El «apagón táctico» que dejó ciega a la defensa venezolana y permitió la superioridad aérea total

Redacción Cuyo News
9 min

La reciente operación militar ejecutada por los Estados Unidos en territorio venezolano ha marcado un hito en la historia bélica contemporánea, logrando el desplazamiento de Nicolás Maduro tras una ofensiva que neutralizó con precisión quirúrgica los centros neurálgicos del país. El operativo no solo cumplió su objetivo político, sino que expuso una falla estructural crítica en las Fuerzas Armadas venezolanas: la incapacidad de su tecnología de origen chino y ruso para resistir un entorno de guerra electrónica y ataques multidominio.

El colapso de la red de detección

En la fase inicial de la incursión, los medios estadounidenses lograron degradar y cegar los sensores clave que conformaban el anillo defensivo del país. La red de radares suministrada por la China Electronics Technology Group, que incluía el sofisticado sistema JYL-1 de vigilancia tridimensional y el radar de onda métrica JY-27 —considerado durante años un “cazador de aeronaves furtivas”—, fue inutilizada mediante interferencia electrónica intensiva. Esta acción dejó al sistema de defensa aérea integrado sin capacidad de alerta temprana, un factor que se vio agravado por un corte masivo de energía eléctrica diseñado para desarticular las comunicaciones de comando y control.

La neutralización de los radares impidió que los sistemas antiaéreos de largo alcance, como los complejos S-300V y Buk-M2 adquiridos a Rusia, pudieran operar de manera efectiva. Sin enlaces de datos funcionales, las unidades quedaron aisladas, permitiendo que las fuerzas estadounidenses obtuvieran una superioridad aérea total en cuestión de minutos.

Incursión de unidades de élite y superioridad técnica

Con el control del espacio aéreo asegurado y las capacidades de defensa suprimidas (misiones SEAD), se procedió al despliegue de las capacidades aeromóviles expedicionarias del 160th Special Operations Aviation Regiment, unidad conocida como “Night Stalkers”, junto a efectivos del Special Forces Operational Detachment–Delta (1st SFOD-D). El uso coordinado de helicópteros MH-60M Black Hawk, MH-47G Chinook y aeronaves de rotores basculantes MV-22 Osprey permitió el asalto a objetivos estratégicos sin resistencia significativa.

A pesar de que se confirmó visualmente el uso del sistema portátil 9K338 por parte de personal de las FANB, su empleo fue limitado y no logró alterar el curso de la operación. Según el reporte oficial posterior al conflicto, solo una aeronave estadounidense fue alcanzada por fuego hostil, logrando retornar a su base de origen sin inconvenientes mayores.

Análisis de la vulnerabilidad estructural

Para los especialistas militares, el desenlace de la operación pone de manifiesto que la superioridad tecnológica no reside únicamente en la adquisición de equipos o «hardware». La caída de la arquitectura defensiva venezolana respondió a la incapacidad del esquema de comando y control de diseño chino para operar bajo condiciones de interferencia extrema.

La operación dejó en claro que, ante un adversario capaz de integrar inteligencia en tiempo real, guerra electrónica y operaciones especiales, los sistemas estáticos y las defensas escalonadas pierden su efectividad si carecen de resiliencia y coherencia sistémica. La velocidad con la que se desarticularon las defensas aéreas de Venezuela servirá, a partir de ahora, como un caso de estudio sobre las limitaciones de la tecnología de exportación frente a potencias con capacidades de ataque de precisión y dominio del espectro electromagnético.

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