
La escena cultural de la región se prepara para un nuevo hito con la muestra final de la Clínica de Microteatro Improvisado, programada para este viernes 16. Este evento culmina un ciclo intensivo de formación dedicado a explorar los límites de la creación teatral espontánea.
El encuentro se desarrollará en el emblemático Chalet Cantoni Casa Cultural, con acceso libre y gratuito para todos los interesados. La propuesta busca celebrar la fuerza transformadora del juego, la creación compartida y la intriga que genera lo inesperado en el ámbito escénico.
Bajo la dirección y coordinación de Ivana Taft, la jornada se extenderá desde las 18 hasta las 21 horas, ofreciendo al público la oportunidad de presenciar el resultado de un proceso de inmersión artística.
formación intensiva
Los artistas que formaron parte de esta clínica transitaron un programa de tres días, centrado en un entrenamiento riguroso dividido en módulos fundamentales: físico, narrativo y universo escénico. Esta metodología buscó dotar a los participantes de herramientas esenciales para el desarrollo de la coherencia en sus relatos, la potenciación de su presencia escénica y la capacidad de escucha activa, elementos cruciales en la construcción de personajes verosímiles.
Asimismo, el entrenamiento se enfocó en perfeccionar la composición escénica y el manejo del espacio, habilidades indispensables para cualquier performer que aspire a dominar el arte de la improvisación y la dramaturgia instantánea.
La Clínica de Microteatro Improvisado cerrará su edición este viernes 16 de mayo con una muestra final en el Chalet Cantoni Casa Cultural. El evento, de entrada gratuita, presentará piezas breves de creación espontánea, fruto de tres días de intenso entrenamiento en técnicas físicas, narrativas y escénicas, bajo la dirección de Ivana Taft.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Tras tres días de lo que algunos definen como “entrenamiento intensivo” y otros como “una oportunidad para gritar ideas sin ser juzgado de inmediato”, los participantes exhibirán sus piezas breves. Dicen que son el resultado de la improvisación y la dramaturgia instantánea, una ciencia que aún la academia no termina de comprender.
La cita es en el Chalet Cantoni Casa Cultural, un espacio que generosamente ofrece entrada gratuita, porque el arte, aparentemente, no debería tener peajes, ¿verdad? Se anticipa una celebración de «la potencia del juego y la magia de lo inesperado», conceptos que suenan fantásticos hasta que te topas con lo inesperado de verdad: un actor olvidando su línea o, peor, improvisando demasiado.
Todo esto bajo la férrea coordinación de Ivana Taft, quien, con valentía, dirige este experimento social entre las 18 y las 21 horas. El horario es, curiosamente, perfecto para quienes ya terminaron su jornada laboral y buscan una dosis de caos artístico controlado.
Los participantes, esos valientes del escenario, han soportado tres días de «entrenamiento intensivo» dividido en bloques misteriosos: física (¿para correr del escenario si algo sale mal?), narrativa (¿para entender qué diablos están diciendo?) y universo escénico (¿para no chocar con el atrezzo?). El objetivo oficial era “desarrollar coherencia narrativa” (un oxímoron en la improvisación), “potenciar la presencia” (para que nadie se duerma), “la escucha” (fundamental si quieres fingir que sigues la trama) y “la construcción de personajes” (que probablemente serán tu vecino incómodo o la tía que cuenta chistes viejos). Ah, y “entrenar la composición escénica y el uso del espacio”, para que la performance no termine siendo también un desafío de Tetris.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial

La escena cultural de la región se prepara para un nuevo hito con la muestra final de la Clínica de Microteatro Improvisado, programada para este viernes 16. Este evento culmina un ciclo intensivo de formación dedicado a explorar los límites de la creación teatral espontánea.
El encuentro se desarrollará en el emblemático Chalet Cantoni Casa Cultural, con acceso libre y gratuito para todos los interesados. La propuesta busca celebrar la fuerza transformadora del juego, la creación compartida y la intriga que genera lo inesperado en el ámbito escénico.
Bajo la dirección y coordinación de Ivana Taft, la jornada se extenderá desde las 18 hasta las 21 horas, ofreciendo al público la oportunidad de presenciar el resultado de un proceso de inmersión artística.
formación intensiva
Los artistas que formaron parte de esta clínica transitaron un programa de tres días, centrado en un entrenamiento riguroso dividido en módulos fundamentales: físico, narrativo y universo escénico. Esta metodología buscó dotar a los participantes de herramientas esenciales para el desarrollo de la coherencia en sus relatos, la potenciación de su presencia escénica y la capacidad de escucha activa, elementos cruciales en la construcción de personajes verosímiles.
Asimismo, el entrenamiento se enfocó en perfeccionar la composición escénica y el manejo del espacio, habilidades indispensables para cualquier performer que aspire a dominar el arte de la improvisación y la dramaturgia instantánea.
Tras tres días de lo que algunos definen como “entrenamiento intensivo” y otros como “una oportunidad para gritar ideas sin ser juzgado de inmediato”, los participantes exhibirán sus piezas breves. Dicen que son el resultado de la improvisación y la dramaturgia instantánea, una ciencia que aún la academia no termina de comprender.
La cita es en el Chalet Cantoni Casa Cultural, un espacio que generosamente ofrece entrada gratuita, porque el arte, aparentemente, no debería tener peajes, ¿verdad? Se anticipa una celebración de «la potencia del juego y la magia de lo inesperado», conceptos que suenan fantásticos hasta que te topas con lo inesperado de verdad: un actor olvidando su línea o, peor, improvisando demasiado.
Todo esto bajo la férrea coordinación de Ivana Taft, quien, con valentía, dirige este experimento social entre las 18 y las 21 horas. El horario es, curiosamente, perfecto para quienes ya terminaron su jornada laboral y buscan una dosis de caos artístico controlado.
Los participantes, esos valientes del escenario, han soportado tres días de «entrenamiento intensivo» dividido en bloques misteriosos: física (¿para correr del escenario si algo sale mal?), narrativa (¿para entender qué diablos están diciendo?) y universo escénico (¿para no chocar con el atrezzo?). El objetivo oficial era “desarrollar coherencia narrativa” (un oxímoron en la improvisación), “potenciar la presencia” (para que nadie se duerma), “la escucha” (fundamental si quieres fingir que sigues la trama) y “la construcción de personajes” (que probablemente serán tu vecino incómodo o la tía que cuenta chistes viejos). Ah, y “entrenar la composición escénica y el uso del espacio”, para que la performance no termine siendo también un desafío de Tetris.