El periodista y conductor Robertito Funes Ugarte sorprendió a la audiencia al revelar un secreto de sus inicios profesionales que mantuvo oculto durante décadas. En una reciente entrevista, el comunicador confesó que durante su etapa universitaria llevó adelante una doble identidad para poder solventar sus estudios sin generar sospechas en su entorno familiar, especialmente ante su madre.
La etapa como bailarín de Marixa Balli
Antes de consolidarse como una de las figuras más reconocidas de la televisión argentina, Funes Ugarte se desempeñó como bailarín de Marixa Balli. Según su relato, adoptó un nombre artístico diferente para presentarse en los escenarios y programas de televisión de la movida tropical, donde acompañaba a la cantante al ritmo de su éxito «La Cachaca». Esta actividad era realizada de forma clandestina respecto a su vida familiar, motivado por el prejuicio social de la época.
«Me cambié el nombre artísticamente y trabajaba con Marixa», admitió el conductor, destacando que el esfuerzo formaba parte de un plan integral para alcanzar la independencia económica necesaria para terminar su formación académica. Durante ese periodo, Robertito alternó diversas ocupaciones, desde el reparto de pizzas hasta las presentaciones coreográficas masivas.
Las desmentidas familiares y el «parecido» físico
Uno de los puntos más llamativos de la confesión fue la estrategia que utilizaba para convencer a su madre de que no era él quien aparecía en la pantalla. Ante la insistencia de su progenitora, quien notaba un parecido físico innegable, el periodista sostenía sistemáticamente que se trataba de otra persona con una vida y una identidad completamente ajenas a la suya.
Esta anécdota, contada con humor por el protagonista, refleja el sacrificio y la determinación de sus primeros años de carrera. La historia de Robertito Funes Ugarte se suma a la lista de grandes figuras del espectáculo nacional que debieron transitar caminos poco convencionales y realizar múltiples oficios antes de alcanzar la estabilidad profesional y el reconocimiento masivo del que gozan en la actualidad.
<p>El conductor Robertito Funes Ugarte reveló detalles inéditos sobre sus inicios profesionales, confesando que mantuvo una doble identidad para financiar sus estudios universitarios. El periodista admitió haber trabajado como bailarín de Marixa Balli bajo un pseudónimo artístico, ocultando esta actividad a su familia mediante constantes desmentidas sobre su aparición en televisión durante la década de los 90.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si usted pensaba que la doble vida era algo exclusivo de Clark Kent o de algún agente de la ex SIDE, es porque todavía no se enteró del pasado «cachaquero» de Robertito Funes Ugarte. El conductor, que hoy destila elegancia y un manejo del lenguaje que roza lo aristocrático, confesó que en sus años mozos cambió el glam de los eventos internacionales por el sudor de los escenarios bailando junto a la mismísima Marixa Balli. Mientras el mundo lo imaginaba quemándose las pestañas en la facultad, Robertito se calzaba el disfraz de bailarín y se movía al ritmo de la «Cachaca» bajo un nombre artístico, demostrando que para costearse la carrera uno hace lo que sea, incluso si eso implica arriesgarse a que la columna vertebral le pase factura treinta años después.
Lo más desopilante de esta crónica de espionaje tropical es la relación con su madre, quien sospechaba del increíble parecido físico entre el joven que salía en la tele y su hijo. Robertito, con una cara de piedra digna de un monumento en la Plaza 25 de Mayo, le juraba y perjuraba que ese muchacho de movimientos rítmicos era otro, que se llamaba diferente y que seguramente era un primo lejano perdido en la genética. Imaginate la situación: la mujer señalando la pantalla y él, con la pizza de delivery en la mano, negando su propia existencia mediática para evitar el «qué dirán» de una época donde ser bailarín de bailanta era visto como una excentricidad peligrosa para los apellidos tradicionales. De repartir prepizzas a brillar con la reina del microbikini, el camino de Robertito hacia el éxito fue una verdadera carrera de obstáculos entre el anonimato y el brillo de las lentejuelas.
Esta revelación nos deja una enseñanza fundamental: nunca subestimes a un periodista de modales refinados, porque es muy probable que tenga un pasado oculto tirando pasos prohibidos en algún programa de música tropical. Funes Ugarte finalmente soltó el secreto que guardó bajo siete llaves durante décadas, confirmando que antes de ser el referente de los medios que es hoy, tuvo que transpirar la camiseta (o el chaleco de strass) en los escenarios más impensados. Ahora que la verdad salió a la luz, solo nos queda esperar que en alguna fiesta de fin de año se cope y nos regale unos pasos de la Cachaca, para demostrar que el talento, como la buena genética, no se olvida ni se oculta por mucho tiempo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El periodista y conductor Robertito Funes Ugarte sorprendió a la audiencia al revelar un secreto de sus inicios profesionales que mantuvo oculto durante décadas. En una reciente entrevista, el comunicador confesó que durante su etapa universitaria llevó adelante una doble identidad para poder solventar sus estudios sin generar sospechas en su entorno familiar, especialmente ante su madre.
La etapa como bailarín de Marixa Balli
Antes de consolidarse como una de las figuras más reconocidas de la televisión argentina, Funes Ugarte se desempeñó como bailarín de Marixa Balli. Según su relato, adoptó un nombre artístico diferente para presentarse en los escenarios y programas de televisión de la movida tropical, donde acompañaba a la cantante al ritmo de su éxito «La Cachaca». Esta actividad era realizada de forma clandestina respecto a su vida familiar, motivado por el prejuicio social de la época.
«Me cambié el nombre artísticamente y trabajaba con Marixa», admitió el conductor, destacando que el esfuerzo formaba parte de un plan integral para alcanzar la independencia económica necesaria para terminar su formación académica. Durante ese periodo, Robertito alternó diversas ocupaciones, desde el reparto de pizzas hasta las presentaciones coreográficas masivas.
Las desmentidas familiares y el «parecido» físico
Uno de los puntos más llamativos de la confesión fue la estrategia que utilizaba para convencer a su madre de que no era él quien aparecía en la pantalla. Ante la insistencia de su progenitora, quien notaba un parecido físico innegable, el periodista sostenía sistemáticamente que se trataba de otra persona con una vida y una identidad completamente ajenas a la suya.
Esta anécdota, contada con humor por el protagonista, refleja el sacrificio y la determinación de sus primeros años de carrera. La historia de Robertito Funes Ugarte se suma a la lista de grandes figuras del espectáculo nacional que debieron transitar caminos poco convencionales y realizar múltiples oficios antes de alcanzar la estabilidad profesional y el reconocimiento masivo del que gozan en la actualidad.
Si usted pensaba que la doble vida era algo exclusivo de Clark Kent o de algún agente de la ex SIDE, es porque todavía no se enteró del pasado «cachaquero» de Robertito Funes Ugarte. El conductor, que hoy destila elegancia y un manejo del lenguaje que roza lo aristocrático, confesó que en sus años mozos cambió el glam de los eventos internacionales por el sudor de los escenarios bailando junto a la mismísima Marixa Balli. Mientras el mundo lo imaginaba quemándose las pestañas en la facultad, Robertito se calzaba el disfraz de bailarín y se movía al ritmo de la «Cachaca» bajo un nombre artístico, demostrando que para costearse la carrera uno hace lo que sea, incluso si eso implica arriesgarse a que la columna vertebral le pase factura treinta años después.
Lo más desopilante de esta crónica de espionaje tropical es la relación con su madre, quien sospechaba del increíble parecido físico entre el joven que salía en la tele y su hijo. Robertito, con una cara de piedra digna de un monumento en la Plaza 25 de Mayo, le juraba y perjuraba que ese muchacho de movimientos rítmicos era otro, que se llamaba diferente y que seguramente era un primo lejano perdido en la genética. Imaginate la situación: la mujer señalando la pantalla y él, con la pizza de delivery en la mano, negando su propia existencia mediática para evitar el «qué dirán» de una época donde ser bailarín de bailanta era visto como una excentricidad peligrosa para los apellidos tradicionales. De repartir prepizzas a brillar con la reina del microbikini, el camino de Robertito hacia el éxito fue una verdadera carrera de obstáculos entre el anonimato y el brillo de las lentejuelas.
Esta revelación nos deja una enseñanza fundamental: nunca subestimes a un periodista de modales refinados, porque es muy probable que tenga un pasado oculto tirando pasos prohibidos en algún programa de música tropical. Funes Ugarte finalmente soltó el secreto que guardó bajo siete llaves durante décadas, confirmando que antes de ser el referente de los medios que es hoy, tuvo que transpirar la camiseta (o el chaleco de strass) en los escenarios más impensados. Ahora que la verdad salió a la luz, solo nos queda esperar que en alguna fiesta de fin de año se cope y nos regale unos pasos de la Cachaca, para demostrar que el talento, como la buena genética, no se olvida ni se oculta por mucho tiempo.