En un movimiento que busca consolidar la influencia de Washington en el nuevo orden regional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este jueves la conformación oficial del «Consejo de Paz» para Gaza. Este organismo se constituye como la pieza fundamental de la segunda etapa del plan de paz diseñado por la Casa Blanca, cuyo objetivo central es establecer una estructura de gobernanza estable tras el cese de las hostilidades en el enclave palestino.
A través de su plataforma Truth Social, Trump subrayó la relevancia del nuevo cuerpo diplomático, asegurando que los nombres de sus integrantes se revelarán en los próximos días. «Es para mí un gran honor anunciar que SE HA FORMADO EL CONSEJO DE PAZ», manifestó el mandatario, quien además calificó a la entidad como la más prestigiosa de la historia. El consejo tendrá la función primordial de supervisar al comité tecnocrático palestino, un equipo de 15 especialistas que asumirá las tareas administrativas y civiles en la Franja de Gaza.
Fuerza internacional y seguridad en el terreno
El esquema propuesto por Estados Unidos no se limita a la gestión política, sino que contempla un componente de seguridad operativa. El plan incluye el despliegue de una fuerza internacional de estabilización, la cual tendrá la doble misión de garantizar la seguridad en el territorio y brindar entrenamiento técnico a unidades seleccionadas de la policía palestina. Este despliegue busca llenar el vacío de poder y evitar el resurgimiento de facciones armadas durante el proceso de transición.
Desde el lado palestino, la reacción ha sido de cautela y expectativa. Basem Naim, alto dirigente de Hamás, emitió un comunicado el jueves señalando que el éxito de esta estructura depende ahora de la voluntad externa. «La pelota está ahora en el campo de los mediadores, del garante estadounidense y de la comunidad internacional para dar al comité los medios para actuar», afirmó el representante, subrayando que la operatividad del comité tecnocrático estará supeditada a las garantías que brinde Washington.
Desafíos pendientes y la fase dos del plan
Aunque el acuerdo marco, en vigor desde el pasado 10 de octubre, logró hitos significativos como el retorno de todos los rehenes y la suspensión de los combates directos, la implementación de la segunda fase enfrenta obstáculos críticos. Para la representación palestina, la prioridad innegociable sigue siendo la retirada militar completa de Israel de la Franja de Gaza, un punto que, si bien está contemplado en el acuerdo, carece aún de un cronograma de ejecución detallado.
Por otro lado, la exigencia de Israel sobre un desarme total de Hamás permanece como el principal punto de fricción. Hasta el momento, la organización palestina se ha negado a realizar compromisos públicos respecto a la entrega de su arsenal, lo que genera una incertidumbre latente sobre la viabilidad de la paz a largo plazo. El Consejo de Paz presidido por Trump deberá navegar estas tensiones estructurales para evitar que la tregua actual se desmorone ante la falta de acuerdos en materia de defensa y soberanía.
<p>El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la creación de un «Consejo de Paz» para supervisar la administración de la Franja de Gaza en la posguerra. El organismo coordinará a un comité tecnocrático de 15 miembros y una fuerza de estabilización internacional. Pese a los avances de la fase dos del plan, persisten conflictos sobre la retirada militar israelí y el desarme de las milicias.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Desde la comodidad de su ecosistema digital en Truth Social, el presidente Donald Trump ha decidido que la milenaria y trágica complejidad del conflicto en Medio Oriente se puede solucionar con la misma estética y modestia con la que se inaugura un hotel de lujo en Atlantic City. El flamante «Consejo de Paz» para Gaza no es, según el mandatario, una simple mesa de negociación diplomática, sino «el organismo más grande y prestigioso jamás reunido en cualquier momento y lugar», una descripción que nos hace sospechar que los diplomáticos no llevarán maletines, sino bandas de seda con el nombre de sus países y quizás desfilen en traje de baño antes de discutir el trazado de las fronteras.
La estrategia, que parece diseñada por un productor ejecutivo de televisión con un presupuesto ilimitado, incluye un comité de 15 expertos palestinos que ahora tienen la envidiable tarea de administrar un territorio en ruinas bajo la atenta mirada de un consejo presidido por el propio Trump. Es fascinante imaginar las sesiones de trabajo: mientras los tecnócratas intentan restablecer el servicio de agua potable y la electricidad, el presidente probablemente sugiera que la reconstrucción de Gaza incluya columnas doradas y campos de golf con vista al Mediterráneo para que la zona recupere su «energía ganadora». Porque si algo le faltaba a una de las regiones más castigadas del planeta, era un toque de marketing inmobiliario neoyorquino para sellar la concordia definitiva.
Por supuesto, como en todo buen guion de suspenso, la «fase dos» del plan tiene algunos detalles técnicos sin importancia, como el hecho de que Israel no ha puesto fecha para retirar sus tropas y que Hamás no tiene la más mínima intención de entregar sus armas. Pero para la administración Trump, estos son apenas inconvenientes menores frente a la magnitud de haber formado un consejo tan «prestigioso». Mientras Basem Naim, dirigente de Hamás, dice que «la pelota está en el campo de los mediadores», nosotros sospechamos que la pelota en realidad está perdida en algún búnker de Mar-a-Lago, esperando que alguien decida si la paz mundial se firma con una pluma de oro o si simplemente se anuncia con un posteo con exceso de mayúsculas en redes sociales.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En un movimiento que busca consolidar la influencia de Washington en el nuevo orden regional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este jueves la conformación oficial del «Consejo de Paz» para Gaza. Este organismo se constituye como la pieza fundamental de la segunda etapa del plan de paz diseñado por la Casa Blanca, cuyo objetivo central es establecer una estructura de gobernanza estable tras el cese de las hostilidades en el enclave palestino.
A través de su plataforma Truth Social, Trump subrayó la relevancia del nuevo cuerpo diplomático, asegurando que los nombres de sus integrantes se revelarán en los próximos días. «Es para mí un gran honor anunciar que SE HA FORMADO EL CONSEJO DE PAZ», manifestó el mandatario, quien además calificó a la entidad como la más prestigiosa de la historia. El consejo tendrá la función primordial de supervisar al comité tecnocrático palestino, un equipo de 15 especialistas que asumirá las tareas administrativas y civiles en la Franja de Gaza.
Fuerza internacional y seguridad en el terreno
El esquema propuesto por Estados Unidos no se limita a la gestión política, sino que contempla un componente de seguridad operativa. El plan incluye el despliegue de una fuerza internacional de estabilización, la cual tendrá la doble misión de garantizar la seguridad en el territorio y brindar entrenamiento técnico a unidades seleccionadas de la policía palestina. Este despliegue busca llenar el vacío de poder y evitar el resurgimiento de facciones armadas durante el proceso de transición.
Desde el lado palestino, la reacción ha sido de cautela y expectativa. Basem Naim, alto dirigente de Hamás, emitió un comunicado el jueves señalando que el éxito de esta estructura depende ahora de la voluntad externa. «La pelota está ahora en el campo de los mediadores, del garante estadounidense y de la comunidad internacional para dar al comité los medios para actuar», afirmó el representante, subrayando que la operatividad del comité tecnocrático estará supeditada a las garantías que brinde Washington.
Desafíos pendientes y la fase dos del plan
Aunque el acuerdo marco, en vigor desde el pasado 10 de octubre, logró hitos significativos como el retorno de todos los rehenes y la suspensión de los combates directos, la implementación de la segunda fase enfrenta obstáculos críticos. Para la representación palestina, la prioridad innegociable sigue siendo la retirada militar completa de Israel de la Franja de Gaza, un punto que, si bien está contemplado en el acuerdo, carece aún de un cronograma de ejecución detallado.
Por otro lado, la exigencia de Israel sobre un desarme total de Hamás permanece como el principal punto de fricción. Hasta el momento, la organización palestina se ha negado a realizar compromisos públicos respecto a la entrega de su arsenal, lo que genera una incertidumbre latente sobre la viabilidad de la paz a largo plazo. El Consejo de Paz presidido por Trump deberá navegar estas tensiones estructurales para evitar que la tregua actual se desmorone ante la falta de acuerdos en materia de defensa y soberanía.
Desde la comodidad de su ecosistema digital en Truth Social, el presidente Donald Trump ha decidido que la milenaria y trágica complejidad del conflicto en Medio Oriente se puede solucionar con la misma estética y modestia con la que se inaugura un hotel de lujo en Atlantic City. El flamante «Consejo de Paz» para Gaza no es, según el mandatario, una simple mesa de negociación diplomática, sino «el organismo más grande y prestigioso jamás reunido en cualquier momento y lugar», una descripción que nos hace sospechar que los diplomáticos no llevarán maletines, sino bandas de seda con el nombre de sus países y quizás desfilen en traje de baño antes de discutir el trazado de las fronteras.
La estrategia, que parece diseñada por un productor ejecutivo de televisión con un presupuesto ilimitado, incluye un comité de 15 expertos palestinos que ahora tienen la envidiable tarea de administrar un territorio en ruinas bajo la atenta mirada de un consejo presidido por el propio Trump. Es fascinante imaginar las sesiones de trabajo: mientras los tecnócratas intentan restablecer el servicio de agua potable y la electricidad, el presidente probablemente sugiera que la reconstrucción de Gaza incluya columnas doradas y campos de golf con vista al Mediterráneo para que la zona recupere su «energía ganadora». Porque si algo le faltaba a una de las regiones más castigadas del planeta, era un toque de marketing inmobiliario neoyorquino para sellar la concordia definitiva.
Por supuesto, como en todo buen guion de suspenso, la «fase dos» del plan tiene algunos detalles técnicos sin importancia, como el hecho de que Israel no ha puesto fecha para retirar sus tropas y que Hamás no tiene la más mínima intención de entregar sus armas. Pero para la administración Trump, estos son apenas inconvenientes menores frente a la magnitud de haber formado un consejo tan «prestigioso». Mientras Basem Naim, dirigente de Hamás, dice que «la pelota está en el campo de los mediadores», nosotros sospechamos que la pelota en realidad está perdida en algún búnker de Mar-a-Lago, esperando que alguien decida si la paz mundial se firma con una pluma de oro o si simplemente se anuncia con un posteo con exceso de mayúsculas en redes sociales.