La Fórmula E aprovechó el escenario del E-Prix de Yeda para implementar una estrategia de comunicación que ha generado un fuerte debate en el paddock internacional. El evento, denominado EVO Sessions, consistió en poner a diez reconocidos influencers al volante de monoplazas de última generación, capaces de desarrollar una potencia de 470 CV, en uno de los trazados urbanos más exigentes y peligrosos del calendario mundial.
El objetivo de la organización, según explicó la directora de marketing de la categoría, Ellie Norman, era acercar la competición a nuevas audiencias y aumentar la popularidad de los vehículos eléctricos. Sin embargo, la jornada estuvo marcada por daños materiales significativos cuando varios de los invitados perdieron el control de sus vehículos y terminaron impactando contra las protecciones del circuito de Arabia Saudita. Aunque no se registraron heridos de gravedad, la minuta de reparación de los daños aún no ha sido especificada, en un deporte donde los costos de mantenimiento son extremadamente elevados.
Críticas desde el profesionalismo
El piloto Dani Juncadella, quien esta temporada debutará en el Hypercar de Génesis, fue uno de los críticos más feroces de la iniciativa. Tras el fuerte accidente de la influencer Izzy Hammond, cuyo impacto contra el muro alcanzó los 25G, Juncadella expresó su preocupación por la seguridad: “Un día algún invitado de estos se hará daño de verdad y entonces, ¿qué? Menuda burrada”, sentenció el catalán a través de sus redes sociales.
La polémica se intensificó cuando usuarios y otros pilotos cuestionaron si el accidente de Hammond se debió a un fallo mecánico. Juncadella fue contundente al señalar que la falla no radicaba en el monoplaza, sino en las aptitudes de quien conducía, indicando irónicamente que el problema se encontraba «entre el asiento y el volante».
Marketing vs. Seguridad
A pesar de que los participantes pasaron horas de entrenamiento en simuladores y realizaron las pruebas de ajuste de asiento correspondientes, la brecha entre la experiencia virtual y la conducción real en un circuito callejero quedó en evidencia. La organización defendió el proceso de preparación de los invitados, pero las imágenes de los coches de última generación estrellados contra los muros de Jeddah Corniche han puesto en duda la viabilidad de repetir este tipo de eventos en circuitos de tan alta complejidad técnica.
<p>La Fórmula E generó controversia en el E-Prix de Yeda al organizar las «EVO Sessions», un evento que puso a diez influencers al volante de monoplazas Gen3 de 470 CV. La iniciativa, destinada a captar nuevas audiencias, terminó con múltiples colisiones contra los muros del circuito callejero, desatando duras críticas de pilotos profesionales sobre la seguridad y los costos de estos experimentos mediáticos.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos al «Gran Premio de la Abolladura», un evento traído a ustedes por los genios del marketing de la Fórmula E que decidieron que la mejor forma de vender autos eléctricos era dárselos a diez influencers para que jugaran a los autitos chocadores en la vida real. La idea era simple: imitar el formato de la Kings League de Piqué, pero cambiando una pelota de fútbol por bestias de 470 CV y una cancha de césped por el asfalto de Yeda, donde los muros están tan cerca que podés sentir el aliento del cemento en el cuello. ¿Qué podía salir mal? Básicamente todo, salvo que el objetivo fuera probar la resistencia de la fibra de carbono contra el orgullo de quienes confunden una historia de Instagram con la telemetría de un piloto de élite.
Afortunadamente, el saldo fue solo de chapa y pintura —bueno, de varios millones de dólares en chapa y pintura—, pero el espectáculo fue digno de un video de bloopers de los años 90. Mientras los «pilotos invitados» pasaban del simulador al muro con una velocidad envidiable, los profesionales de verdad, esos que no necesitan filtros de belleza para tomar una curva, empezaron a agarrarse la cabeza. Dani Juncadella, que de esto sabe un poco más que alguien que hace un unboxing de maquillaje, fue lapidario cuando vio a Izzy Hammond estamparse contra el paredón con un impacto de 25G. Para el catalán, el problema no fue técnico ni de aceleradores trabados; el error estaba «entre el asiento y el volante». Una forma muy elegante de decir que tener muchos seguidores no te da el talento para domar un Lola a toda marcha.
Lo más tierno de todo es la justificación oficial: «pasan por el proceso de ser pilotos», dicen desde la organización, como si un par de horas en un simulador compensaran años de karting y riesgo real. Es esa fantasía moderna de que cualquier persona con buena señal de Wi-Fi puede hacer cualquier cosa. Juncadella tiró el remate final: «Si intentaron invitar a Max Verstappen hace un par de días, supongo que esto era el plan B». Un plan B que sale carísimo, que rompe máquinas que valen una fortuna y que, de milagro, no terminó con alguien internado. Pero bueno, lo importante es que los clicks subieron y que ahora sabemos que los muros de Arabia Saudí son mucho más duros que la realidad virtual.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La Fórmula E aprovechó el escenario del E-Prix de Yeda para implementar una estrategia de comunicación que ha generado un fuerte debate en el paddock internacional. El evento, denominado EVO Sessions, consistió en poner a diez reconocidos influencers al volante de monoplazas de última generación, capaces de desarrollar una potencia de 470 CV, en uno de los trazados urbanos más exigentes y peligrosos del calendario mundial.
El objetivo de la organización, según explicó la directora de marketing de la categoría, Ellie Norman, era acercar la competición a nuevas audiencias y aumentar la popularidad de los vehículos eléctricos. Sin embargo, la jornada estuvo marcada por daños materiales significativos cuando varios de los invitados perdieron el control de sus vehículos y terminaron impactando contra las protecciones del circuito de Arabia Saudita. Aunque no se registraron heridos de gravedad, la minuta de reparación de los daños aún no ha sido especificada, en un deporte donde los costos de mantenimiento son extremadamente elevados.
Críticas desde el profesionalismo
El piloto Dani Juncadella, quien esta temporada debutará en el Hypercar de Génesis, fue uno de los críticos más feroces de la iniciativa. Tras el fuerte accidente de la influencer Izzy Hammond, cuyo impacto contra el muro alcanzó los 25G, Juncadella expresó su preocupación por la seguridad: “Un día algún invitado de estos se hará daño de verdad y entonces, ¿qué? Menuda burrada”, sentenció el catalán a través de sus redes sociales.
La polémica se intensificó cuando usuarios y otros pilotos cuestionaron si el accidente de Hammond se debió a un fallo mecánico. Juncadella fue contundente al señalar que la falla no radicaba en el monoplaza, sino en las aptitudes de quien conducía, indicando irónicamente que el problema se encontraba «entre el asiento y el volante».
Marketing vs. Seguridad
A pesar de que los participantes pasaron horas de entrenamiento en simuladores y realizaron las pruebas de ajuste de asiento correspondientes, la brecha entre la experiencia virtual y la conducción real en un circuito callejero quedó en evidencia. La organización defendió el proceso de preparación de los invitados, pero las imágenes de los coches de última generación estrellados contra los muros de Jeddah Corniche han puesto en duda la viabilidad de repetir este tipo de eventos en circuitos de tan alta complejidad técnica.
Bienvenidos al «Gran Premio de la Abolladura», un evento traído a ustedes por los genios del marketing de la Fórmula E que decidieron que la mejor forma de vender autos eléctricos era dárselos a diez influencers para que jugaran a los autitos chocadores en la vida real. La idea era simple: imitar el formato de la Kings League de Piqué, pero cambiando una pelota de fútbol por bestias de 470 CV y una cancha de césped por el asfalto de Yeda, donde los muros están tan cerca que podés sentir el aliento del cemento en el cuello. ¿Qué podía salir mal? Básicamente todo, salvo que el objetivo fuera probar la resistencia de la fibra de carbono contra el orgullo de quienes confunden una historia de Instagram con la telemetría de un piloto de élite.
Afortunadamente, el saldo fue solo de chapa y pintura —bueno, de varios millones de dólares en chapa y pintura—, pero el espectáculo fue digno de un video de bloopers de los años 90. Mientras los «pilotos invitados» pasaban del simulador al muro con una velocidad envidiable, los profesionales de verdad, esos que no necesitan filtros de belleza para tomar una curva, empezaron a agarrarse la cabeza. Dani Juncadella, que de esto sabe un poco más que alguien que hace un unboxing de maquillaje, fue lapidario cuando vio a Izzy Hammond estamparse contra el paredón con un impacto de 25G. Para el catalán, el problema no fue técnico ni de aceleradores trabados; el error estaba «entre el asiento y el volante». Una forma muy elegante de decir que tener muchos seguidores no te da el talento para domar un Lola a toda marcha.
Lo más tierno de todo es la justificación oficial: «pasan por el proceso de ser pilotos», dicen desde la organización, como si un par de horas en un simulador compensaran años de karting y riesgo real. Es esa fantasía moderna de que cualquier persona con buena señal de Wi-Fi puede hacer cualquier cosa. Juncadella tiró el remate final: «Si intentaron invitar a Max Verstappen hace un par de días, supongo que esto era el plan B». Un plan B que sale carísimo, que rompe máquinas que valen una fortuna y que, de milagro, no terminó con alguien internado. Pero bueno, lo importante es que los clicks subieron y que ahora sabemos que los muros de Arabia Saudí son mucho más duros que la realidad virtual.