El conflicto armado en la frontera entre Pakistán y Afganistán ha entrado en una fase de desgaste extremo tras una serie de operaciones militares recíprocas iniciadas este jueves a las 20:00 hora local. El portavoz del gobierno talibán, Zabiullah Mujahid, informó a través de la cadena BBC que las fuerzas afganas ejecutaron una «operación preventiva a gran escala» que resultó en la destrucción de 19 puestos fronterizos paquistaníes y la captura de varios efectivos de ese país. Según la versión de Kabul, más de 50 soldados paquistaníes habrían muerto en los enfrentamientos, aunque estas cifras no han podido ser verificadas de forma independiente.
Versiones encontradas y guerra de cifras
La respuesta desde Islamabad fue inmediata y contradictoria a la versión afgana. El Ministerio de Información de Pakistán desmintió la captura de sus soldados y aseguró que sus fuerzas destruyeron 27 puestos de control talibanes. Según el comunicado oficial, los talibanes «calcularon mal» al abrir fuego sin provocación contra múltiples puntos en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, lo que motivó una respuesta «inmediata y efectiva». Pakistán sostiene que el objetivo de sus incursiones iniciales del pasado domingo fueron campamentos y escondites de milicianos insurgentes, mientras que los talibanes denuncian que los ataques impactaron en viviendas civiles y una escuela religiosa, dejando mujeres y niños entre las víctimas.
Irán en alerta máxima: Jamenei al búnker
En medio de este caos regional, la seguridad en la vecina Irán se ha extremado a niveles sin precedentes. Según reportes de Iran International, el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, fue trasladado de urgencia a un refugio subterráneo en Teherán. Para mantener en absoluto secreto su ubicación, incluso altos funcionarios como Ali Larijani han sido vendados al asistir a reuniones estratégicas, una medida drástica que evidencia el temor de la cúpula iraní ante una posible expansión de las hostilidades o ataques dirigidos en la zona.
Impacto civil y crisis humanitaria
La zona de la ciudad fronteriza de Torkham se ha convertido en el epicentro de la crisis. Las autoridades han instado a los residentes a desalojar la zona de manera urgente ante la persistencia del fuego cruzado. Según fuentes sanitarias citadas por el servicio afgano de la BBC, al menos 9 personas resultaron heridas (siete mujeres y dos hombres), encontrándose una de ellas en estado crítico. Como consecuencia directa de las hostilidades, se han tomado las siguientes medidas:
Cierre total de los pasos fronterizos para refugiados y tránsito comercial. Suspensión de la repatriación de ciudadanos afganos deportados desde Pakistán. Despliegue de refuerzos a lo largo de los 2.574 kilómetros de frontera montañosa que comparten ambas naciones.Kabul había advertido sobre represalias «en el momento oportuno» tras los bombardeos sufridos a principios de esta semana, que habrían causado al menos 18 muertes en territorio afgano. Con la escalada actual y el repliegue estratégico de líderes regionales a búnkeres de alta seguridad, la integridad territorial de todo el eje centroasiático se encuentra en su punto más vulnerable de las últimas décadas. Noticia en desarrollo.
<p>La escalada bélica entre Pakistán y Afganistán se agravó con bombardeos cruzados que destruyeron decenas de puestos fronterizos y dejaron un saldo de víctimas civiles y militares en aumento. Paralelamente, la tensión regional alcanzó un punto crítico con el traslado del líder supremo de Irán, ayatolá Ali Jamenei, a un búnker subterráneo bajo extremas medidas de seguridad ante el temor de una expansión del conflicto.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si usted pensaba que la pelea entre sus vecinos por la medianera era intensa, le presento la dinámica fronteriza entre Pakistán y Afganistán, donde el concepto de «vecindad» se traduce en un intercambio de artillería pesada cada vez que alguien se levanta con el pie izquierdo. Zabiullah Mujahid, el portavoz talibán que maneja X (Twitter) con la soltura de un influencer de estilo de vida pero con más pólvora, salió a decir que borraron del mapa 19 puestos paquistaníes. Por supuesto, Islamabad no se quedó atrás en este campeonato de estadísticas creativas y retrucó que ellos destruyeron 27 puestos talibanes. A este ritmo de demolición mutua, para el lunes van a estar peleando arriba de un terreno baldío nivelado a fuerza de misiles, demostrando que la mejor forma de resolver un conflicto territorial es, aparentemente, eliminar el territorio.
Pero como en todo buen conflicto de Asia Meridional, si no hay un búnker secreto, la trama queda floja. Mientras los misiles cruzan la frontera, en Irán el ambiente está para cortarlo con un cuchillo de combate. El ayatolá Ali Jamenei decidió que la superficie está sobrevalorada y se mudó a un refugio subterráneo en Teherán con un despliegue de seguridad que haría quedar a James Bond como un aficionado. El nivel de paranoia es tan alto que a los altos funcionarios les vendan los ojos para llevarlos a las reuniones; imaginen a la cúpula iraní jugando a la «gallinita ciega» geopolítica en un sótano reforzado para no revelar dónde se esconde el jefe máximo. Es el primer gobierno que decide gestionar una crisis regional aplicando protocolos de secuestro exprés a sus propios ministros.
La situación tiene ese aroma inconfundible a «yo no fui» diplomático. Mientras los talibanes aseguran que lanzaron su operación preventiva porque Pakistán les tocó una escuela, el Ministerio de Información paquistaní sostiene que los otros «calcularon mal» y abrieron fuego sin invitación. Es fascinante ver cómo dos naciones pueden compartir 2.500 kilómetros de montaña y no ponerse de acuerdo ni en quién tiró la primera piedra, aunque la piedra en cuestión sea un proyectil de alto calibre. Mientras tanto, en la ciudad de Torkham, los civiles están practicando el deporte nacional de la región: la evacuación de emergencia a las ocho de la noche, porque nada dice «buenas noches» como el sonido de una contraofensiva de represalia en el patio de atrás y un líder vecino despachando órdenes desde las profundidades de la tierra.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El conflicto armado en la frontera entre Pakistán y Afganistán ha entrado en una fase de desgaste extremo tras una serie de operaciones militares recíprocas iniciadas este jueves a las 20:00 hora local. El portavoz del gobierno talibán, Zabiullah Mujahid, informó a través de la cadena BBC que las fuerzas afganas ejecutaron una «operación preventiva a gran escala» que resultó en la destrucción de 19 puestos fronterizos paquistaníes y la captura de varios efectivos de ese país. Según la versión de Kabul, más de 50 soldados paquistaníes habrían muerto en los enfrentamientos, aunque estas cifras no han podido ser verificadas de forma independiente.
Versiones encontradas y guerra de cifras
La respuesta desde Islamabad fue inmediata y contradictoria a la versión afgana. El Ministerio de Información de Pakistán desmintió la captura de sus soldados y aseguró que sus fuerzas destruyeron 27 puestos de control talibanes. Según el comunicado oficial, los talibanes «calcularon mal» al abrir fuego sin provocación contra múltiples puntos en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, lo que motivó una respuesta «inmediata y efectiva». Pakistán sostiene que el objetivo de sus incursiones iniciales del pasado domingo fueron campamentos y escondites de milicianos insurgentes, mientras que los talibanes denuncian que los ataques impactaron en viviendas civiles y una escuela religiosa, dejando mujeres y niños entre las víctimas.
Irán en alerta máxima: Jamenei al búnker
En medio de este caos regional, la seguridad en la vecina Irán se ha extremado a niveles sin precedentes. Según reportes de Iran International, el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, fue trasladado de urgencia a un refugio subterráneo en Teherán. Para mantener en absoluto secreto su ubicación, incluso altos funcionarios como Ali Larijani han sido vendados al asistir a reuniones estratégicas, una medida drástica que evidencia el temor de la cúpula iraní ante una posible expansión de las hostilidades o ataques dirigidos en la zona.
Impacto civil y crisis humanitaria
La zona de la ciudad fronteriza de Torkham se ha convertido en el epicentro de la crisis. Las autoridades han instado a los residentes a desalojar la zona de manera urgente ante la persistencia del fuego cruzado. Según fuentes sanitarias citadas por el servicio afgano de la BBC, al menos 9 personas resultaron heridas (siete mujeres y dos hombres), encontrándose una de ellas en estado crítico. Como consecuencia directa de las hostilidades, se han tomado las siguientes medidas:
Cierre total de los pasos fronterizos para refugiados y tránsito comercial. Suspensión de la repatriación de ciudadanos afganos deportados desde Pakistán. Despliegue de refuerzos a lo largo de los 2.574 kilómetros de frontera montañosa que comparten ambas naciones.Kabul había advertido sobre represalias «en el momento oportuno» tras los bombardeos sufridos a principios de esta semana, que habrían causado al menos 18 muertes en territorio afgano. Con la escalada actual y el repliegue estratégico de líderes regionales a búnkeres de alta seguridad, la integridad territorial de todo el eje centroasiático se encuentra en su punto más vulnerable de las últimas décadas. Noticia en desarrollo.
Si usted pensaba que la pelea entre sus vecinos por la medianera era intensa, le presento la dinámica fronteriza entre Pakistán y Afganistán, donde el concepto de «vecindad» se traduce en un intercambio de artillería pesada cada vez que alguien se levanta con el pie izquierdo. Zabiullah Mujahid, el portavoz talibán que maneja X (Twitter) con la soltura de un influencer de estilo de vida pero con más pólvora, salió a decir que borraron del mapa 19 puestos paquistaníes. Por supuesto, Islamabad no se quedó atrás en este campeonato de estadísticas creativas y retrucó que ellos destruyeron 27 puestos talibanes. A este ritmo de demolición mutua, para el lunes van a estar peleando arriba de un terreno baldío nivelado a fuerza de misiles, demostrando que la mejor forma de resolver un conflicto territorial es, aparentemente, eliminar el territorio.
Pero como en todo buen conflicto de Asia Meridional, si no hay un búnker secreto, la trama queda floja. Mientras los misiles cruzan la frontera, en Irán el ambiente está para cortarlo con un cuchillo de combate. El ayatolá Ali Jamenei decidió que la superficie está sobrevalorada y se mudó a un refugio subterráneo en Teherán con un despliegue de seguridad que haría quedar a James Bond como un aficionado. El nivel de paranoia es tan alto que a los altos funcionarios les vendan los ojos para llevarlos a las reuniones; imaginen a la cúpula iraní jugando a la «gallinita ciega» geopolítica en un sótano reforzado para no revelar dónde se esconde el jefe máximo. Es el primer gobierno que decide gestionar una crisis regional aplicando protocolos de secuestro exprés a sus propios ministros.
La situación tiene ese aroma inconfundible a «yo no fui» diplomático. Mientras los talibanes aseguran que lanzaron su operación preventiva porque Pakistán les tocó una escuela, el Ministerio de Información paquistaní sostiene que los otros «calcularon mal» y abrieron fuego sin invitación. Es fascinante ver cómo dos naciones pueden compartir 2.500 kilómetros de montaña y no ponerse de acuerdo ni en quién tiró la primera piedra, aunque la piedra en cuestión sea un proyectil de alto calibre. Mientras tanto, en la ciudad de Torkham, los civiles están practicando el deporte nacional de la región: la evacuación de emergencia a las ocho de la noche, porque nada dice «buenas noches» como el sonido de una contraofensiva de represalia en el patio de atrás y un líder vecino despachando órdenes desde las profundidades de la tierra.