En una reciente serie de declaraciones que han captado la atención de la prensa internacional, el legendario actor Robert De Niro se sinceró sobre el momento vital que atraviesa tras la llegada de su hija más pequeña. A los 80 años, el ganador del Oscar manifestó que la presencia de la menor ha transformado radicalmente su cotidianidad, aportándole una vitalidad inesperada para sus compromisos actuales.
De Niro fue categórico al definir la llegada de la niña como “una nueva alegría en mi vida». Según el actor, el vínculo que mantiene con su entorno familiar más cercano ha sido el motor principal para mantener su vigencia en la industria. «Disfruto mucho pasar tiempo con mi hija y mi pareja; eso me da energías para emprender cosas nuevas”, señaló el intérprete, dejando en claro que el retiro no figura en sus planes inmediatos.
Un refugio en la familia y el descanso en Isquia
El protagonista de Taxi Driver también se refirió a sus recientes vacaciones en Europa, específicamente en la isla italiana de Isquia, donde se lo vio disfrutando de la compañía de su pareja y su hija Gia. Para el actor, estos momentos de intimidad son fundamentales para procesar el cambio de ritmo que implica la crianza en esta etapa de su vida. “La vida diaria es distinta y disfruto cada momento con ellas”, admitió, subrayando el valor de la presencialidad en el hogar.
El rol de padre y el respaldo a sus herederos
Más allá de su faceta con la recién nacida, Robert De Niro aprovechó la oportunidad para reflexionar sobre su rol como progenitor de sus hijos mayores. El actor destacó que mantiene una filosofía de acompañamiento y comprensión hacia todos sus descendientes, independientemente de las circunstancias. “Trato de apoyar a sus hijos. Creo que todos hacen lo mejor que pueden y siempre los respaldo”, afirmó con contundencia.
Esta actitud de apoyo constante se ha vuelto un pilar en su dinámica familiar. “Siempre apoyo a mis hijos”, reiteró el actor, consolidando una imagen pública que equilibra su exitosa carrera cinematográfica con un presente volcado a la contención de su círculo íntimo. El nacimiento de Gia, según el propio relato del actor, no ha hecho más que renovar ese entusiasmo por los vínculos afectivos y la vida familiar.
<p>El reconocido actor Robert De Niro compartió detalles sobre su presente personal, destacando el impacto positivo que ha tenido el nacimiento de su hija menor, Gia, en su rutina diaria. El intérprete aseguró que la paternidad en esta etapa le ha brindado renovadas energías para sus proyectos profesionales y reafirmó su compromiso incondicional con el apoyo a todos sus hijos.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Mientras la mayoría de los mortales a los ochenta años consideran un deporte extremo levantarse de la poltrona sin que el esqueleto emita una sinfonía de crujidos, Robert De Niro ha decidido que la mejor manera de transitar la octava década de vida es volviendo al fascinante mundo de los pañales, los provechitos y la privación del sueño. El hombre que nos enseñó a preguntar «¿Me estás hablando a mí?» con cara de pocos amigos, ahora parece estar más ocupado preguntándole a una beba de meses por qué decidió que las tres de la mañana es el horario ideal para un solo de llanto. Dice «el Bob» que Gia le ha devuelto el entusiasmo, una forma sumamente elegante y cinematográfica de admitir que la adrenalina de la paternidad tardía es el único combustible que le queda cuando el café ya no surte efecto en un organismo que vio nacer el cine sonoro.
Resulta enternecedor, o quizás un síntoma de un optimismo biónico, que el actor afirme que esta situación le da «energías para emprender cosas nuevas». Uno pensaría que a esa edad «emprender algo nuevo» se limita a probar una marca distinta de mermelada light o finalmente entender cómo funciona el control remoto del televisor, pero De Niro se lanza al vacío de la crianza con la misma intensidad con la que se preparaba para los papeles de Scorsese. El viaje a Isquia con su pareja y la pequeña Gia parece ser el epítome de esta nueva vida, donde el glamour de las costas italianas se mezcla con la logística de llevar un cochecito por calles empedradas, una escena que ni el guionista más creativo de Hollywood se habría atrevido a escribir para un actor que ya califica para descuentos de jubilado en el transporte público de Manhattan.
Pero lo más brillante de esta narrativa de vitalidad extrema es su declaración sobre el apoyo a sus hijos. «Creo que todos hacen lo mejor que pueden», dice Robert, con la parsimonia de quien ya tiene herederos de todas las edades, formas y tamaños distribuidos por el árbol genealógico. Es la frase perfecta del padre que ha comprendido que, a esta altura del partido, es mejor asentir y dar el respaldo financiero que intentar entender las crisis existenciales de hijos que, en algunos casos, podrían ser los abuelos de su propia hermana menor. De Niro no solo es una leyenda del cine; es un experimento social andante sobre cuánta cafeína y amor filial puede soportar un hombre antes de que la biología le recuerde que la jubilación se inventó por una razón lógica.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una reciente serie de declaraciones que han captado la atención de la prensa internacional, el legendario actor Robert De Niro se sinceró sobre el momento vital que atraviesa tras la llegada de su hija más pequeña. A los 80 años, el ganador del Oscar manifestó que la presencia de la menor ha transformado radicalmente su cotidianidad, aportándole una vitalidad inesperada para sus compromisos actuales.
De Niro fue categórico al definir la llegada de la niña como “una nueva alegría en mi vida». Según el actor, el vínculo que mantiene con su entorno familiar más cercano ha sido el motor principal para mantener su vigencia en la industria. «Disfruto mucho pasar tiempo con mi hija y mi pareja; eso me da energías para emprender cosas nuevas”, señaló el intérprete, dejando en claro que el retiro no figura en sus planes inmediatos.
Un refugio en la familia y el descanso en Isquia
El protagonista de Taxi Driver también se refirió a sus recientes vacaciones en Europa, específicamente en la isla italiana de Isquia, donde se lo vio disfrutando de la compañía de su pareja y su hija Gia. Para el actor, estos momentos de intimidad son fundamentales para procesar el cambio de ritmo que implica la crianza en esta etapa de su vida. “La vida diaria es distinta y disfruto cada momento con ellas”, admitió, subrayando el valor de la presencialidad en el hogar.
El rol de padre y el respaldo a sus herederos
Más allá de su faceta con la recién nacida, Robert De Niro aprovechó la oportunidad para reflexionar sobre su rol como progenitor de sus hijos mayores. El actor destacó que mantiene una filosofía de acompañamiento y comprensión hacia todos sus descendientes, independientemente de las circunstancias. “Trato de apoyar a sus hijos. Creo que todos hacen lo mejor que pueden y siempre los respaldo”, afirmó con contundencia.
Esta actitud de apoyo constante se ha vuelto un pilar en su dinámica familiar. “Siempre apoyo a mis hijos”, reiteró el actor, consolidando una imagen pública que equilibra su exitosa carrera cinematográfica con un presente volcado a la contención de su círculo íntimo. El nacimiento de Gia, según el propio relato del actor, no ha hecho más que renovar ese entusiasmo por los vínculos afectivos y la vida familiar.
Mientras la mayoría de los mortales a los ochenta años consideran un deporte extremo levantarse de la poltrona sin que el esqueleto emita una sinfonía de crujidos, Robert De Niro ha decidido que la mejor manera de transitar la octava década de vida es volviendo al fascinante mundo de los pañales, los provechitos y la privación del sueño. El hombre que nos enseñó a preguntar «¿Me estás hablando a mí?» con cara de pocos amigos, ahora parece estar más ocupado preguntándole a una beba de meses por qué decidió que las tres de la mañana es el horario ideal para un solo de llanto. Dice «el Bob» que Gia le ha devuelto el entusiasmo, una forma sumamente elegante y cinematográfica de admitir que la adrenalina de la paternidad tardía es el único combustible que le queda cuando el café ya no surte efecto en un organismo que vio nacer el cine sonoro.
Resulta enternecedor, o quizás un síntoma de un optimismo biónico, que el actor afirme que esta situación le da «energías para emprender cosas nuevas». Uno pensaría que a esa edad «emprender algo nuevo» se limita a probar una marca distinta de mermelada light o finalmente entender cómo funciona el control remoto del televisor, pero De Niro se lanza al vacío de la crianza con la misma intensidad con la que se preparaba para los papeles de Scorsese. El viaje a Isquia con su pareja y la pequeña Gia parece ser el epítome de esta nueva vida, donde el glamour de las costas italianas se mezcla con la logística de llevar un cochecito por calles empedradas, una escena que ni el guionista más creativo de Hollywood se habría atrevido a escribir para un actor que ya califica para descuentos de jubilado en el transporte público de Manhattan.
Pero lo más brillante de esta narrativa de vitalidad extrema es su declaración sobre el apoyo a sus hijos. «Creo que todos hacen lo mejor que pueden», dice Robert, con la parsimonia de quien ya tiene herederos de todas las edades, formas y tamaños distribuidos por el árbol genealógico. Es la frase perfecta del padre que ha comprendido que, a esta altura del partido, es mejor asentir y dar el respaldo financiero que intentar entender las crisis existenciales de hijos que, en algunos casos, podrían ser los abuelos de su propia hermana menor. De Niro no solo es una leyenda del cine; es un experimento social andante sobre cuánta cafeína y amor filial puede soportar un hombre antes de que la biología le recuerde que la jubilación se inventó por una razón lógica.