En el marco del segundo aniversario del fallecimiento del líder opositor Alexéi Navalny, un bloque de cinco naciones europeas —Reino Unido, Suecia, Francia, Alemania y los Países Bajos— ha presentado un informe conjunto que asegura que el disidente fue asesinado mediante el uso de epibatidina. Se trata de una neurotoxina extremadamente rara que se encuentra de forma natural en la piel de las ranas dardo, originarias de América Latina, específicamente de Ecuador.
Los laboratorios nacionales de estos países habrían confirmado la presencia de esta sustancia tras analizar muestras biológicas de Navalny. La epibatidina es un alcaloide que actúa sobre los receptores nicotínicos del sistema nervioso y se estima que es 200 veces más potente que la morfina, provocando insuficiencia respiratoria y asfixia en dosis letales. «Dada la toxicidad de la epibatidina y los síntomas reportados, es muy probable que el envenenamiento fuera la causa de su muerte», señala el comunicado oficial.
Denuncia internacional y arsenal químico
Los países firmantes han elevado una denuncia formal ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), acusando formalmente al Estado ruso de violar la Convención sobre Armas Químicas y la de Armas Biológicas. Según el documento, «Rusia contaba con los medios, el motivo y la oportunidad» para administrar el veneno mientras Navalny se encontraba recluido en una prisión de máxima seguridad en el Ártico.
Esta nueva revelación introduce un elemento inédito en el historial de sospechas sobre el uso de sustancias tóxicas por parte del Kremlin. Los expertos sugieren que la toxina pudo haber sido producida sintéticamente en laboratorios estatales rusos para dificultar su detección inicial, dado que no es una sustancia que se encuentre de forma natural en el territorio de la Federación Rusa.
La respuesta del Kremlin
Desde Moscú, la respuesta no se hizo esperar. El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, calificó las acusaciones como «parciales e infundadas» y rechazó firmemente los hallazgos del informe europeo. Rusia mantiene su versión original de que Navalny falleció por «causas naturales» en febrero de 2024, negando cualquier tipo de responsabilidad en el deceso del activista que se había convertido en el principal desafío político para el gobierno de Vladimir Putin.
Por su parte, Yulia Navalnaya, viuda del opositor, afirmó en la Conferencia de Seguridad de Múnich que el asesinato es ahora un «hecho científicamente comprobado». La comunidad internacional permanece atenta a las posibles sanciones o medidas políticas que estos hallazgos puedan desencadenar en el corto plazo.
<p>Una investigación conjunta liderada por el Reino Unido, Francia, Alemania, Suecia y los Países Bajos concluyó que el opositor ruso Alexéi Navalny fue asesinado con epibatidina, una neurotoxina letal extraída de ranas dardo sudamericanas. Las naciones europeas denunciaron a Rusia ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, mientras que el Kremlin calificó las acusaciones de infundadas.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Vladimir Putin lo hizo de nuevo: acaba de elevar el nivel de la guerra fría a una categoría digna de un villano de James Bond con presupuesto de National Geographic. Según un informe europeo, a Alexéi Navalny no lo liquidaron con un simple método carcelario, sino que recurrieron a la «epibatidina», un veneno que solo se encuentra en la piel de unas ranitas dardo de Ecuador. Básicamente, el Kremlin mandó a alguien a recolectar anfibios tropicales para silenciar a un opositor en el Círculo Polar Ártico. Es un nivel de logística tan absurdo que uno se pregunta si el próximo paso de la inteligencia rusa será usar pirañas en la calefacción central o entrenar carpinchos sicarios para misiones en el exterior.
Lo más fascinante es la creatividad del servicio secreto ruso. Podrían haber usado algo discreto, pero prefirieron una toxina 200 veces más potente que la morfina, dejando a los laboratorios occidentales rascándose la cabeza durante dos años. La reacción del Kremlin fue la de siempre: «Nosotros no fuimos, son inventos de Occidente», con esa cara de póker que ponen mientras te sirven un té que brilla en la oscuridad. Sinceramente, uno empieza a sospechar que hay una Yiya Murano viviendo en los sótanos de la Plaza Roja, pero en lugar de masitas con cianuro, la señora se dedica a importar fauna exótica para condimentar el rancho de los presos políticos. Es el «Crime and Punishment» de Dostoievski, pero versión herpetológica y con mucho más cinismo.
Estamos ante un escenario donde la diplomacia internacional se ha convertido en un episodio de «CSI: Amazonía». Los europeos están indignados, la viuda de Navalny dice que ahora tiene las pruebas científicas y Rusia sigue diciendo que el líder opositor murió por causas naturales, como si asfixiarse con veneno de rana ecuatoriana fuera algo que te puede pasar un martes cualquiera en una celda siberiana por falta de vitaminas. A este ritmo, para el 2027 nos vamos a enterar de que a los espías rusos los entrenan dándoles clases particulares de toxicología selvática. Por ahora, lo único claro es que en Moscú, si no te alcanza el Novichok, siempre podés confiar en el delivery de anfibios sudamericanos.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En el marco del segundo aniversario del fallecimiento del líder opositor Alexéi Navalny, un bloque de cinco naciones europeas —Reino Unido, Suecia, Francia, Alemania y los Países Bajos— ha presentado un informe conjunto que asegura que el disidente fue asesinado mediante el uso de epibatidina. Se trata de una neurotoxina extremadamente rara que se encuentra de forma natural en la piel de las ranas dardo, originarias de América Latina, específicamente de Ecuador.
Los laboratorios nacionales de estos países habrían confirmado la presencia de esta sustancia tras analizar muestras biológicas de Navalny. La epibatidina es un alcaloide que actúa sobre los receptores nicotínicos del sistema nervioso y se estima que es 200 veces más potente que la morfina, provocando insuficiencia respiratoria y asfixia en dosis letales. «Dada la toxicidad de la epibatidina y los síntomas reportados, es muy probable que el envenenamiento fuera la causa de su muerte», señala el comunicado oficial.
Denuncia internacional y arsenal químico
Los países firmantes han elevado una denuncia formal ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), acusando formalmente al Estado ruso de violar la Convención sobre Armas Químicas y la de Armas Biológicas. Según el documento, «Rusia contaba con los medios, el motivo y la oportunidad» para administrar el veneno mientras Navalny se encontraba recluido en una prisión de máxima seguridad en el Ártico.
Esta nueva revelación introduce un elemento inédito en el historial de sospechas sobre el uso de sustancias tóxicas por parte del Kremlin. Los expertos sugieren que la toxina pudo haber sido producida sintéticamente en laboratorios estatales rusos para dificultar su detección inicial, dado que no es una sustancia que se encuentre de forma natural en el territorio de la Federación Rusa.
La respuesta del Kremlin
Desde Moscú, la respuesta no se hizo esperar. El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, calificó las acusaciones como «parciales e infundadas» y rechazó firmemente los hallazgos del informe europeo. Rusia mantiene su versión original de que Navalny falleció por «causas naturales» en febrero de 2024, negando cualquier tipo de responsabilidad en el deceso del activista que se había convertido en el principal desafío político para el gobierno de Vladimir Putin.
Por su parte, Yulia Navalnaya, viuda del opositor, afirmó en la Conferencia de Seguridad de Múnich que el asesinato es ahora un «hecho científicamente comprobado». La comunidad internacional permanece atenta a las posibles sanciones o medidas políticas que estos hallazgos puedan desencadenar en el corto plazo.
Vladimir Putin lo hizo de nuevo: acaba de elevar el nivel de la guerra fría a una categoría digna de un villano de James Bond con presupuesto de National Geographic. Según un informe europeo, a Alexéi Navalny no lo liquidaron con un simple método carcelario, sino que recurrieron a la «epibatidina», un veneno que solo se encuentra en la piel de unas ranitas dardo de Ecuador. Básicamente, el Kremlin mandó a alguien a recolectar anfibios tropicales para silenciar a un opositor en el Círculo Polar Ártico. Es un nivel de logística tan absurdo que uno se pregunta si el próximo paso de la inteligencia rusa será usar pirañas en la calefacción central o entrenar carpinchos sicarios para misiones en el exterior.
Lo más fascinante es la creatividad del servicio secreto ruso. Podrían haber usado algo discreto, pero prefirieron una toxina 200 veces más potente que la morfina, dejando a los laboratorios occidentales rascándose la cabeza durante dos años. La reacción del Kremlin fue la de siempre: «Nosotros no fuimos, son inventos de Occidente», con esa cara de póker que ponen mientras te sirven un té que brilla en la oscuridad. Sinceramente, uno empieza a sospechar que hay una Yiya Murano viviendo en los sótanos de la Plaza Roja, pero en lugar de masitas con cianuro, la señora se dedica a importar fauna exótica para condimentar el rancho de los presos políticos. Es el «Crime and Punishment» de Dostoievski, pero versión herpetológica y con mucho más cinismo.
Estamos ante un escenario donde la diplomacia internacional se ha convertido en un episodio de «CSI: Amazonía». Los europeos están indignados, la viuda de Navalny dice que ahora tiene las pruebas científicas y Rusia sigue diciendo que el líder opositor murió por causas naturales, como si asfixiarse con veneno de rana ecuatoriana fuera algo que te puede pasar un martes cualquiera en una celda siberiana por falta de vitaminas. A este ritmo, para el 2027 nos vamos a enterar de que a los espías rusos los entrenan dándoles clases particulares de toxicología selvática. Por ahora, lo único claro es que en Moscú, si no te alcanza el Novichok, siempre podés confiar en el delivery de anfibios sudamericanos.