El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, elevó nuevamente la temperatura del conflicto en Medio Oriente al asegurar que su administración está considerando «opciones muy contundentes» contra el régimen de Irán. Esta advertencia surge en un momento crítico, mientras la represión estatal contra las protestas antigubernamentales en la república islámica ingresa en su tercera semana consecutiva, dejando un saldo de víctimas que crece día tras día.
De acuerdo con la Agencia de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), se ha verificado la muerte de casi 500 manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad. No obstante, reportes de la BBC sugieren que la cifra real de fallecidos podría ser sustancialmente superior. En este marco de violencia, Trump reveló que recibió llamadas de funcionarios iraníes para entablar una negociación, aunque fue tajante al declarar: “Quizá tengamos que actuar antes de la reunión”.
Amenazas de represalias regionales
La respuesta de Teherán no se hizo esperar y alcanzó niveles de beligerancia extremos. El fiscal general de Irán advirtió que cualquier ciudadano que participe en las protestas será procesado bajo el cargo de «enemigo de Dios», un delito que, según la legislación vigente en la teocracia, conlleva la pena de muerte. Por otro lado, desde el Poder Legislativo iraní lanzaron una advertencia directa hacia Washington: si se produce una intervención militar, tanto Israel como las bases estadounidenses en la región serán considerados «objetivos legítimos» de ataque.
Las manifestaciones, que se originaron por una inflación descontrolada y una devaluación histórica de la moneda local, ya se han propagado a más de 100 localidades en todas las provincias del país. El reclamo inicial por mejoras económicas mutó rápidamente en una demanda política que exige el fin del sistema clerical liderado por el ayatolá Alí Jamenei.
Un conflicto de narrativas
Para la cúpula del poder iraní, el descontento social es producto de una supuesta manipulación externa. El líder supremo, Jamenei, calificó a los manifestantes como «un puñado de vándalos» cuyo único objetivo es complacer al mandatario estadounidense. En la misma sintonía se pronunció el presidente Masoud Pezeshkian, quien responsabilizó directamente a Estados Unidos e Israel por orquestar los disturbios que mantienen en vilo a la nación persa.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación el posible estallido de un conflicto armado directo, dado que la retórica de «máxima presión» de la Casa Blanca colisiona con la postura intransigente de un régimen que parece dispuesto a todo para sostener su hegemonía interna.
<p>El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió sobre posibles acciones militares «contundentes» contra Irán ante la escalada de violencia en la región. Mientras las protestas en la república islámica entran en su tercera semana con un saldo estimado de 500 muertos, el régimen de Teherán amenazó con represalias contra Israel y bases estadounidenses en caso de una intervención extranjera.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Parece que el mundo no tiene un respiro y Donald Trump decidió que la mejor forma de arrancar la semana es sacándole el polvo a los mapas del Pentágono. Con ese estilo tan suyo, mezcla de presentador de reality show y comandante en jefe con el dedo inquieto, el rubio de la Casa Blanca avisó que tiene preparadas unas «opciones muy contundentes» para Irán. Según él, los funcionarios iraníes lo llaman por teléfono desesperados para negociar, como si fuera una expareja arrepentida a las tres de la mañana, pero Donald ya les clavó el visto y avisó que «quizás tenga que actuar» antes de sentarse a tomar un café. Es el clásico suspenso de Trump: te vende el final de la película antes de que se apaguen las luces, mientras el mundo entero contiene la respiración y revisa cuánto subió el barril de crudo.
Del otro lado, en Teherán, la sutileza brilla por su ausencia. El fiscal general iraní, en un despliegue de tolerancia democrática, dictaminó que cualquiera que salga a la calle con un cartelito es directamente un «enemigo de Dios», un cargo que en el Código Penal local te garantiza un pasaje de ida sin escalas al otro mundo. Mientras tanto, el presidente del Parlamento avisó que, si Estados Unidos se hace el vivo, Israel y todas las bases yanquis van a pagar los platos rotos. Básicamente, la diplomacia internacional se ha transformado en una pelea de consorcio pero con misiles balísticos y ojivas nucleares sobre la mesa. Es como ver un capítulo de una serie de espías donde todos los guionistas se tomaron tres cafés de más y decidieron que el final tiene que ser explosivo.
En el medio de este tire y afloje de titanes con egos tamaño continental, está la gente. Los manifestantes en Irán ya no solo protestan porque la moneda vale menos que un billete de Monopoly, sino que quieren que el ayatolá Alí Jamenei se busque un hobby lejos del poder. Pero para Jamenei, los cientos de miles de personas en las calles son solo «un puñado de vándalos» que lo hacen para que Trump les dé un «like» en las redes sociales.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, elevó nuevamente la temperatura del conflicto en Medio Oriente al asegurar que su administración está considerando «opciones muy contundentes» contra el régimen de Irán. Esta advertencia surge en un momento crítico, mientras la represión estatal contra las protestas antigubernamentales en la república islámica ingresa en su tercera semana consecutiva, dejando un saldo de víctimas que crece día tras día.
De acuerdo con la Agencia de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), se ha verificado la muerte de casi 500 manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad. No obstante, reportes de la BBC sugieren que la cifra real de fallecidos podría ser sustancialmente superior. En este marco de violencia, Trump reveló que recibió llamadas de funcionarios iraníes para entablar una negociación, aunque fue tajante al declarar: “Quizá tengamos que actuar antes de la reunión”.
Amenazas de represalias regionales
La respuesta de Teherán no se hizo esperar y alcanzó niveles de beligerancia extremos. El fiscal general de Irán advirtió que cualquier ciudadano que participe en las protestas será procesado bajo el cargo de «enemigo de Dios», un delito que, según la legislación vigente en la teocracia, conlleva la pena de muerte. Por otro lado, desde el Poder Legislativo iraní lanzaron una advertencia directa hacia Washington: si se produce una intervención militar, tanto Israel como las bases estadounidenses en la región serán considerados «objetivos legítimos» de ataque.
Las manifestaciones, que se originaron por una inflación descontrolada y una devaluación histórica de la moneda local, ya se han propagado a más de 100 localidades en todas las provincias del país. El reclamo inicial por mejoras económicas mutó rápidamente en una demanda política que exige el fin del sistema clerical liderado por el ayatolá Alí Jamenei.
Un conflicto de narrativas
Para la cúpula del poder iraní, el descontento social es producto de una supuesta manipulación externa. El líder supremo, Jamenei, calificó a los manifestantes como «un puñado de vándalos» cuyo único objetivo es complacer al mandatario estadounidense. En la misma sintonía se pronunció el presidente Masoud Pezeshkian, quien responsabilizó directamente a Estados Unidos e Israel por orquestar los disturbios que mantienen en vilo a la nación persa.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación el posible estallido de un conflicto armado directo, dado que la retórica de «máxima presión» de la Casa Blanca colisiona con la postura intransigente de un régimen que parece dispuesto a todo para sostener su hegemonía interna.
Parece que el mundo no tiene un respiro y Donald Trump decidió que la mejor forma de arrancar la semana es sacándole el polvo a los mapas del Pentágono. Con ese estilo tan suyo, mezcla de presentador de reality show y comandante en jefe con el dedo inquieto, el rubio de la Casa Blanca avisó que tiene preparadas unas «opciones muy contundentes» para Irán. Según él, los funcionarios iraníes lo llaman por teléfono desesperados para negociar, como si fuera una expareja arrepentida a las tres de la mañana, pero Donald ya les clavó el visto y avisó que «quizás tenga que actuar» antes de sentarse a tomar un café. Es el clásico suspenso de Trump: te vende el final de la película antes de que se apaguen las luces, mientras el mundo entero contiene la respiración y revisa cuánto subió el barril de crudo.
Del otro lado, en Teherán, la sutileza brilla por su ausencia. El fiscal general iraní, en un despliegue de tolerancia democrática, dictaminó que cualquiera que salga a la calle con un cartelito es directamente un «enemigo de Dios», un cargo que en el Código Penal local te garantiza un pasaje de ida sin escalas al otro mundo. Mientras tanto, el presidente del Parlamento avisó que, si Estados Unidos se hace el vivo, Israel y todas las bases yanquis van a pagar los platos rotos. Básicamente, la diplomacia internacional se ha transformado en una pelea de consorcio pero con misiles balísticos y ojivas nucleares sobre la mesa. Es como ver un capítulo de una serie de espías donde todos los guionistas se tomaron tres cafés de más y decidieron que el final tiene que ser explosivo.
En el medio de este tire y afloje de titanes con egos tamaño continental, está la gente. Los manifestantes en Irán ya no solo protestan porque la moneda vale menos que un billete de Monopoly, sino que quieren que el ayatolá Alí Jamenei se busque un hobby lejos del poder. Pero para Jamenei, los cientos de miles de personas en las calles son solo «un puñado de vándalos» que lo hacen para que Trump les dé un «like» en las redes sociales.