Eficiencia energética: por qué un aire acondicionado antiguo puede multiplicar tu factura de luz

Redacción Cuyo News
4 min

El aire acondicionado antiguo se consolida como uno de los principales focos de consumo eléctrico en los hogares argentinos. Un equipo con más de una década y media de uso puede demandar entre 1,5 y 2,5 kWh por hora, mientras que un lavarropas eficiente realiza un ciclo completo con apenas 0,4–0,6 kWh, incluso utilizando agua caliente. En términos prácticos, unas pocas horas de aire equivalen al consumo de varios lavados.

Por qué consume tanto un equipo viejo

La brecha se explica por la ausencia de tecnología inverter en equipos antiguos. Allí, el compresor funciona a máxima potencia o se apaga, generando picos y derroches. En cambio, los modelos modernos modulan la potencia según la temperatura del ambiente. El resultado es una optimización del uso eléctrico y menos estrés mecánico. Un aire clase A+++ puede reducir hasta 40 % del gasto frente a equipos tradicionales.

Impacto en la boleta y en el presupuesto

Sostener un aire antiguo puede sumar más de 300 kWh anuales al consumo habitual del hogar, con impacto directo en el costo mensual. La resistencia al recambio —por precio de adquisición o preferencia por reparar— mantiene en uso equipos que multiplican el gasto. El lavarropas eficiente, en cambio, desacopla frecuencia de uso y consumo: cumple su ciclo en intervalos acotados sin trasladar sorpresas a la factura.

Cómo bajar el consumo sin perder confort

Mantenimiento: limpiar filtros cada 30–45 días y verificar carga de refrigerante mejora el rendimiento y alarga la vida útil. Un equipo sucio enfría peor y gasta más.

Uso inteligente: programar el aire entre 24 y 26 °C; evitar exigir el máximo; aprovechar ventilación cruzada, cortinas y ventiladores de techo en días moderados. El objetivo es reducir horas continuas sin resignar confort.

Seguridad eléctrica: instalación dedicada, fichas y cables adecuados, y térmicas que corten ante sobrecarga. Varios aparatos de alta demanda a la vez incrementan el riesgo de falla y de consumo innecesario.

La modernización del parque de artefactos y la adopción de hábitos razonables alivian la presión sobre la red en picos estivales y mejoran la economía doméstica. Frente al dilema “reparar o reemplazar”, el cálculo de consumo acumulado suele inclinar la balanza hacia el equipo eficiente: menos kWh, menos ruido mecánico y menos sobresaltos cuando llega la factura.

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