaba en ese momento- le pidió a unos amigos que fueran a las oficinas de Ferrara a reclamar. «Fueron de mal modo, sí, pero sin violencia», aclaró Allende, desmintiendo las versiones de amenazas con siete matones y un teléfono. Un acting digno de teatro, diría Ruggeri.
Tissera declaró: “Me mandé una cagada”
El martes, Tissera declaró. Admitió que mandó a sus amigos a «hablar» con Ferrara y reconoció que la pifió feo. «No fue la mejor idea», declaró, con la sinceridad de un Maradona en conferencia de prensa. Quería recuperar su plata, eso es todo. Ahora, además de no tener la casa ni la guita, está en cana y con una doble demanda: penal y civil. Un combo letal, como la dupla Batistuta-Caniggia.
Allende confía en que la causa se recaratule como «coacción», un delito excarcelable. «Tissera no tiene antecedentes. Es un pibe laburador, como el Burrito Ortega», afirmó el abogado. ¿Podrá el Globo recuperar a su goleador? El tiempo, como siempre, dirá. Mientras tanto, en Huracán, la incertidumbre es más grande que el estadio Monumental.