De la inflación al caos, por qué las protestas en Irán podrían terminar en una intervención de Trump

Redacción Cuyo News
6 min

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, elevó nuevamente la temperatura del conflicto en Medio Oriente al asegurar que su administración está considerando «opciones muy contundentes» contra el régimen de Irán. Esta advertencia surge en un momento crítico, mientras la represión estatal contra las protestas antigubernamentales en la república islámica ingresa en su tercera semana consecutiva, dejando un saldo de víctimas que crece día tras día.

De acuerdo con la Agencia de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), se ha verificado la muerte de casi 500 manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad. No obstante, reportes de la BBC sugieren que la cifra real de fallecidos podría ser sustancialmente superior. En este marco de violencia, Trump reveló que recibió llamadas de funcionarios iraníes para entablar una negociación, aunque fue tajante al declarar: “Quizá tengamos que actuar antes de la reunión”.

Amenazas de represalias regionales

La respuesta de Teherán no se hizo esperar y alcanzó niveles de beligerancia extremos. El fiscal general de Irán advirtió que cualquier ciudadano que participe en las protestas será procesado bajo el cargo de «enemigo de Dios», un delito que, según la legislación vigente en la teocracia, conlleva la pena de muerte. Por otro lado, desde el Poder Legislativo iraní lanzaron una advertencia directa hacia Washington: si se produce una intervención militar, tanto Israel como las bases estadounidenses en la región serán considerados «objetivos legítimos» de ataque.

Las manifestaciones, que se originaron por una inflación descontrolada y una devaluación histórica de la moneda local, ya se han propagado a más de 100 localidades en todas las provincias del país. El reclamo inicial por mejoras económicas mutó rápidamente en una demanda política que exige el fin del sistema clerical liderado por el ayatolá Alí Jamenei.

Un conflicto de narrativas

Para la cúpula del poder iraní, el descontento social es producto de una supuesta manipulación externa. El líder supremo, Jamenei, calificó a los manifestantes como «un puñado de vándalos» cuyo único objetivo es complacer al mandatario estadounidense. En la misma sintonía se pronunció el presidente Masoud Pezeshkian, quien responsabilizó directamente a Estados Unidos e Israel por orquestar los disturbios que mantienen en vilo a la nación persa.

Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación el posible estallido de un conflicto armado directo, dado que la retórica de «máxima presión» de la Casa Blanca colisiona con la postura intransigente de un régimen que parece dispuesto a todo para sostener su hegemonía interna.

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