
La trigésima segunda edición del tradicional Mundialito de Trinidad bajó el telón el pasado sábado 10 de enero, en una emotiva jornada de cierre y premiación celebrada en el imponente Estadio San Juan del Bicentenario. Miles de aficionados, compuestos por niños y sus familias, colmaron las tribunas para presenciar las vibrantes finales de la Copa de Oro, culminando una competencia que se vivió con una atmósfera de intensa emoción y alegría futbolística.
Un espacio de formación integral
Organizado anualmente por el Club Atlético Trinidad, este certamen logró congregar a miles de jóvenes deportistas de diversas categorías, consolidándose como una plataforma fundamental para el fomento del desarrollo deportivo desde la niñez. El Mundialito es reconocido por su papel crucial en la formación de valores y la promoción de la integración social, siendo un pilar fundamental en la identificación y cultivo de talentos para el fútbol sanjuanino.
Presencias oficiales y el valor de una política deportiva
El acto de clausura contó con la distinguida presencia de autoridades provinciales y relevantes figuras del ámbito deportivo. Entre ellos, se encontraban Martín Riveros, presidente del club anfitrión y actual Director de Alto Rendimiento de la Secretaría de Deporte, junto a Eduardo Cerimedo, Subsecretario de Alto Rendimiento, y Mauricio Lara, Subsecretario de Deporte Social. Los funcionarios enfatizaron la trascendencia del Mundialito de Trinidad como una política deportiva de sostenimiento prolongado, subrayando su eficacia en la promoción del deporte infantil y el fortalecimiento de la infraestructura y el trabajo de los clubes locales.
De esta manera, el Mundialito de Trinidad concluyó otra edición que quedará grabada en su historia, reafirmando su posición como uno de los torneos infantiles más emblemáticos no solo de San Juan, sino también del panorama nacional, dejando una marca indeleble en la experiencia de cada joven participante.
La trigésima segunda edición del Mundialito de Trinidad culminó el pasado sábado 10 de enero, engalanando el Estadio San Juan del Bicentenario con su acto de cierre y premiación. El evento, que congregó a miles de niños y familias en las finales de la Copa de Oro, reafirmó su rol como un bastión esencial para el fomento deportivo, la transmisión de valores y la integración social en la provincia. Autoridades provinciales y dirigentes del Club Atlético Trinidad, organizador del certamen, destacaron la relevancia de esta iniciativa como una política deportiva sostenida, vital para el desarrollo del fútbol infantil y el fortalecimiento de las instituciones locales.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Se vieron finales, cómo no, de la Copa de Oro, con «miles de niños y familias» que, milagrosamente, encontraron un motivo de alegría lejos de las pantallas. Las autoridades, con Martín Riveros (presidente del club y, vaya casualidad, Director de Alto Rendimiento) a la cabeza, no dudaron en calificarlo de «política deportiva sostenida». Porque claro, ¿qué mejor política que juntar chicos a correr tras una pelota, mientras se forjan «valores» y se evita que descubran ciertas realidades?
El certamen, aseguran, dejó una «huella imborrable». Aunque, con la velocidad de la vida moderna, quizás esa huella sea tan duradera como la memoria de un gol en contra en fase de grupos. San Juan vuelve a soñar con su «semillero», esperando que algún día florezca algo más que solo promesas.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial

La trigésima segunda edición del tradicional Mundialito de Trinidad bajó el telón el pasado sábado 10 de enero, en una emotiva jornada de cierre y premiación celebrada en el imponente Estadio San Juan del Bicentenario. Miles de aficionados, compuestos por niños y sus familias, colmaron las tribunas para presenciar las vibrantes finales de la Copa de Oro, culminando una competencia que se vivió con una atmósfera de intensa emoción y alegría futbolística.
Un espacio de formación integral
Organizado anualmente por el Club Atlético Trinidad, este certamen logró congregar a miles de jóvenes deportistas de diversas categorías, consolidándose como una plataforma fundamental para el fomento del desarrollo deportivo desde la niñez. El Mundialito es reconocido por su papel crucial en la formación de valores y la promoción de la integración social, siendo un pilar fundamental en la identificación y cultivo de talentos para el fútbol sanjuanino.
Presencias oficiales y el valor de una política deportiva
El acto de clausura contó con la distinguida presencia de autoridades provinciales y relevantes figuras del ámbito deportivo. Entre ellos, se encontraban Martín Riveros, presidente del club anfitrión y actual Director de Alto Rendimiento de la Secretaría de Deporte, junto a Eduardo Cerimedo, Subsecretario de Alto Rendimiento, y Mauricio Lara, Subsecretario de Deporte Social. Los funcionarios enfatizaron la trascendencia del Mundialito de Trinidad como una política deportiva de sostenimiento prolongado, subrayando su eficacia en la promoción del deporte infantil y el fortalecimiento de la infraestructura y el trabajo de los clubes locales.
De esta manera, el Mundialito de Trinidad concluyó otra edición que quedará grabada en su historia, reafirmando su posición como uno de los torneos infantiles más emblemáticos no solo de San Juan, sino también del panorama nacional, dejando una marca indeleble en la experiencia de cada joven participante.
Se vieron finales, cómo no, de la Copa de Oro, con «miles de niños y familias» que, milagrosamente, encontraron un motivo de alegría lejos de las pantallas. Las autoridades, con Martín Riveros (presidente del club y, vaya casualidad, Director de Alto Rendimiento) a la cabeza, no dudaron en calificarlo de «política deportiva sostenida». Porque claro, ¿qué mejor política que juntar chicos a correr tras una pelota, mientras se forjan «valores» y se evita que descubran ciertas realidades?
El certamen, aseguran, dejó una «huella imborrable». Aunque, con la velocidad de la vida moderna, quizás esa huella sea tan duradera como la memoria de un gol en contra en fase de grupos. San Juan vuelve a soñar con su «semillero», esperando que algún día florezca algo más que solo promesas.