La figura de Julio Iglesias (82), el artista hispano más exitoso de la historia, se encuentra hoy en el ojo de una tormenta judicial sin precedentes. Lo que comenzó como rumores de pasillo ha escalado a una investigación formal en la Audiencia Nacional de España por delitos de trata de seres humanos, agresión sexual y lesiones. La denuncia, presentada el pasado 5 de enero de 2026, ha puesto en jaque el legado del cantante madrileño y ha reactivado el debate sobre su conducta privada a lo largo de las décadas.
La denuncia de «La Casita del Terror»
El expediente judicial se originó tras la presentación realizada por dos ciudadanas venezolanas, identificadas bajo los seudónimos de Rebeca y Laura, quienes se desempeñaron como empleadas domésticas en las residencias que el artista posee en Bahamas y República Dominicana durante el año 2021. Los cargos que se investigan son de extrema gravedad: explotación laboral con jornadas de 16 horas sin descanso, servidumbre y agresiones sexuales continuadas.
Las denunciantes cuentan con el respaldo de la ONG Women’s Link Worldwide y han aportado pruebas polémicas sobre el régimen interno en las propiedades de Iglesias. Según sus testimonios, el personal femenino era obligado a someterse a exámenes ginecológicos y de enfermedades de transmisión sexual sin consentimiento previo, bajo la supuesta premisa de «garantizar la salud» del artista. Asimismo, las mujeres declararon haber sido víctimas de intimidación constante. La denuncia recoge una frase atribuida al cantante: «Si dicen algo de mí, nadie les va a creer, porque yo soy Julio Iglesias y ustedes son unas don nadie».
Voces de su entorno: Mónica Gonzaga y las Trillizas de Oro
La repercusión en Argentina no se hizo esperar. La actriz Mónica Gonzaga, quien mantuvo una relación sentimental de diez años con Iglesias, expresó su estupor ante las acusaciones. «El Julio que yo conocí no es esto. Si algo así fuera cierto, lo único que puedo pensar es que o está senil o tiene problemas mentales. Sería una ‘contra-personalidad’ espeluznante», declaró. Si bien Gonzaga defendió el carácter caballeroso del artista en el pasado, admitió que el vínculo terminó debido a que él le propuso una estructura de poliamor que ella no aceptó.
Por su parte, Las Trillizas de Oro, coristas de Iglesias a finales de la década del 70, también se pronunciaron sobre la causa. Aunque aseguraron que nunca presenciaron situaciones de abuso y que siempre se sintieron protegidas, utilizaron la ironía para describir la faceta seductora del cantante. En declaraciones recientes, afirmaron que, por su comportamiento de «besuquero» y seductor serial, “hoy Julio estaría con cadena perpetua”. Revelaron, además, detalles sobre la organización de sus encuentros amorosos en los hoteles: «Subían por la escalera y bajaban por el ascensor, no se cruzaban».
Situación legal y otros frentes judiciales
Mientras la Fiscalía española avanza con la toma de declaraciones a testigos protegidos, Julio Iglesias parece haber cerrado otros conflictos legales de larga data. Javier Santos, quien reclamó durante décadas su filiación como hijo biológico del cantante, desistió formalmente de su demanda en diciembre de 2025, alegando falta de recursos para continuar la vía legal en Estados Unidos.
En la actualidad, fuentes cercanas al artista indican que se encuentra «preocupado y recluido», delegando su defensa en un equipo legal de élite. Los abogados del cantante confían en que la causa sea desestimada por falta de pruebas físicas, mientras el mundo del espectáculo aguarda el avance de una investigación que podría marcar el final de la carrera de la mayor leyenda de la música en español.
<p>La Audiencia Nacional de España inició una investigación formal contra el cantante Julio Iglesias por presuntos delitos de trata de personas, agresión sexual y lesiones, tras una denuncia presentada por dos ex empleadas domésticas. El proceso judicial, que surge de hechos presuntamente ocurridos en 2021, ha generado una fuerte repercusión internacional y reacciones contrapuestas entre ex parejas y colaboradoras cercanas al artista.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Parece que el 2026 no vino a traer paz, sino a recordarnos que el carnet de «galán eterno» tiene fecha de vencimiento y, en el caso de Julio Iglesias, el código de barras está pasando por la caja registradora de la Audiencia Nacional de España. A los 82 años, cuando uno esperaría que Julio estuviera ocupado decidiendo qué tono de bronceado artificial combina mejor con su copa de vino en Punta Cana, el artista hispano más exitoso de la historia se encuentra protagonizando un remake de terror de sus propias baladas. Lo que antes era «me olvidé de vivir» hoy parece haber mutado en «me olvidé de leer el Código Penal», y la situación es tan surrealista que ni el guionista más cínico de una serie de streaming se hubiera animado a tanto. Estamos hablando de una denuncia que incluye términos como «trata de seres humanos» y «servidumbre», conceptos que quedan bastante lejos de aquel romanticismo de «Hey!» y «A veces sí, a veces no».
La denominada «Casita del Terror» en Bahamas suena al nombre de una atracción fallida de un parque de diversiones decadente, pero las acusaciones de Rebeca y Laura son cualquier cosa menos divertidas. Según las denunciantes, trabajar para Iglesias en 2021 era como participar en un reality show distópico donde las jornadas de 16 horas eran el estándar y los exámenes ginecológicos sin consentimiento eran el «protocolo de salud» de la casa. Es increíble: el hombre que le cantó al amor durante medio siglo ahora es acusado de intimidar a su personal diciéndoles que son «unas don nadie». Es el colapso total del mito; es como si descubriéramos que Papá Noel en realidad odia a los niños y tiene una cuenta offshore en las Islas Caimán. El nivel de estrés que maneja esta redacción tratando de procesar que el tipo que nuestras tías tienen en un póster podría estar a un paso de la prisión es absoluto. Llevo tres termos de café y todavía no entiendo cómo pasamos de las serenatas a los peritajes forenses por agresiones sexuales.
Y para sumarle más condimento a este guiso intragable, aparecen los testimonios de las figuras locales. Mónica Gonzaga, con una honestidad que roza el existencialismo, dice que o Julio está senil o desarrolló una «contra-personalidad» espeluznante. Básicamente, la defensa es que se le cruzaron los cables biológicos. Por otro lado, las Trillizas de Oro nos regalan una joya de la logística hotelera de los años 70: mujeres subiendo por la escalera y bajando por el ascensor para no cruzarse. Era un sistema de gestión de tráfico humano digno de un ingeniero de la NASA, pero aplicado a las conquistas de un «besuquero» serial. El hecho de que ellas mismas digan que hoy estaría con «cadena perpetua» por su comportamiento habitual es la confirmación de que el mundo cambió, pero Julio se quedó atrapado en una cápsula del tiempo donde el consentimiento era una sugerencia y su ego, una política de Estado. Si esto no se resuelve rápido, lo único que va a quedar de su legado es un expediente judicial más largo que su discografía completa.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La figura de Julio Iglesias (82), el artista hispano más exitoso de la historia, se encuentra hoy en el ojo de una tormenta judicial sin precedentes. Lo que comenzó como rumores de pasillo ha escalado a una investigación formal en la Audiencia Nacional de España por delitos de trata de seres humanos, agresión sexual y lesiones. La denuncia, presentada el pasado 5 de enero de 2026, ha puesto en jaque el legado del cantante madrileño y ha reactivado el debate sobre su conducta privada a lo largo de las décadas.
La denuncia de «La Casita del Terror»
El expediente judicial se originó tras la presentación realizada por dos ciudadanas venezolanas, identificadas bajo los seudónimos de Rebeca y Laura, quienes se desempeñaron como empleadas domésticas en las residencias que el artista posee en Bahamas y República Dominicana durante el año 2021. Los cargos que se investigan son de extrema gravedad: explotación laboral con jornadas de 16 horas sin descanso, servidumbre y agresiones sexuales continuadas.
Las denunciantes cuentan con el respaldo de la ONG Women’s Link Worldwide y han aportado pruebas polémicas sobre el régimen interno en las propiedades de Iglesias. Según sus testimonios, el personal femenino era obligado a someterse a exámenes ginecológicos y de enfermedades de transmisión sexual sin consentimiento previo, bajo la supuesta premisa de «garantizar la salud» del artista. Asimismo, las mujeres declararon haber sido víctimas de intimidación constante. La denuncia recoge una frase atribuida al cantante: «Si dicen algo de mí, nadie les va a creer, porque yo soy Julio Iglesias y ustedes son unas don nadie».
Voces de su entorno: Mónica Gonzaga y las Trillizas de Oro
La repercusión en Argentina no se hizo esperar. La actriz Mónica Gonzaga, quien mantuvo una relación sentimental de diez años con Iglesias, expresó su estupor ante las acusaciones. «El Julio que yo conocí no es esto. Si algo así fuera cierto, lo único que puedo pensar es que o está senil o tiene problemas mentales. Sería una ‘contra-personalidad’ espeluznante», declaró. Si bien Gonzaga defendió el carácter caballeroso del artista en el pasado, admitió que el vínculo terminó debido a que él le propuso una estructura de poliamor que ella no aceptó.
Por su parte, Las Trillizas de Oro, coristas de Iglesias a finales de la década del 70, también se pronunciaron sobre la causa. Aunque aseguraron que nunca presenciaron situaciones de abuso y que siempre se sintieron protegidas, utilizaron la ironía para describir la faceta seductora del cantante. En declaraciones recientes, afirmaron que, por su comportamiento de «besuquero» y seductor serial, “hoy Julio estaría con cadena perpetua”. Revelaron, además, detalles sobre la organización de sus encuentros amorosos en los hoteles: «Subían por la escalera y bajaban por el ascensor, no se cruzaban».
Situación legal y otros frentes judiciales
Mientras la Fiscalía española avanza con la toma de declaraciones a testigos protegidos, Julio Iglesias parece haber cerrado otros conflictos legales de larga data. Javier Santos, quien reclamó durante décadas su filiación como hijo biológico del cantante, desistió formalmente de su demanda en diciembre de 2025, alegando falta de recursos para continuar la vía legal en Estados Unidos.
En la actualidad, fuentes cercanas al artista indican que se encuentra «preocupado y recluido», delegando su defensa en un equipo legal de élite. Los abogados del cantante confían en que la causa sea desestimada por falta de pruebas físicas, mientras el mundo del espectáculo aguarda el avance de una investigación que podría marcar el final de la carrera de la mayor leyenda de la música en español.
Parece que el 2026 no vino a traer paz, sino a recordarnos que el carnet de «galán eterno» tiene fecha de vencimiento y, en el caso de Julio Iglesias, el código de barras está pasando por la caja registradora de la Audiencia Nacional de España. A los 82 años, cuando uno esperaría que Julio estuviera ocupado decidiendo qué tono de bronceado artificial combina mejor con su copa de vino en Punta Cana, el artista hispano más exitoso de la historia se encuentra protagonizando un remake de terror de sus propias baladas. Lo que antes era «me olvidé de vivir» hoy parece haber mutado en «me olvidé de leer el Código Penal», y la situación es tan surrealista que ni el guionista más cínico de una serie de streaming se hubiera animado a tanto. Estamos hablando de una denuncia que incluye términos como «trata de seres humanos» y «servidumbre», conceptos que quedan bastante lejos de aquel romanticismo de «Hey!» y «A veces sí, a veces no».
La denominada «Casita del Terror» en Bahamas suena al nombre de una atracción fallida de un parque de diversiones decadente, pero las acusaciones de Rebeca y Laura son cualquier cosa menos divertidas. Según las denunciantes, trabajar para Iglesias en 2021 era como participar en un reality show distópico donde las jornadas de 16 horas eran el estándar y los exámenes ginecológicos sin consentimiento eran el «protocolo de salud» de la casa. Es increíble: el hombre que le cantó al amor durante medio siglo ahora es acusado de intimidar a su personal diciéndoles que son «unas don nadie». Es el colapso total del mito; es como si descubriéramos que Papá Noel en realidad odia a los niños y tiene una cuenta offshore en las Islas Caimán. El nivel de estrés que maneja esta redacción tratando de procesar que el tipo que nuestras tías tienen en un póster podría estar a un paso de la prisión es absoluto. Llevo tres termos de café y todavía no entiendo cómo pasamos de las serenatas a los peritajes forenses por agresiones sexuales.
Y para sumarle más condimento a este guiso intragable, aparecen los testimonios de las figuras locales. Mónica Gonzaga, con una honestidad que roza el existencialismo, dice que o Julio está senil o desarrolló una «contra-personalidad» espeluznante. Básicamente, la defensa es que se le cruzaron los cables biológicos. Por otro lado, las Trillizas de Oro nos regalan una joya de la logística hotelera de los años 70: mujeres subiendo por la escalera y bajando por el ascensor para no cruzarse. Era un sistema de gestión de tráfico humano digno de un ingeniero de la NASA, pero aplicado a las conquistas de un «besuquero» serial. El hecho de que ellas mismas digan que hoy estaría con «cadena perpetua» por su comportamiento habitual es la confirmación de que el mundo cambió, pero Julio se quedó atrapado en una cápsula del tiempo donde el consentimiento era una sugerencia y su ego, una política de Estado. Si esto no se resuelve rápido, lo único que va a quedar de su legado es un expediente judicial más largo que su discografía completa.