En una maniobra financiera destinada a proteger el balance del Banco Central, el Tesoro de Estados Unidos transfirió US$ 808 millones al gobierno argentino. Esta operación, realizada el pasado 29 de enero a través del Fondo de Estabilización Cambiaria (Exchange Stabilization Fund), consistió en una venta de Derechos Especiales de Giro (DEGs) que permitirá al país afrontar el pago de US$ 833 millones en intereses ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), vencimiento que estaba previsto para el 1 de febrero.
Ingeniería financiera para preservar reservas
La estrategia oficial apunta a evitar el impacto directo sobre las reservas internacionales. Según explicaron fuentes cercanas a la operación, el movimiento busca que el Estado no deba adquirir divisas en el mercado con pesos del Tesoro, lo cual redundaría en una caída de los activos brutos. Al utilizar el mecanismo de venta de DEGs, el Gobierno habría utilizado parte de los $ 2,3 billones de su cuenta en el Banco Central (equivalentes a unos US$ 1.580 millones) para adquirir estos derechos, aprovechando la vigencia del swap de monedas por US$ 20.000 millones con EE.UU.
Este «puente» financiero resulta vital para cumplir con el cronograma de pagos mientras se aguarda el desembolso pendiente del FMI por US$ 1.000 millones. Dicha llegada de fondos está supeditada a la aprobación de la segunda revisión del programa vigente, que tendrá lugar durante este mes de febrero, cuando una misión técnica evalúe el cumplimiento de las metas fiscales y el avance de las reformas estructurales.
Un calendario exigente en el corto plazo
Febrero se presenta como un mes crítico para la gestión de Luis Caputo. Además de la auditoría del organismo multilateral, la administración debe atender el pago de US$ 990 millones correspondientes a los bonos Bopreal, colocados a empresas para regularizar la deuda comercial por importaciones.
Pese a la necesidad de asistencia externa para este vencimiento puntual, los datos oficiales indican que Argentina logró comprar US$ 1.100 millones de reservas durante el mes de enero. Esto se produjo tras un ajuste en la política cambiaria que alineó las bandas de intervención con la inflación acumulada de los meses previos. En este escenario, el Gobierno confía en que el Riesgo País, actualmente por debajo de los 500 puntos, facilite un futuro retorno a los mercados internacionales para refinanciar los compromisos de deuda externa de manera más orgánica.
<p>El Tesoro de Estados Unidos transfirió 808 millones de dólares al Gobierno nacional mediante la venta de Derechos Especiales de Giro (DEG) para cubrir vencimientos de intereses con el FMI. La operación busca preservar las reservas brutas del Banco Central, evitando la compra directa de divisas, mientras se aguarda el desembolso del organismo tras la próxima revisión técnica de metas fiscales y reformas.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En un capítulo nuevo de «Relatos Salvajes: Edición Tesoro Nacional», el equipo de Luis Caputo acaba de recibir un centro por la cabeza desde Washington para que el FMI no nos mande al veraz financiero. Resulta que el Tesoro de Estados Unidos, en un gesto que mezcla la caridad cristiana con el «pagame lo que me debés», nos vendió 808 millones de Derechos Especiales de Giro. Básicamente, nos prestaron las fichas del casino para que podamos pagarle la entrada al mismo casino, porque si el Gobierno usaba sus propios dólares, el «récord de reservas» del que sacan pecho en las redes sociales se derretía más rápido que un helado en la Plaza de Mayo a las dos de la tarde.
Lo más fascinante de esta maniobra de ingeniería contable —que haria quedar a un arbolito de la calle Florida como un franciscano— es la gimnasia mental para no perder reservas. La estrategia es brillante: usamos pesos para comprar estos derechos, aprovechamos un swap que está más activo que grupo de WhatsApp de excompañeros de secundaria y esperamos que el Fondo nos apruebe la revisión para devolver la plata. Es el equivalente macroeconómico a pedirle prestado al vecino para pagar la tarjeta de crédito, esperando que el jefe nos dé el bono de fin de año para devolverle al vecino. Todo esto mientras el riesgo país baja de los 500 puntos, lo cual es genial, porque ahora somos «pobres pero con buen puntaje crediticio».
Mientras tanto, febrero se asoma con la calidez de una auditoría de la AFIP. Tenemos misiones técnicas del FMI, pagos de bonos Bopreal y la eterna promesa de que estamos acumulando dólares, aunque para verlos necesitemos anteojos de realidad aumentada o un préstamo de emergencia del Tío Sam. Es el triunfo de la narrativa sobre la aritmética: presumimos reservas que en realidad cuidamos como si fueran porcelana heredada, pidiendo waivers y haciendo malabares financieros para que la foto del Banco Central no salga movida justo cuando viene la inspección técnica a revisarnos los deberes.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una maniobra financiera destinada a proteger el balance del Banco Central, el Tesoro de Estados Unidos transfirió US$ 808 millones al gobierno argentino. Esta operación, realizada el pasado 29 de enero a través del Fondo de Estabilización Cambiaria (Exchange Stabilization Fund), consistió en una venta de Derechos Especiales de Giro (DEGs) que permitirá al país afrontar el pago de US$ 833 millones en intereses ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), vencimiento que estaba previsto para el 1 de febrero.
Ingeniería financiera para preservar reservas
La estrategia oficial apunta a evitar el impacto directo sobre las reservas internacionales. Según explicaron fuentes cercanas a la operación, el movimiento busca que el Estado no deba adquirir divisas en el mercado con pesos del Tesoro, lo cual redundaría en una caída de los activos brutos. Al utilizar el mecanismo de venta de DEGs, el Gobierno habría utilizado parte de los $ 2,3 billones de su cuenta en el Banco Central (equivalentes a unos US$ 1.580 millones) para adquirir estos derechos, aprovechando la vigencia del swap de monedas por US$ 20.000 millones con EE.UU.
Este «puente» financiero resulta vital para cumplir con el cronograma de pagos mientras se aguarda el desembolso pendiente del FMI por US$ 1.000 millones. Dicha llegada de fondos está supeditada a la aprobación de la segunda revisión del programa vigente, que tendrá lugar durante este mes de febrero, cuando una misión técnica evalúe el cumplimiento de las metas fiscales y el avance de las reformas estructurales.
Un calendario exigente en el corto plazo
Febrero se presenta como un mes crítico para la gestión de Luis Caputo. Además de la auditoría del organismo multilateral, la administración debe atender el pago de US$ 990 millones correspondientes a los bonos Bopreal, colocados a empresas para regularizar la deuda comercial por importaciones.
Pese a la necesidad de asistencia externa para este vencimiento puntual, los datos oficiales indican que Argentina logró comprar US$ 1.100 millones de reservas durante el mes de enero. Esto se produjo tras un ajuste en la política cambiaria que alineó las bandas de intervención con la inflación acumulada de los meses previos. En este escenario, el Gobierno confía en que el Riesgo País, actualmente por debajo de los 500 puntos, facilite un futuro retorno a los mercados internacionales para refinanciar los compromisos de deuda externa de manera más orgánica.
En un capítulo nuevo de «Relatos Salvajes: Edición Tesoro Nacional», el equipo de Luis Caputo acaba de recibir un centro por la cabeza desde Washington para que el FMI no nos mande al veraz financiero. Resulta que el Tesoro de Estados Unidos, en un gesto que mezcla la caridad cristiana con el «pagame lo que me debés», nos vendió 808 millones de Derechos Especiales de Giro. Básicamente, nos prestaron las fichas del casino para que podamos pagarle la entrada al mismo casino, porque si el Gobierno usaba sus propios dólares, el «récord de reservas» del que sacan pecho en las redes sociales se derretía más rápido que un helado en la Plaza de Mayo a las dos de la tarde.
Lo más fascinante de esta maniobra de ingeniería contable —que haria quedar a un arbolito de la calle Florida como un franciscano— es la gimnasia mental para no perder reservas. La estrategia es brillante: usamos pesos para comprar estos derechos, aprovechamos un swap que está más activo que grupo de WhatsApp de excompañeros de secundaria y esperamos que el Fondo nos apruebe la revisión para devolver la plata. Es el equivalente macroeconómico a pedirle prestado al vecino para pagar la tarjeta de crédito, esperando que el jefe nos dé el bono de fin de año para devolverle al vecino. Todo esto mientras el riesgo país baja de los 500 puntos, lo cual es genial, porque ahora somos «pobres pero con buen puntaje crediticio».
Mientras tanto, febrero se asoma con la calidez de una auditoría de la AFIP. Tenemos misiones técnicas del FMI, pagos de bonos Bopreal y la eterna promesa de que estamos acumulando dólares, aunque para verlos necesitemos anteojos de realidad aumentada o un préstamo de emergencia del Tío Sam. Es el triunfo de la narrativa sobre la aritmética: presumimos reservas que en realidad cuidamos como si fueran porcelana heredada, pidiendo waivers y haciendo malabares financieros para que la foto del Banco Central no salga movida justo cuando viene la inspección técnica a revisarnos los deberes.