La caída pronunciada que ha evidenciado el consumo en el último período, combinada con una suba acelerada de los costos operativos y las turbulencias a nivel internacional, continúa afectando de manera directa la continuidad de las empresas multinacionales en la Argentina. Esta tendencia representa una prolongación de lo ocurrido durante 2025, año en que firmas de la envergadura de Whirlpool, Nutrien, HSBC, ExxonMobil, Procter & Gamble y Mercedes acotaron sus unidades de negocios o abandonaron definitivamente el territorio nacional.
En este inicio de 2026, la situación se ha vuelto a tensar tras la decisión de Coinbase, el mayor exchange de criptomonedas de los Estados Unidos, de suspender sus operaciones clave a tan solo un año de su desembarco. A este escenario se suman los recortes masivos aplicados por la petroquímica estadounidense Sealed Air, confirmando que el contexto macroeconómico sigue presentando desafíos insalvables para los capitales transnacionales.
El retroceso del ecosistema cripto y petroquímico
En el caso de Coinbase, la plataforma comunicó formalmente a sus usuarios locales que dejará de ofrecer servicios vinculados al peso argentino. La restricción, que entrará en vigencia el 31 de enero, impedirá la compra y venta de la stablecoin USDC utilizando moneda local. Un vocero de la compañía explicó que la decisión responde a una revisión interna: «Hemos notificado a los usuarios en Argentina que, tras una revisión de nuestras operaciones locales, dimos un paso atrás de manera temporal en el mantenimiento de los servicios locales».
Por otro lado, la situación en el sector industrial es igualmente crítica. La firma Sealed Air remitió 65 telegramas de despidos a los empleados de su planta ubicada en Quilmes, provincia de Buenos Aires. Actualmente, las instalaciones permanecen paralizadas mientras los operarios realizan protestas en los accesos. Según Alfredo Piscopo, delegado de la firma, la empresa justifica la medida como una reestructuración solicitada desde sus sedes en Brasil, México y Estados Unidos, a pesar de que hasta hace pocos meses los niveles de demanda exigían la realización de horas extras.
Desinversión en sectores clave: agro e industria
El éxodo de capitales también ha golpeado al sector de insumos agropecuarios. Recientemente se concretó la venta de la participación de la canadiense Nutrien en Profertil, la mayor productora de fertilizantes del país. La operación se cerró por un monto de 600 millones de dólares, y los activos fueron adquiridos por Adecoagro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).
Este movimiento se produjo casi en simultáneo con el cierre de la planta de producción de lavarropas que Whirlpool operaba en Pilar. Dicha unidad productiva, inaugurada hace solo tres años, cesó su actividad y provocó el despido de 220 personas. Desde la compañía señalaron que intentaron implementar un modelo más competitivo, pero el freno en el consumo y el crecimiento de las importaciones tornaron inviable el proyecto, que funcionaba a solo el 50% de su capacidad instalada.
Factores estructurales del éxodo
A pesar del discurso favorable a la inversión privada que sostiene la gestión actual, la salida de compañías internacionales se ha acelerado debido a una combinación de factores internos y externos. Las empresas basan sus decisiones en las dificultades para ampliar sus negocios en un contexto de tensión política constante, complicaciones financieras y una retracción histórica del mercado interno.
Gigantes como ExxonMobil y Procter & Gamble han reorientado sus estrategias globales, encontrando en la Argentina un horizonte de recuperación incierto en el corto y mediano plazo. Esta falta de previsibilidad, sumada a los altos costos de producción, termina por desalentar la permanencia de firmas que no logran vislumbrar un escenario de estabilidad para sus operaciones en la región.
<p>La persistente retracción del consumo interno, sumada al incremento de los costos operativos y la inestabilidad global, ha profundizado la salida de empresas multinacionales de la Argentina en el inicio de 2026. Casos recientes como el cese de operaciones en pesos de Coinbase y los despidos en la petroquímica Sealed Air se suman a las retiradas de Whirlpool y Nutrien, evidenciando las dificultades estructurales del mercado local.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos al 2026, el año en que la «lluvia de inversiones» finalmente llegó, pero en forma de granizo del tamaño de un lavarropas Whirlpool —de esos que ya no se fabrican en Pilar— y con la misma fuerza destructiva. La tendencia de las multinacionales de abandonar el país se ha vuelto tan rítmica que, en lugar de un índice de confianza empresarial, deberíamos empezar a usar un cronómetro de mudanza. El caso de Coinbase es una verdadera joya del minimalismo corporativo: llegaron con bombos, platillos y promesas de revolución cripto, pero duraron menos que un billete de mil pesos en el bolsillo de un adolescente. Un año les bastó para mirar los gráficos de consumo, revisar el saldo en pesos argentinos y decidir que es más rentable invertir en una granja de caracoles en el Sahara que seguir lidiando con nuestra vibrante y siempre creativa volatilidad financiera. Dicen que se retiran «temporalmente» para «evaluar la experiencia», un eufemismo que en el lenguaje de Silicon Valley significa: «Corran por sus vidas que el último apague el servidor».
Mientras tanto, en la planta de Sealed Air en Quilmes, la «reestructuración» ha llegado en forma de 65 telegramas de despido, demostrando que la empresa es tan global que sus decisiones se toman en un Zoom entre Brasil, México y Estados Unidos, mientras los operarios locales se quedan mirando la puerta cerrada. Es fascinante el concepto de «modelo ágil y competitivo» que esgrimen las corporaciones; parece que la agilidad consiste principalmente en la velocidad con la que pueden embalar la maquinaria y mandarla a una jurisdicción donde el consumo no tenga la trayectoria de una piedra cayendo desde el Aconcagua. Ya ni los lavarropas quieren quedarse: la planta de Whirlpool en Pilar, que iba a inundar el mercado con 300.000 unidades, terminó produciendo la mitad y cerrando sus puertas porque, al parecer, los argentinos hemos decidido que la ropa sucia se lava en casa, o mejor aún, no se lava más para no gastar en insumos que ya no podemos pagar.
Es un espectáculo digno de un documental de National Geographic sobre especies en extinción: vemos cómo el HSBC, ExxonMobil y Procter & Gamble migran hacia climas más amigables, dejando atrás un ecosistema donde el «clima de negocios» tiene la estabilidad de un castillo de naipes en medio de un viento Zonda. La venta de Profertil por parte de los canadienses de Nutrien es el broche de oro para este inicio de año; 600 millones de dólares para decir «adiós y buena suerte con los fertilizantes». Al final, el discurso oficial pro-empresa se choca de frente con una realidad donde el consumo interno tiene el pulso de un paciente en terapia intensiva. Estamos logrando lo imposible: que las empresas más grandes del mundo, expertas en sobrevivir en mercados emergentes, miren a la Argentina y digan: «No, gracias, prefiero ir a probar suerte instalando una sucursal en el Triángulo de las Bermudas».
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La caída pronunciada que ha evidenciado el consumo en el último período, combinada con una suba acelerada de los costos operativos y las turbulencias a nivel internacional, continúa afectando de manera directa la continuidad de las empresas multinacionales en la Argentina. Esta tendencia representa una prolongación de lo ocurrido durante 2025, año en que firmas de la envergadura de Whirlpool, Nutrien, HSBC, ExxonMobil, Procter & Gamble y Mercedes acotaron sus unidades de negocios o abandonaron definitivamente el territorio nacional.
En este inicio de 2026, la situación se ha vuelto a tensar tras la decisión de Coinbase, el mayor exchange de criptomonedas de los Estados Unidos, de suspender sus operaciones clave a tan solo un año de su desembarco. A este escenario se suman los recortes masivos aplicados por la petroquímica estadounidense Sealed Air, confirmando que el contexto macroeconómico sigue presentando desafíos insalvables para los capitales transnacionales.
El retroceso del ecosistema cripto y petroquímico
En el caso de Coinbase, la plataforma comunicó formalmente a sus usuarios locales que dejará de ofrecer servicios vinculados al peso argentino. La restricción, que entrará en vigencia el 31 de enero, impedirá la compra y venta de la stablecoin USDC utilizando moneda local. Un vocero de la compañía explicó que la decisión responde a una revisión interna: «Hemos notificado a los usuarios en Argentina que, tras una revisión de nuestras operaciones locales, dimos un paso atrás de manera temporal en el mantenimiento de los servicios locales».
Por otro lado, la situación en el sector industrial es igualmente crítica. La firma Sealed Air remitió 65 telegramas de despidos a los empleados de su planta ubicada en Quilmes, provincia de Buenos Aires. Actualmente, las instalaciones permanecen paralizadas mientras los operarios realizan protestas en los accesos. Según Alfredo Piscopo, delegado de la firma, la empresa justifica la medida como una reestructuración solicitada desde sus sedes en Brasil, México y Estados Unidos, a pesar de que hasta hace pocos meses los niveles de demanda exigían la realización de horas extras.
Desinversión en sectores clave: agro e industria
El éxodo de capitales también ha golpeado al sector de insumos agropecuarios. Recientemente se concretó la venta de la participación de la canadiense Nutrien en Profertil, la mayor productora de fertilizantes del país. La operación se cerró por un monto de 600 millones de dólares, y los activos fueron adquiridos por Adecoagro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).
Este movimiento se produjo casi en simultáneo con el cierre de la planta de producción de lavarropas que Whirlpool operaba en Pilar. Dicha unidad productiva, inaugurada hace solo tres años, cesó su actividad y provocó el despido de 220 personas. Desde la compañía señalaron que intentaron implementar un modelo más competitivo, pero el freno en el consumo y el crecimiento de las importaciones tornaron inviable el proyecto, que funcionaba a solo el 50% de su capacidad instalada.
Factores estructurales del éxodo
A pesar del discurso favorable a la inversión privada que sostiene la gestión actual, la salida de compañías internacionales se ha acelerado debido a una combinación de factores internos y externos. Las empresas basan sus decisiones en las dificultades para ampliar sus negocios en un contexto de tensión política constante, complicaciones financieras y una retracción histórica del mercado interno.
Gigantes como ExxonMobil y Procter & Gamble han reorientado sus estrategias globales, encontrando en la Argentina un horizonte de recuperación incierto en el corto y mediano plazo. Esta falta de previsibilidad, sumada a los altos costos de producción, termina por desalentar la permanencia de firmas que no logran vislumbrar un escenario de estabilidad para sus operaciones en la región.
Bienvenidos al 2026, el año en que la «lluvia de inversiones» finalmente llegó, pero en forma de granizo del tamaño de un lavarropas Whirlpool —de esos que ya no se fabrican en Pilar— y con la misma fuerza destructiva. La tendencia de las multinacionales de abandonar el país se ha vuelto tan rítmica que, en lugar de un índice de confianza empresarial, deberíamos empezar a usar un cronómetro de mudanza. El caso de Coinbase es una verdadera joya del minimalismo corporativo: llegaron con bombos, platillos y promesas de revolución cripto, pero duraron menos que un billete de mil pesos en el bolsillo de un adolescente. Un año les bastó para mirar los gráficos de consumo, revisar el saldo en pesos argentinos y decidir que es más rentable invertir en una granja de caracoles en el Sahara que seguir lidiando con nuestra vibrante y siempre creativa volatilidad financiera. Dicen que se retiran «temporalmente» para «evaluar la experiencia», un eufemismo que en el lenguaje de Silicon Valley significa: «Corran por sus vidas que el último apague el servidor».
Mientras tanto, en la planta de Sealed Air en Quilmes, la «reestructuración» ha llegado en forma de 65 telegramas de despido, demostrando que la empresa es tan global que sus decisiones se toman en un Zoom entre Brasil, México y Estados Unidos, mientras los operarios locales se quedan mirando la puerta cerrada. Es fascinante el concepto de «modelo ágil y competitivo» que esgrimen las corporaciones; parece que la agilidad consiste principalmente en la velocidad con la que pueden embalar la maquinaria y mandarla a una jurisdicción donde el consumo no tenga la trayectoria de una piedra cayendo desde el Aconcagua. Ya ni los lavarropas quieren quedarse: la planta de Whirlpool en Pilar, que iba a inundar el mercado con 300.000 unidades, terminó produciendo la mitad y cerrando sus puertas porque, al parecer, los argentinos hemos decidido que la ropa sucia se lava en casa, o mejor aún, no se lava más para no gastar en insumos que ya no podemos pagar.
Es un espectáculo digno de un documental de National Geographic sobre especies en extinción: vemos cómo el HSBC, ExxonMobil y Procter & Gamble migran hacia climas más amigables, dejando atrás un ecosistema donde el «clima de negocios» tiene la estabilidad de un castillo de naipes en medio de un viento Zonda. La venta de Profertil por parte de los canadienses de Nutrien es el broche de oro para este inicio de año; 600 millones de dólares para decir «adiós y buena suerte con los fertilizantes». Al final, el discurso oficial pro-empresa se choca de frente con una realidad donde el consumo interno tiene el pulso de un paciente en terapia intensiva. Estamos logrando lo imposible: que las empresas más grandes del mundo, expertas en sobrevivir en mercados emergentes, miren a la Argentina y digan: «No, gracias, prefiero ir a probar suerte instalando una sucursal en el Triángulo de las Bermudas».