Con el estreno del nuevo esquema cambiario, el mercado financiero empieza a ponerle número al precio del dólar en 2026 y anticipa su evolución de cara a los próximos meses. En este contexto, el economista Orlando Ferreres estimó que, para evitar un atraso significativo en la competitividad de la economía argentina, la divisa debería experimentar un ajuste que la posicione en niveles superiores a los actuales.
Según el especialista, un ajuste del 21% en el tipo de cambio oficial generaría un traslado a los precios (pass-through) de aproximadamente el 10%. Ferreres puntualizó que este impacto inflacionario no llegaría de forma aislada, sino que se sumaría a la presión que ya ejercen los aumentos programados en los cuadros tarifarios de servicios públicos, tales como electricidad, gas y agua, previstos para la temporada estival.
Proyecciones cambiarias para el cierre de 2026
Respecto a las metas de mediano plazo, el consultor fue preciso con las cifras que maneja su equipo técnico: “La paridad teórica de equilibrio nos da $1.650 o $1.750 por dólar«. No obstante, al extender el análisis hacia el cierre del ciclo próximo, Ferreres consideró que el valor para diciembre de 2026 debería ubicarse en los $1.950.
Para el economista, este valor representa el “precio de equilibrio” indispensable para garantizar la sostenibilidad de la cuenta corriente. Esta corrección resultaría vital para equilibrar sectores que hoy presentan una alta sensibilidad ante el atraso cambiario, fundamentalmente en el rubro del turismo, los servicios financieros y la economía real.
Inflación y actividad: las discrepancias con el oficialismo
En lo que respecta a la dinámica de precios, Ferreres puso el foco en la inercia que mantendrán los servicios regulados. A su juicio, el impacto de las tarifas mantendrá el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en niveles del 2,5% mensual durante el inicio de 2026. Esta situación dificulta la corrección del atraso cambiario si el dólar no se ajusta en sintonía con el incremento de los costos regulados por el Estado.
Si bien proyectó una posible desaceleración hacia el segundo semestre del año, con tasas que podrían acercarse al 0% bajo condiciones de equilibrio macroeconómico estricto, su previsión anual es cautelosa. Ferreres estimó que la inflación final de 2026 se situará en torno al 20%, una cifra que representa exactamente el doble de la proyección oficial difundida por el Gobierno nacional.
Finalmente, el análisis sobre el nivel de actividad también arrojó diferencias con las metas de la Casa Rosada. Mientras que el oficialismo aguarda una expansión del Producto Bruto Interno (PBI) del 5%, el economista situó su previsión en un 3,5%. Ferreres concluyó que, tras un 2025 que habría cerrado con un desempeño cercano al 5%, la actividad ha comenzado a mostrar señales de agotamiento en sectores clave, lo que condicionará la velocidad de la recuperación en el corto plazo.
<p>El economista Orlando Ferreres proyectó que el dólar de equilibrio para diciembre de 2026 debería alcanzar los $1.950 para evitar un atraso cambiario que afecte la competitividad externa. Según el especialista, la inflación anual rondará el 20%, duplicando la meta oficial del Gobierno, mientras que el crecimiento económico se situará en un 3,5%, evidenciando señales de agotamiento en sectores clave de la actividad productiva nacional.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a una nueva edición de «Elija su propia tragedia macroeconómica», el deporte nacional que practicamos mientras desayunamos un café aguado y miramos el techo esperando que no se caiga una mampostería. En esta oportunidad, el oráculo de las planillas de cálculo, Orlando Ferreres, ha decidido que nuestra estabilidad emocional era demasiado alta y salió a revolear números que harían temblar hasta al más optimista de los monjes budistas. Según el economista, el dólar de equilibrio para finales de 2026 debería costar $1.950, una cifra que suena hermosa si sos exportador de soja, pero que suena a «voy a tener que vender un riñón para comprar un kilo de palta» si sos un mortal que camina por la vereda del sol.
Ferreres, con la frialdad de quien te explica que tu ex no va a volver mientras se come un sándwich de miga, advirtió que el atraso cambiario es tan real como las ojeras de un redactor de noticias financieras un domingo a la noche. El hombre estima que necesitamos un ajuste del 21%, lo que tendría un traslado a precios del 10%. Es decir, el «pass-through» —ese término técnico elegante para decir que te van a cobrar hasta el aire que respirás— se sumará a los tarifazos de verano. Porque claro, ¿qué sería de un enero argentino sin el combo de calor sofocante, cortes de luz y una factura de servicios públicos que parece el código de barras de un televisor de 65 pulgadas?
Pero esperen, que la fiesta de los decimales no termina ahí. Mientras en la Casa Rosada parecen estar redactando el presupuesto con un optimismo digno de alguien que cree que va a ganar el Quini sin haberlo jugado, Ferreres tira un baldazo de agua helada: la inflación para 2026 no será del 10%, sino del 20%. El doble. Así, sin anestesia. Es como si el Gobierno te dijera que la fiesta va a estar tranquila y Orlando llegara con tres bidones de nafta y un encendedor. Según su visión, el crecimiento tampoco será del 5%, sino de un modesto 3,5%, porque algunos sectores ya están más cansados que un maratonista con zapatos de plomo. Al final, el 2026 será un año «relativamente bueno», una frase que en la escala de optimismo nacional significa que probablemente no terminemos comiendo pasto, pero tampoco esperes estar de vacaciones en las Seychelles.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Con el estreno del nuevo esquema cambiario, el mercado financiero empieza a ponerle número al precio del dólar en 2026 y anticipa su evolución de cara a los próximos meses. En este contexto, el economista Orlando Ferreres estimó que, para evitar un atraso significativo en la competitividad de la economía argentina, la divisa debería experimentar un ajuste que la posicione en niveles superiores a los actuales.
Según el especialista, un ajuste del 21% en el tipo de cambio oficial generaría un traslado a los precios (pass-through) de aproximadamente el 10%. Ferreres puntualizó que este impacto inflacionario no llegaría de forma aislada, sino que se sumaría a la presión que ya ejercen los aumentos programados en los cuadros tarifarios de servicios públicos, tales como electricidad, gas y agua, previstos para la temporada estival.
Proyecciones cambiarias para el cierre de 2026
Respecto a las metas de mediano plazo, el consultor fue preciso con las cifras que maneja su equipo técnico: “La paridad teórica de equilibrio nos da $1.650 o $1.750 por dólar«. No obstante, al extender el análisis hacia el cierre del ciclo próximo, Ferreres consideró que el valor para diciembre de 2026 debería ubicarse en los $1.950.
Para el economista, este valor representa el “precio de equilibrio” indispensable para garantizar la sostenibilidad de la cuenta corriente. Esta corrección resultaría vital para equilibrar sectores que hoy presentan una alta sensibilidad ante el atraso cambiario, fundamentalmente en el rubro del turismo, los servicios financieros y la economía real.
Inflación y actividad: las discrepancias con el oficialismo
En lo que respecta a la dinámica de precios, Ferreres puso el foco en la inercia que mantendrán los servicios regulados. A su juicio, el impacto de las tarifas mantendrá el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en niveles del 2,5% mensual durante el inicio de 2026. Esta situación dificulta la corrección del atraso cambiario si el dólar no se ajusta en sintonía con el incremento de los costos regulados por el Estado.
Si bien proyectó una posible desaceleración hacia el segundo semestre del año, con tasas que podrían acercarse al 0% bajo condiciones de equilibrio macroeconómico estricto, su previsión anual es cautelosa. Ferreres estimó que la inflación final de 2026 se situará en torno al 20%, una cifra que representa exactamente el doble de la proyección oficial difundida por el Gobierno nacional.
Finalmente, el análisis sobre el nivel de actividad también arrojó diferencias con las metas de la Casa Rosada. Mientras que el oficialismo aguarda una expansión del Producto Bruto Interno (PBI) del 5%, el economista situó su previsión en un 3,5%. Ferreres concluyó que, tras un 2025 que habría cerrado con un desempeño cercano al 5%, la actividad ha comenzado a mostrar señales de agotamiento en sectores clave, lo que condicionará la velocidad de la recuperación en el corto plazo.
Bienvenidos a una nueva edición de «Elija su propia tragedia macroeconómica», el deporte nacional que practicamos mientras desayunamos un café aguado y miramos el techo esperando que no se caiga una mampostería. En esta oportunidad, el oráculo de las planillas de cálculo, Orlando Ferreres, ha decidido que nuestra estabilidad emocional era demasiado alta y salió a revolear números que harían temblar hasta al más optimista de los monjes budistas. Según el economista, el dólar de equilibrio para finales de 2026 debería costar $1.950, una cifra que suena hermosa si sos exportador de soja, pero que suena a «voy a tener que vender un riñón para comprar un kilo de palta» si sos un mortal que camina por la vereda del sol.
Ferreres, con la frialdad de quien te explica que tu ex no va a volver mientras se come un sándwich de miga, advirtió que el atraso cambiario es tan real como las ojeras de un redactor de noticias financieras un domingo a la noche. El hombre estima que necesitamos un ajuste del 21%, lo que tendría un traslado a precios del 10%. Es decir, el «pass-through» —ese término técnico elegante para decir que te van a cobrar hasta el aire que respirás— se sumará a los tarifazos de verano. Porque claro, ¿qué sería de un enero argentino sin el combo de calor sofocante, cortes de luz y una factura de servicios públicos que parece el código de barras de un televisor de 65 pulgadas?
Pero esperen, que la fiesta de los decimales no termina ahí. Mientras en la Casa Rosada parecen estar redactando el presupuesto con un optimismo digno de alguien que cree que va a ganar el Quini sin haberlo jugado, Ferreres tira un baldazo de agua helada: la inflación para 2026 no será del 10%, sino del 20%. El doble. Así, sin anestesia. Es como si el Gobierno te dijera que la fiesta va a estar tranquila y Orlando llegara con tres bidones de nafta y un encendedor. Según su visión, el crecimiento tampoco será del 5%, sino de un modesto 3,5%, porque algunos sectores ya están más cansados que un maratonista con zapatos de plomo. Al final, el 2026 será un año «relativamente bueno», una frase que en la escala de optimismo nacional significa que probablemente no terminemos comiendo pasto, pero tampoco esperes estar de vacaciones en las Seychelles.