En un movimiento que redefine la diplomacia multilateral, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en marcha una ambiciosa y controvertida arquitectura de poder para el Medio Oriente. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario confirmó avances clave tras una «interesante conversación» con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, asegurando que ambos han acordado una reunión con «las distintas partes» en el marco del Foro Económico Mundial de Davos.
El eje central de esta ofensiva diplomática es la consolidación de la denominada «Junta de Paz» de Gaza, un organismo diseñado por la Casa Blanca para gerenciar la reconstrucción y la gobernanza de la Franja tras el acuerdo de alto al fuego entre Israel y Hamás. Este ente no solo supervisará la ayuda humanitaria, sino que ejercerá una administración directa sobre el territorio.
Una convocatoria sin precedentes: de Putin a Zelensky
La Administración Trump ha extendido invitaciones formales a líderes que, hasta hace poco, se consideraban antagonistas irreconciliables en el tablero internacional. El objetivo primordial es integrar un cuerpo internacional que supervise la implementación del plan de paz de 20 puntos propuesto por Washington. Este lunes 19 de enero, el Kremlin confirmó que Vladimir Putin recibió la invitación oficial y que se encuentran «estudiando los detalles», lo que marca un hito en la interlocución entre ambas potencias.
La lista de convocados incluye a figuras de relieve global como Xi Jinping (China), Volodímir Zelenski (Ucrania), Benjamin Netanyahu (Israel) y el líder bielorruso Alexander Lukashenko. Sin embargo, el acceso a este organismo tiene una condición estrictamente financiera: según fuentes diplomáticas, Washington ha propuesto que los países que deseen un asiento permanente en esta Junta realicen una aportación de 1.000 millones de dólares, destinados íntegramente al fondo de reconstrucción.
La estructura de la «Junta de Paz»
Bajo la presidencia del propio Trump, el organismo contará con una Junta Ejecutiva compuesta por figuras de su círculo íntimo y líderes regionales, buscando establecer un gobierno tecnócrata en Gaza. La estructura confirmada es la siguiente:
Miembro Cargo / Rol en la Junta Donald Trump Presidente y Jefe de la Junta Marco Rubio Secretario de Estado / Miembro Fundador Jared Kushner Estratega y Asesor Especial Tony Blair Miembro Fundador y Enlace Diplomático Steve Witkoff Negociador Especial para el Medio OrienteTensión con Francia y el futuro del multilateralismo
A pesar del impulso de Washington, el plan ha encontrado una férrea resistencia en París. El gobierno de Emmanuel Macron ha indicado que rechazará la invitación, manifestando «serias dudas» sobre un modelo que parece soslayar la autoridad de las Naciones Unidas. «No aceptamos un modelo que ponga en entredicho el multilateralismo y la estructura de la ONU», señalaron fuentes del Elíseo.
La reacción de Trump ante la negativa francesa fue inmediata y agresiva en términos comerciales, amenazando con imponer aranceles del 200% a los vinos y champanes franceses si Francia persiste en su postura. Mientras tanto, el plan para Gaza contempla el desarme total de Hamás y la creación de un puerto internacional supervisado, estableciendo un régimen de gobernanza que prescinde de la Autoridad Palestina tradicional y que podría rivalizar directamente con el Consejo de Seguridad de la ONU.
<p>El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció la creación de la «Junta de Paz» para Gaza, un organismo que gestionará la reconstrucción de la Franja tras el acuerdo entre Israel y Hamás. El mandatario convocó a líderes mundiales a una cumbre en Davos, exigiendo una inversión de 1.000 millones de dólares para participar, mientras amenaza a Francia con aranceles comerciales ante su negativa a sumarse.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la diplomacia del siglo XXI, donde los conflictos milenarios de Medio Oriente se resuelven como si fueran una asamblea de copropietarios en una torre de lujo de la Quinta Avenida. Donald Trump, fiel a su estilo de «el arte de la negociación» —o mejor dicho, «el arte de que hagas lo que yo quiero o te fundo»—, ha decidido que la paz en Gaza no necesita cascos azules ni resoluciones aburridas de la ONU, sino una cuota de ingreso de mil millones de dólares y un servicio de catering de primer nivel en Davos. Es la primera vez en la historia que el fin de una guerra tiene un «cover» tan caro, dejando claro que, en el nuevo orden mundial, si no tenés la billetera abultada, la paz te la tenés que mirar por streaming.
La lista de invitados es una verdadera obra de arte del surrealismo geopolítico. Trump ha decidido juntar en la misma mesa a Vladímir Putin, Volodímir Zelenski y Xi Jinping, probablemente confiando en que la magia de las montañas suizas o el miedo a perder el acceso al sistema financiero estadounidense logren lo que décadas de diplomacia tradicional no pudieron. Imaginen la logística de seguridad: separar a los líderes que se están invadiendo mutuamente para que no se peleen por el último canapé de salmón. El Kremlin ya confirmó que está «estudiando los detalles», lo cual es el equivalente diplomático a decir que están buscando en qué cajón dejaron el cheque certificado para pagar la membresía de este exclusivo club de gerenciamiento de posguerra.
Pero como en toda fiesta de alta sociedad, nunca falta el invitado que se pone difícil. En este caso es Emmanuel Macron, quien ha osado sugerir que las Naciones Unidas todavía sirven para algo. La respuesta de la Casa Blanca no se hizo esperar y ha sido de una sutileza arrolladora: o Francia se suma a la Junta o el brindis con champán francés será reemplazado por sidra de Arkansas gracias a un arancel del 200%. Es la «paz a través de la fuerza económica» en su máxima expresión: o aceptás el plan de 20 puntos de Trump o tus vinos terminarán costando lo mismo que un departamento en Manhattan. En este escenario, la ONU ha quedado relegada a ser esa tía abuela a la que todos respetan pero nadie escucha cuando el dueño de la casa decide reorganizar los muebles de la geopolítica mundial.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En un movimiento que redefine la diplomacia multilateral, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en marcha una ambiciosa y controvertida arquitectura de poder para el Medio Oriente. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario confirmó avances clave tras una «interesante conversación» con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, asegurando que ambos han acordado una reunión con «las distintas partes» en el marco del Foro Económico Mundial de Davos.
El eje central de esta ofensiva diplomática es la consolidación de la denominada «Junta de Paz» de Gaza, un organismo diseñado por la Casa Blanca para gerenciar la reconstrucción y la gobernanza de la Franja tras el acuerdo de alto al fuego entre Israel y Hamás. Este ente no solo supervisará la ayuda humanitaria, sino que ejercerá una administración directa sobre el territorio.
Una convocatoria sin precedentes: de Putin a Zelensky
La Administración Trump ha extendido invitaciones formales a líderes que, hasta hace poco, se consideraban antagonistas irreconciliables en el tablero internacional. El objetivo primordial es integrar un cuerpo internacional que supervise la implementación del plan de paz de 20 puntos propuesto por Washington. Este lunes 19 de enero, el Kremlin confirmó que Vladimir Putin recibió la invitación oficial y que se encuentran «estudiando los detalles», lo que marca un hito en la interlocución entre ambas potencias.
La lista de convocados incluye a figuras de relieve global como Xi Jinping (China), Volodímir Zelenski (Ucrania), Benjamin Netanyahu (Israel) y el líder bielorruso Alexander Lukashenko. Sin embargo, el acceso a este organismo tiene una condición estrictamente financiera: según fuentes diplomáticas, Washington ha propuesto que los países que deseen un asiento permanente en esta Junta realicen una aportación de 1.000 millones de dólares, destinados íntegramente al fondo de reconstrucción.
La estructura de la «Junta de Paz»
Bajo la presidencia del propio Trump, el organismo contará con una Junta Ejecutiva compuesta por figuras de su círculo íntimo y líderes regionales, buscando establecer un gobierno tecnócrata en Gaza. La estructura confirmada es la siguiente:
Miembro Cargo / Rol en la Junta Donald Trump Presidente y Jefe de la Junta Marco Rubio Secretario de Estado / Miembro Fundador Jared Kushner Estratega y Asesor Especial Tony Blair Miembro Fundador y Enlace Diplomático Steve Witkoff Negociador Especial para el Medio OrienteTensión con Francia y el futuro del multilateralismo
A pesar del impulso de Washington, el plan ha encontrado una férrea resistencia en París. El gobierno de Emmanuel Macron ha indicado que rechazará la invitación, manifestando «serias dudas» sobre un modelo que parece soslayar la autoridad de las Naciones Unidas. «No aceptamos un modelo que ponga en entredicho el multilateralismo y la estructura de la ONU», señalaron fuentes del Elíseo.
La reacción de Trump ante la negativa francesa fue inmediata y agresiva en términos comerciales, amenazando con imponer aranceles del 200% a los vinos y champanes franceses si Francia persiste en su postura. Mientras tanto, el plan para Gaza contempla el desarme total de Hamás y la creación de un puerto internacional supervisado, estableciendo un régimen de gobernanza que prescinde de la Autoridad Palestina tradicional y que podría rivalizar directamente con el Consejo de Seguridad de la ONU.
Bienvenidos a la diplomacia del siglo XXI, donde los conflictos milenarios de Medio Oriente se resuelven como si fueran una asamblea de copropietarios en una torre de lujo de la Quinta Avenida. Donald Trump, fiel a su estilo de «el arte de la negociación» —o mejor dicho, «el arte de que hagas lo que yo quiero o te fundo»—, ha decidido que la paz en Gaza no necesita cascos azules ni resoluciones aburridas de la ONU, sino una cuota de ingreso de mil millones de dólares y un servicio de catering de primer nivel en Davos. Es la primera vez en la historia que el fin de una guerra tiene un «cover» tan caro, dejando claro que, en el nuevo orden mundial, si no tenés la billetera abultada, la paz te la tenés que mirar por streaming.
La lista de invitados es una verdadera obra de arte del surrealismo geopolítico. Trump ha decidido juntar en la misma mesa a Vladímir Putin, Volodímir Zelenski y Xi Jinping, probablemente confiando en que la magia de las montañas suizas o el miedo a perder el acceso al sistema financiero estadounidense logren lo que décadas de diplomacia tradicional no pudieron. Imaginen la logística de seguridad: separar a los líderes que se están invadiendo mutuamente para que no se peleen por el último canapé de salmón. El Kremlin ya confirmó que está «estudiando los detalles», lo cual es el equivalente diplomático a decir que están buscando en qué cajón dejaron el cheque certificado para pagar la membresía de este exclusivo club de gerenciamiento de posguerra.
Pero como en toda fiesta de alta sociedad, nunca falta el invitado que se pone difícil. En este caso es Emmanuel Macron, quien ha osado sugerir que las Naciones Unidas todavía sirven para algo. La respuesta de la Casa Blanca no se hizo esperar y ha sido de una sutileza arrolladora: o Francia se suma a la Junta o el brindis con champán francés será reemplazado por sidra de Arkansas gracias a un arancel del 200%. Es la «paz a través de la fuerza económica» en su máxima expresión: o aceptás el plan de 20 puntos de Trump o tus vinos terminarán costando lo mismo que un departamento en Manhattan. En este escenario, la ONU ha quedado relegada a ser esa tía abuela a la que todos respetan pero nadie escucha cuando el dueño de la casa decide reorganizar los muebles de la geopolítica mundial.