La corporación estadounidense Chevron ha intensificado sus operaciones en territorio venezolano al programar el despacho de once buques petroleros para este mes de enero de 2026. Esta maniobra consolida la posición de la compañía de Houston como el único exportador autorizado de crudo en la nación sudamericana, tras la salida de Nicolás Maduro del poder mediante la intervención de fuerzas de Estados Unidos. Este volumen de carga representa el nivel más alto registrado desde el pasado mes de octubre.
Licencias especiales y el rol del Tesoro
Pese al complejo escenario político y militar, Chevron continúa operando bajo una licencia especial otorgada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Este permiso jurídico le permite a la firma producir y comercializar petróleo venezolano a pesar del régimen de sanciones que Washington mantiene vigente para el resto de los actores económicos. Mientras otros operadores enfrentan restricciones severas, la petrolera estadounidense se ha convertido en el puente logístico y comercial fundamental entre los yacimientos locales y el mercado internacional.
Todo el crudo extraído por la compañía en suelo venezolano tiene como destino final diversas plantas de procesamiento en territorio estadounidense. Según registros de movimientos portuarios, entre los principales receptores se encuentran Valero Energy Corp, Phillips 66 y Marathon Petroleum Corp. El gobierno de Donald Trump sostiene que la participación de estas empresas es vital para reactivar una infraestructura petrolera degradada por años de desinversión y denuncias de corrupción administrativa.
Bloqueo naval y seguridad en el Caribe
El flujo de exportaciones de Chevron se mantiene activo aun en medio de un fuerte refuerzo militar estadounidense en aguas del Caribe. Esta presencia naval ha obligado a que, al menos, doce buques cisterna ajenos a la operadora autorizada debieran modificar sus rutas de navegación. En el marco de estas operaciones de vigilancia, se informó que dos petroleros vinculados al transporte de crudo sancionado fueron interceptados por las fuerzas navales.
Un tercer navío, identificado como “Marinera” o “Bella 1”, permanece bajo seguimiento por parte de las autoridades. Según informó el medio CBS News, este buque continúa siendo objeto de persecución en aguas internacionales. Por el contrario, de la flota programada por Chevron, uno de los buques ya ha completado su carga y otros dos se encuentran actualmente atracados en terminales portuarias venezolanas, garantizando la continuidad de la cadena de suministro hacia las refinerías del Golfo de México.
<p>Chevron ha despachado once buques hacia Venezuela durante el presente mes de enero, consolidándose como la única operadora autorizada para exportar crudo tras la salida de Nicolás Maduro. Pese al bloqueo naval estadounidense en el Caribe, la petrolera mantiene el flujo de cargas bajo licencia especial. El crudo abastecerá a refinerías en Estados Unidos como parte de la estrategia para reactivar la producción energética regional.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Venezuela ha completado oficialmente su transición de nación soberana a ser, básicamente, una estación de servicio con salida al mar gestionada por Houston. En este enero de 2026, mientras el resto de los mortales intenta cumplir sus promesas de gimnasio, Chevron ha decidido que su propósito de año nuevo es llevarse hasta el último rastro de hidrocarburos que quede en el subsuelo venezolano. Con once buques fletados haciendo fila como si fuera el autoservicio de una cadena de hamburguesas, la compañía se consagra como la dueña absoluta del tablero, operando con una impunidad técnica que solo una licencia del Departamento del Tesoro y un despliegue militar de proporciones épicas pueden otorgar. Es el triunfo del orden sobre el caos, o al menos eso dicen los comunicados, mientras el petróleo fluye hacia el norte con la precisión de un reloj suizo.
El bloqueo naval estadounidense en el Caribe funciona con la rigurosidad de un patovica de boliche de la Costanera en una noche de viernes: si no estás en la lista de Chevron, no pasás. Mientras la Marina persigue al buque «Marinera» —o «Bella 1», un nombre que suena más a salón de belleza de barrio que a petrolero furtivo— como si fuera una escena eliminada de una película de acción de bajo presupuesto, los barcos de la petrolera estadounidense navegan con la parsimonia de quien sabe que tiene el respaldo del Capitolio y el tanque lleno. Es fascinante observar cómo la geopolítica del 2026 se reduce a una persecución de alta mar donde un barco intenta huir mientras los satélites lo miran con la misma decepción con la que un padre mira un boletín con notas bajas.
La administración Trump, en su versión 2026, apuesta a que la reconstrucción de Venezuela sea patrocinada por los logos de las petroleras que ahora tienen las llaves del campo. Las refinerías de Valero, Phillips 66 y Marathon esperan el crudo venezolano como quien espera el delivery después de un largo día de oficina, confirmando que la ética internacional siempre tiene un precio por barril bastante previsible. Mientras tanto, los productores locales miran la escena con una cautela digna de quien camina sobre cristales rotos, conscientes de que en este nuevo esquema, el petróleo venezolano ha dejado de ser una herramienta política para convertirse en el insumo exclusivo de un monopolio autorizado por decreto. Todo muy profesional, muy estratégico y con un inconfundible aroma a nafta premium en el aire del Caribe.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La corporación estadounidense Chevron ha intensificado sus operaciones en territorio venezolano al programar el despacho de once buques petroleros para este mes de enero de 2026. Esta maniobra consolida la posición de la compañía de Houston como el único exportador autorizado de crudo en la nación sudamericana, tras la salida de Nicolás Maduro del poder mediante la intervención de fuerzas de Estados Unidos. Este volumen de carga representa el nivel más alto registrado desde el pasado mes de octubre.
Licencias especiales y el rol del Tesoro
Pese al complejo escenario político y militar, Chevron continúa operando bajo una licencia especial otorgada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Este permiso jurídico le permite a la firma producir y comercializar petróleo venezolano a pesar del régimen de sanciones que Washington mantiene vigente para el resto de los actores económicos. Mientras otros operadores enfrentan restricciones severas, la petrolera estadounidense se ha convertido en el puente logístico y comercial fundamental entre los yacimientos locales y el mercado internacional.
Todo el crudo extraído por la compañía en suelo venezolano tiene como destino final diversas plantas de procesamiento en territorio estadounidense. Según registros de movimientos portuarios, entre los principales receptores se encuentran Valero Energy Corp, Phillips 66 y Marathon Petroleum Corp. El gobierno de Donald Trump sostiene que la participación de estas empresas es vital para reactivar una infraestructura petrolera degradada por años de desinversión y denuncias de corrupción administrativa.
Bloqueo naval y seguridad en el Caribe
El flujo de exportaciones de Chevron se mantiene activo aun en medio de un fuerte refuerzo militar estadounidense en aguas del Caribe. Esta presencia naval ha obligado a que, al menos, doce buques cisterna ajenos a la operadora autorizada debieran modificar sus rutas de navegación. En el marco de estas operaciones de vigilancia, se informó que dos petroleros vinculados al transporte de crudo sancionado fueron interceptados por las fuerzas navales.
Un tercer navío, identificado como “Marinera” o “Bella 1”, permanece bajo seguimiento por parte de las autoridades. Según informó el medio CBS News, este buque continúa siendo objeto de persecución en aguas internacionales. Por el contrario, de la flota programada por Chevron, uno de los buques ya ha completado su carga y otros dos se encuentran actualmente atracados en terminales portuarias venezolanas, garantizando la continuidad de la cadena de suministro hacia las refinerías del Golfo de México.
Venezuela ha completado oficialmente su transición de nación soberana a ser, básicamente, una estación de servicio con salida al mar gestionada por Houston. En este enero de 2026, mientras el resto de los mortales intenta cumplir sus promesas de gimnasio, Chevron ha decidido que su propósito de año nuevo es llevarse hasta el último rastro de hidrocarburos que quede en el subsuelo venezolano. Con once buques fletados haciendo fila como si fuera el autoservicio de una cadena de hamburguesas, la compañía se consagra como la dueña absoluta del tablero, operando con una impunidad técnica que solo una licencia del Departamento del Tesoro y un despliegue militar de proporciones épicas pueden otorgar. Es el triunfo del orden sobre el caos, o al menos eso dicen los comunicados, mientras el petróleo fluye hacia el norte con la precisión de un reloj suizo.
El bloqueo naval estadounidense en el Caribe funciona con la rigurosidad de un patovica de boliche de la Costanera en una noche de viernes: si no estás en la lista de Chevron, no pasás. Mientras la Marina persigue al buque «Marinera» —o «Bella 1», un nombre que suena más a salón de belleza de barrio que a petrolero furtivo— como si fuera una escena eliminada de una película de acción de bajo presupuesto, los barcos de la petrolera estadounidense navegan con la parsimonia de quien sabe que tiene el respaldo del Capitolio y el tanque lleno. Es fascinante observar cómo la geopolítica del 2026 se reduce a una persecución de alta mar donde un barco intenta huir mientras los satélites lo miran con la misma decepción con la que un padre mira un boletín con notas bajas.
La administración Trump, en su versión 2026, apuesta a que la reconstrucción de Venezuela sea patrocinada por los logos de las petroleras que ahora tienen las llaves del campo. Las refinerías de Valero, Phillips 66 y Marathon esperan el crudo venezolano como quien espera el delivery después de un largo día de oficina, confirmando que la ética internacional siempre tiene un precio por barril bastante previsible. Mientras tanto, los productores locales miran la escena con una cautela digna de quien camina sobre cristales rotos, conscientes de que en este nuevo esquema, el petróleo venezolano ha dejado de ser una herramienta política para convertirse en el insumo exclusivo de un monopolio autorizado por decreto. Todo muy profesional, muy estratégico y con un inconfundible aroma a nafta premium en el aire del Caribe.