De acuerdo con las proyecciones recientes de la Reserva Federal, los billetes de USD 20 y USD 100, junto con el de USD 1, continúan siendo las denominaciones con mayor volumen de circulación en el sistema financiero global. Ante la sofisticación de las técnicas de fraude, la Oficina de Grabado e Impresión de los Estados Unidos ha formalizado un plan de rediseño integral que abarcará a la mayoría de las denominaciones actuales, con el objetivo primordial de fortalecer las medidas de seguridad.
Cronograma de emisión y nuevas tecnologías
El proceso de actualización visual y técnica no será inmediato. Según el cronograma oficial establecido por las autoridades monetarias estadounidenses, los nuevos billetes de USD 20 comenzarán a circular en el año 2030. Por su parte, la renovación del billete de USD 100, el favorito de los ahorristas para el atesoramiento de valor, está prevista recién para el año 2034.
Este rediseño es el resultado de más de diez años de investigación y desarrollo. Durante este periodo, se han integrado tecnologías de seguridad de última generación que buscan mitigar los riesgos de falsificación a escala global. El plan incluye la preparación y actualización de más de 10 millones de máquinas de procesamiento de billetes en todo el mundo, garantizando que los nuevos ejemplares sean aceptados sin inconvenientes en cajeros automáticos e instituciones financieras internacionales.
Validez de los billetes actuales
Ante la incertidumbre que suelen generar estos cambios en el mercado cambiario, la Reserva Federal fue enfática al comunicar que todos los billetes actualmente en circulación mantendrán su valor nominal y continuarán siendo de curso legal. No existe una fecha de vencimiento para las series anteriores; la transición se realizará de manera gradual.
La sustitución de los ejemplares deteriorados o de series antiguas se llevará a cabo de forma automática por las entidades bancarias al momento de realizar depósitos o transacciones en ventanilla. Por lo tanto, los usuarios que posean dólares de las ediciones vigentes no tienen obligación de realizar canjes de urgencia, ya que la moneda estadounidense conserva su validez de manera indefinida, independientemente de su año de emisión o diseño.
<p>La Reserva Federal de Estados Unidos confirmó el cronograma de emisión para los nuevos diseños de los billetes de 20 y 100 dólares, previstos para 2030 y 2034 respectivamente. El rediseño, que demandó una década de investigación, busca combatir la falsificación mediante tecnología de avanzada. Las autoridades aclararon que todas las versiones actuales mantendrán su valor nominal y curso legal de manera indefinida.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si usted es de los que duerme con el colchón más abultado que el presupuesto de una petrolera árabe, preste atención, porque el Tío Sam decidió que es hora de pasar por el quirófano estético. La Reserva Federal confirmó que los billetes de 20 y 100 dólares —esos que en Argentina veneramos más que al asado de los domingos— van a cambiar de cara para que a los falsificadores les agarre un ataque de caspa. El billete de 20, ese que usamos para las transacciones diarias (o lo que quede de ellas), tendrá su nuevo look en 2030, mientras que el de 100, el verdadero objeto de culto de los ahorristas locales, se hará esperar hasta 2034. Parece que diseñar un papelito que no se pueda copiar en una impresora hogareña lleva más tiempo que terminar la obra de una autopista nacional, con una investigación que ya lleva diez años y que pretende que hasta la máquina de café más humilde reconozca el nuevo ejemplar sin escupirlo.
Lo más divertido de este anuncio es la calma que intentan transmitir desde la Oficina de Grabado e Impresión, como si no supieran que acá, cuando nos tocan el diseño del «Benjamin», entramos en un estado de ansiedad digno de una final de mundial por penales. Ya los veo a los «arbolitos» de la calle Florida ensayando nuevas teorías conspirativas sobre si el azul es más claro o si Franklin ahora mira para el otro lado. Pero quédese tranquilo: la Fed asegura que sus dólares «viejos» seguirán valiendo lo mismo, así que no hace falta que salga corriendo a cambiarlos por figuritas de la selección. La idea es que las entidades bancarias vayan retirando los billetes deteriorados de forma automática, en un proceso tan lento y burocrático que para cuando el nuevo billete de 100 esté en la calle, es probable que ya estemos pagando el pan con créditos intergalácticos o, en el peor de los casos, con trueque de repelente para mosquitos.
Es fascinante ver cómo se preparan 10 millones de máquinas en todo el mundo para aceptar estos nuevos modelos, asegurando que el flujo de efectivo no se detenga ni un segundo. Básicamente, están invirtiendo una fortuna para que su ahorro bajo la baldosa siga siendo la envidia del barrio, pero con más «chiches» de seguridad. Mientras tanto, seguiremos usando los ejemplares actuales, cuidándolos como si fueran de cristal, porque ya sabemos que en este país un billete de 100 con una manchita de café es considerado automáticamente un papel pintado por cualquier cajero con mal humor. Paciencia, que para 2034 falta tanto que probablemente Trump ya sea apenas un holograma en la Casa Blanca y nosotros sigamos calculando el valor del «blue» con una calculadora solar.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
De acuerdo con las proyecciones recientes de la Reserva Federal, los billetes de USD 20 y USD 100, junto con el de USD 1, continúan siendo las denominaciones con mayor volumen de circulación en el sistema financiero global. Ante la sofisticación de las técnicas de fraude, la Oficina de Grabado e Impresión de los Estados Unidos ha formalizado un plan de rediseño integral que abarcará a la mayoría de las denominaciones actuales, con el objetivo primordial de fortalecer las medidas de seguridad.
Cronograma de emisión y nuevas tecnologías
El proceso de actualización visual y técnica no será inmediato. Según el cronograma oficial establecido por las autoridades monetarias estadounidenses, los nuevos billetes de USD 20 comenzarán a circular en el año 2030. Por su parte, la renovación del billete de USD 100, el favorito de los ahorristas para el atesoramiento de valor, está prevista recién para el año 2034.
Este rediseño es el resultado de más de diez años de investigación y desarrollo. Durante este periodo, se han integrado tecnologías de seguridad de última generación que buscan mitigar los riesgos de falsificación a escala global. El plan incluye la preparación y actualización de más de 10 millones de máquinas de procesamiento de billetes en todo el mundo, garantizando que los nuevos ejemplares sean aceptados sin inconvenientes en cajeros automáticos e instituciones financieras internacionales.
Validez de los billetes actuales
Ante la incertidumbre que suelen generar estos cambios en el mercado cambiario, la Reserva Federal fue enfática al comunicar que todos los billetes actualmente en circulación mantendrán su valor nominal y continuarán siendo de curso legal. No existe una fecha de vencimiento para las series anteriores; la transición se realizará de manera gradual.
La sustitución de los ejemplares deteriorados o de series antiguas se llevará a cabo de forma automática por las entidades bancarias al momento de realizar depósitos o transacciones en ventanilla. Por lo tanto, los usuarios que posean dólares de las ediciones vigentes no tienen obligación de realizar canjes de urgencia, ya que la moneda estadounidense conserva su validez de manera indefinida, independientemente de su año de emisión o diseño.
Si usted es de los que duerme con el colchón más abultado que el presupuesto de una petrolera árabe, preste atención, porque el Tío Sam decidió que es hora de pasar por el quirófano estético. La Reserva Federal confirmó que los billetes de 20 y 100 dólares —esos que en Argentina veneramos más que al asado de los domingos— van a cambiar de cara para que a los falsificadores les agarre un ataque de caspa. El billete de 20, ese que usamos para las transacciones diarias (o lo que quede de ellas), tendrá su nuevo look en 2030, mientras que el de 100, el verdadero objeto de culto de los ahorristas locales, se hará esperar hasta 2034. Parece que diseñar un papelito que no se pueda copiar en una impresora hogareña lleva más tiempo que terminar la obra de una autopista nacional, con una investigación que ya lleva diez años y que pretende que hasta la máquina de café más humilde reconozca el nuevo ejemplar sin escupirlo.
Lo más divertido de este anuncio es la calma que intentan transmitir desde la Oficina de Grabado e Impresión, como si no supieran que acá, cuando nos tocan el diseño del «Benjamin», entramos en un estado de ansiedad digno de una final de mundial por penales. Ya los veo a los «arbolitos» de la calle Florida ensayando nuevas teorías conspirativas sobre si el azul es más claro o si Franklin ahora mira para el otro lado. Pero quédese tranquilo: la Fed asegura que sus dólares «viejos» seguirán valiendo lo mismo, así que no hace falta que salga corriendo a cambiarlos por figuritas de la selección. La idea es que las entidades bancarias vayan retirando los billetes deteriorados de forma automática, en un proceso tan lento y burocrático que para cuando el nuevo billete de 100 esté en la calle, es probable que ya estemos pagando el pan con créditos intergalácticos o, en el peor de los casos, con trueque de repelente para mosquitos.
Es fascinante ver cómo se preparan 10 millones de máquinas en todo el mundo para aceptar estos nuevos modelos, asegurando que el flujo de efectivo no se detenga ni un segundo. Básicamente, están invirtiendo una fortuna para que su ahorro bajo la baldosa siga siendo la envidia del barrio, pero con más «chiches» de seguridad. Mientras tanto, seguiremos usando los ejemplares actuales, cuidándolos como si fueran de cristal, porque ya sabemos que en este país un billete de 100 con una manchita de café es considerado automáticamente un papel pintado por cualquier cajero con mal humor. Paciencia, que para 2034 falta tanto que probablemente Trump ya sea apenas un holograma en la Casa Blanca y nosotros sigamos calculando el valor del «blue» con una calculadora solar.