De acuerdo con una investigación publicada este lunes por el diario The New York Times, el saldo de víctimas fatales tras la incursión militar de los Estados Unidos en territorio venezolano superaría los 80 muertos. Esta cifra comprende tanto a civiles como a efectivos de las fuerzas de seguridad, marcando un incremento drástico respecto a los informes preliminares que situaban el número de fallecidos en 40 durante las primeras horas del operativo.
El medio estadounidense, citando a un alto funcionario venezolano, subrayó que la cantidad de decesos se duplicó en menos de 48 horas. “En total, el número de muertos asciende al menos a 80, entre civiles y militares, y podría aumentar, según un alto funcionario venezolano. Los medios estatales cubanos informaron que 32 cubanos, entre ellos miembros de las fuerzas armadas en misión a petición de Venezuela, también murieron en los ataques”, detalló la publicación.
Bajas extranjeras y reacciones internacionales
Hasta el momento, no se ha emitido una confirmación oficial conjunta entre Caracas y Washington sobre el balance final de bajas. Sin embargo, el gobierno de Cuba ratificó a través de un comunicado la muerte de 32 ciudadanos cubanos que integraban el anillo de custodia personal de Nicolás Maduro. La Habana calificó a sus combatientes como víctimas de un “nuevo acto criminal de agresión y terrorismo de Estado” y anunció homenajes oficiales para quienes consideró mártires de la solidaridad binacional.
Por su parte, el presidente Donald Trump se refirió a estos hechos durante un traslado aéreo oficial. “Muchos cubanos perdieron la vida, estaban protegiendo a Maduro…”, manifestó el mandatario ante la prensa, para luego añadir con tono irónico que desempeñarse como custodios de la cúpula chavista “no fue una buena decisión”.
Detalles de la ofensiva militar y despliegue de la Delta Force
El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, brindó precisiones sobre el operativo terrestre. Se confirmó que aproximadamente 200 militares estadounidenses, pertenecientes en su mayoría a la Delta Force, ingresaron a la capital venezolana con el objetivo de capturar y trasladar a Maduro. Este despliegue terrestre contó con el apoyo masivo de más de 150 aeronaves, que operaron desde diversas instalaciones regionales.
El arsenal desplegado para neutralizar el sistema de defensa aérea venezolano incluyó:
- Cazas de superioridad aérea F-35 y F-22.
- Bombarderos estratégicos B-1.
- Drones de combate y aviones cisterna.
Los bombardeos tuvieron como objetivo principal los cuarteles militares chavistas, permitiendo desactivar las capacidades de respuesta del país caribeño. Una vez despejado el espacio aéreo, los helicópteros de la fuerza de asalto avanzaron hacia el búnker donde se encontraba el exmandatario junto a su esposa. Reportes de inteligencia y fuentes gubernamentales venezolanas confirmaron ataques simultáneos contra instalaciones militares estratégicas en los estados costeros de Miranda, Aragua y La Guaira. Mientras la ONU mantiene una postura crítica hacia la operación, la Casa Blanca defiende la legalidad de la acción militar que culminó con el traslado de Maduro, quien se ha declarado formalmente como “prisionero de guerra”.
<p>Una investigación reciente reveló que la operación militar de Estados Unidos para capturar a Nicolás Maduro dejó un saldo superior a los 80 fallecidos, incluyendo a 32 efectivos cubanos. El Pentágono confirmó el despliegue de 200 soldados de élite y más de 150 aeronaves en un operativo que neutralizó las defensas venezolanas en Caracas y zonas costeras, generando fuertes críticas internacionales sobre su legalidad.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la nueva temporada de «Democracia Express», donde el delivery llega en un caza F-22 y la propina es una lluvia de misiles sobre tu búnker de confianza. Resulta que la excursión de la Delta Force por Caracas no fue precisamente un retiro espiritual: ya contamos más de 80 bajas, una cifra que sube más rápido que el dólar blue en plena crisis de gabinete. Entre los caídos hay 32 cubanos que, según La Habana, estaban en una «misión solidaria», lo cual es el eufemismo caribeño preferido para decir que terminaron siendo escudos humanos mientras Nicolás intentaba recordar dónde dejó el pasaporte. Donald Trump, con la sutileza de un elefante en una cristalería, tiró un «no fue una buena decisión» respecto a los custodios fallecidos, ganándose el premio al comentario más ácido del siglo mientras volaba cómodamente hacia Washington con un Big Mac en la mano y el control remoto del mundo en la otra.
El despliegue técnico fue tan ridículamente masivo que parece redactado por un pibe de 12 años jugando al Call of Duty con la tarjeta de crédito del padre. Mandaron 150 aeronaves —sí, leyeron bien, ciento cincuenta— para buscar a un solo tipo que probablemente estaba escondido detrás de una cortina de Miraflores. Usaron F-35, cazas F-22 y bombarderos B-1; básicamente, quemaron suficiente combustible para calentar el planeta tres grados adicionales solo para desactivar unos radares que funcionaban con energía solar y mucha fe. El Pentágono confirmó que 200 efectivos entraron a Caracas como si fueran los dueños del edificio, demostrando que cuando el Tío Sam dice «vamos por vos», no te está mandando un WhatsApp con un sticker, está mandando a la Fuerza Aérea completa a tu patio trasero para asegurarse de que el mensaje llegue sin interferencias de señal.
La ONU está ahí, haciendo lo que mejor sabe hacer: criticar con la energía de un bedel jubilado que llega tarde a un reclamo, mientras Maduro grita «¡soy un prisionero de guerra!» desde su celda, dándose cuenta tarde de que su sistema de defensa aérea tenía menos puntería que un daltónico jugando al tiro al blanco. Los ataques no fueron solo en Caracas, sino que repartieron «libertad» por Miranda, Aragua y La Guaira, dejando los cuarteles militares con más agujeros que un queso gruyère olvidado al sol. Es ese nivel de caos donde la realidad supera a la ficción y te deja pensando que, si vas a ser un dictador regional, quizás tu mejor plan de retiro no sea confiarle tu vida a una guardia pretoriana que Cuba manda por correo simple. El show sigue el 17 de marzo, pero por ahora, el resumen es claro: si vas a pelear contra 150 aviones, asegurate de tener un buen seguro de vida, porque el Pentágono no acepta devoluciones ni pedidos de disculpas.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
De acuerdo con una investigación publicada este lunes por el diario The New York Times, el saldo de víctimas fatales tras la incursión militar de los Estados Unidos en territorio venezolano superaría los 80 muertos. Esta cifra comprende tanto a civiles como a efectivos de las fuerzas de seguridad, marcando un incremento drástico respecto a los informes preliminares que situaban el número de fallecidos en 40 durante las primeras horas del operativo.
El medio estadounidense, citando a un alto funcionario venezolano, subrayó que la cantidad de decesos se duplicó en menos de 48 horas. “En total, el número de muertos asciende al menos a 80, entre civiles y militares, y podría aumentar, según un alto funcionario venezolano. Los medios estatales cubanos informaron que 32 cubanos, entre ellos miembros de las fuerzas armadas en misión a petición de Venezuela, también murieron en los ataques”, detalló la publicación.
Bajas extranjeras y reacciones internacionales
Hasta el momento, no se ha emitido una confirmación oficial conjunta entre Caracas y Washington sobre el balance final de bajas. Sin embargo, el gobierno de Cuba ratificó a través de un comunicado la muerte de 32 ciudadanos cubanos que integraban el anillo de custodia personal de Nicolás Maduro. La Habana calificó a sus combatientes como víctimas de un “nuevo acto criminal de agresión y terrorismo de Estado” y anunció homenajes oficiales para quienes consideró mártires de la solidaridad binacional.
Por su parte, el presidente Donald Trump se refirió a estos hechos durante un traslado aéreo oficial. “Muchos cubanos perdieron la vida, estaban protegiendo a Maduro…”, manifestó el mandatario ante la prensa, para luego añadir con tono irónico que desempeñarse como custodios de la cúpula chavista “no fue una buena decisión”.
Detalles de la ofensiva militar y despliegue de la Delta Force
El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, brindó precisiones sobre el operativo terrestre. Se confirmó que aproximadamente 200 militares estadounidenses, pertenecientes en su mayoría a la Delta Force, ingresaron a la capital venezolana con el objetivo de capturar y trasladar a Maduro. Este despliegue terrestre contó con el apoyo masivo de más de 150 aeronaves, que operaron desde diversas instalaciones regionales.
El arsenal desplegado para neutralizar el sistema de defensa aérea venezolano incluyó:
- Cazas de superioridad aérea F-35 y F-22.
- Bombarderos estratégicos B-1.
- Drones de combate y aviones cisterna.
Los bombardeos tuvieron como objetivo principal los cuarteles militares chavistas, permitiendo desactivar las capacidades de respuesta del país caribeño. Una vez despejado el espacio aéreo, los helicópteros de la fuerza de asalto avanzaron hacia el búnker donde se encontraba el exmandatario junto a su esposa. Reportes de inteligencia y fuentes gubernamentales venezolanas confirmaron ataques simultáneos contra instalaciones militares estratégicas en los estados costeros de Miranda, Aragua y La Guaira. Mientras la ONU mantiene una postura crítica hacia la operación, la Casa Blanca defiende la legalidad de la acción militar que culminó con el traslado de Maduro, quien se ha declarado formalmente como “prisionero de guerra”.
Bienvenidos a la nueva temporada de «Democracia Express», donde el delivery llega en un caza F-22 y la propina es una lluvia de misiles sobre tu búnker de confianza. Resulta que la excursión de la Delta Force por Caracas no fue precisamente un retiro espiritual: ya contamos más de 80 bajas, una cifra que sube más rápido que el dólar blue en plena crisis de gabinete. Entre los caídos hay 32 cubanos que, según La Habana, estaban en una «misión solidaria», lo cual es el eufemismo caribeño preferido para decir que terminaron siendo escudos humanos mientras Nicolás intentaba recordar dónde dejó el pasaporte. Donald Trump, con la sutileza de un elefante en una cristalería, tiró un «no fue una buena decisión» respecto a los custodios fallecidos, ganándose el premio al comentario más ácido del siglo mientras volaba cómodamente hacia Washington con un Big Mac en la mano y el control remoto del mundo en la otra.
El despliegue técnico fue tan ridículamente masivo que parece redactado por un pibe de 12 años jugando al Call of Duty con la tarjeta de crédito del padre. Mandaron 150 aeronaves —sí, leyeron bien, ciento cincuenta— para buscar a un solo tipo que probablemente estaba escondido detrás de una cortina de Miraflores. Usaron F-35, cazas F-22 y bombarderos B-1; básicamente, quemaron suficiente combustible para calentar el planeta tres grados adicionales solo para desactivar unos radares que funcionaban con energía solar y mucha fe. El Pentágono confirmó que 200 efectivos entraron a Caracas como si fueran los dueños del edificio, demostrando que cuando el Tío Sam dice «vamos por vos», no te está mandando un WhatsApp con un sticker, está mandando a la Fuerza Aérea completa a tu patio trasero para asegurarse de que el mensaje llegue sin interferencias de señal.
La ONU está ahí, haciendo lo que mejor sabe hacer: criticar con la energía de un bedel jubilado que llega tarde a un reclamo, mientras Maduro grita «¡soy un prisionero de guerra!» desde su celda, dándose cuenta tarde de que su sistema de defensa aérea tenía menos puntería que un daltónico jugando al tiro al blanco. Los ataques no fueron solo en Caracas, sino que repartieron «libertad» por Miranda, Aragua y La Guaira, dejando los cuarteles militares con más agujeros que un queso gruyère olvidado al sol. Es ese nivel de caos donde la realidad supera a la ficción y te deja pensando que, si vas a ser un dictador regional, quizás tu mejor plan de retiro no sea confiarle tu vida a una guardia pretoriana que Cuba manda por correo simple. El show sigue el 17 de marzo, pero por ahora, el resumen es claro: si vas a pelear contra 150 aviones, asegurate de tener un buen seguro de vida, porque el Pentágono no acepta devoluciones ni pedidos de disculpas.