Este jueves 5 de febrero marca un hito sombrío en la geopolítica contemporánea con la expiración formal del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START). El acuerdo, suscrito en 2010 por Barack Obama y Dmitry Medvedev, representaba el último dique de contención legal frente a una carrera armamentista desbocada, limitando a las dos potencias a un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas.
El fin de la supervisión mutua
La caída del tratado se produce en un clima de desconfianza extrema. Washington ha denunciado en reiteradas ocasiones que Moscú violó los términos del acuerdo al denegar las inspecciones técnicas obligatorias en sus instalaciones nucleares. Ante este escenario, el presidente Donald Trump ha minimizado las consecuencias del vencimiento, manifestando en enero que “si expira, expira”, bajo la premisa de que Estados Unidos buscará un pacto más ambicioso que incorpore a China como tercer actor fundamental.
Por el contrario, la reacción en el Kremlin ha sido de una marcada ansiedad. El propio Medvedev, actual funcionario de seguridad, advirtió que el fin de los controles acelera el “Reloj del Juicio Final”. Según el portavoz ruso Dmitry Peskov, las propuestas de extensión enviadas por Rusia han sido recibidas con silencio por parte de la administración estadounidense, lo que deja a los dos mayores arsenales del mundo sin un documento fundamental de control por primera vez en décadas.
Asimetría económica y estratégica
Más allá de la retórica de seguridad global, la preocupación de Rusia tiene raíces económicas profundas. Un escenario de expansión nuclear sin restricciones favorece ampliamente a Estados Unidos, cuyo presupuesto de defensa supera con creces las capacidades actuales de Moscú. Entre los planes de la Casa Blanca figura el retorno de los acorazados “clase Trump” equipados con armamento atómico, una capacidad que la antigua Unión Soviética podía igualar, pero que la Rusia actual difícilmente pueda costear.
Aspecto del Tratado Situación bajo New START Escenario Post-Expiración Límite de Ojivas Máximo 1.550 desplegadas. Sin límite definido por tratado. Inspecciones Verificación técnica en terreno. Suspensión total de controles mutuos. Actores Bilateral (EE.UU. – Rusia). Búsqueda de acuerdo trilateral con China.Un cambio de paradigma global
La expiración del New START no solo clausura un tratado específico, sino que simboliza el fin de la era de las “superpotencias” centrada exclusivamente en el eje Washington-Moscú. La negativa de Estados Unidos a aceptar límites nucleares unilaterales con Rusia refleja la intención de reconfigurar el equilibrio de poder global frente al ascenso de Beijing. No obstante, expertos advierten que este vacío legal genera un periodo de incertidumbre estratégica que podría elevar el riesgo de errores de cálculo entre los centros de mando nuclear.
<p>Este jueves 5 de febrero expira formalmente el tratado New START, el último acuerdo de limitación de armas nucleares vigente entre Estados Unidos y Rusia. Mientras el Kremlin manifiesta su preocupación por el fin de los controles y la seguridad global, la administración de Donald Trump ha restado importancia al vencimiento, apostando por la negociación de un nuevo pacto que incluya a China y eliminando las restricciones de la era soviética.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hubo un tiempo, allá por el 2010, en que Barack Obama y un Dmitry Medvedev que todavía parecía un presidente de verdad y no un actor de reparto, se dieron la mano y firmaron el New START. Era la época del «histórico» acuerdo, donde las superpotencias jugaban a que podían ser amigos y contarse las ojivas nucleares como quien cuenta figuritas del mundial. Pero el amor se terminó, y este jueves el tratado expira con la misma gloria que un lácteo fuera de la heladera. Washington dice que Moscú hizo trampa y no dejó entrar a los inspectores a las instalaciones rusas, mientras que Donald Trump, fiel a su estilo de «si se rompe, se rompe», bromeó con que eventualmente conseguirá un acuerdo «mejor», probablemente con terminaciones en dorado y vista al Central Park. La falta de urgencia en la Casa Blanca es tan grande que parece que estuvieran esperando que el apocalipsis nuclear sea, al menos, un evento con buen rating.
En la otra vereda, el Kremlin está en modo drama total. Medvedev, que ahora se dedica a lanzar advertencias apocalípticas desde los márgenes del poder, dice que esto acelera el «Reloj del Juicio Final». Claro, no es que seamos pesimistas, pero que el tipo que tiene el botón rojo te diga que el reloj se mueve más rápido no es precisamente una invitación a la calma. Dmitry Peskov, el vocero ruso, se queja de que Estados Unidos les clava el visto y no responde a la propuesta de extender el tratado. Es comprensible: sin el New START, Rusia pierde ese último resabio de importancia de la era soviética y se queda sola frente a un presupuesto de defensa estadounidense que es, básicamente, el PBI de varios planetas sumados. La idea de Trump de revivir los acorazados nucleares tiene a los rusos haciendo cuentas con una calculadora que ya no tiene pilas, dándose cuenta de que en una carrera armamentista nueva, ellos terminan corriendo en ojotas.
Por supuesto, Estados Unidos tiene sus razones para dejar que este contrato de alquiler nuclear venza sin renovar. Quieren meter a China en el baile, porque parece que tener un arsenal capaz de vaporizar la galaxia dos veces ya no es suficiente si el vecino de al lado no firma el acta. El fin del New START marca el cierre de una era donde las superpotencias aceptaban límites. Ahora, entramos en la etapa del «todo vale», donde la seguridad global queda en manos de líderes que manejan la diplomacia con la sutileza de un elefante en una cristalería. Así que, si este jueves sienten un calorcito inusual, esperemos que sea solo el verano sanjuanino y no el inicio de la «era sin límites» que tanto preocupa a los que todavía tienen algo de memoria histórica.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Este jueves 5 de febrero marca un hito sombrío en la geopolítica contemporánea con la expiración formal del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START). El acuerdo, suscrito en 2010 por Barack Obama y Dmitry Medvedev, representaba el último dique de contención legal frente a una carrera armamentista desbocada, limitando a las dos potencias a un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas.
El fin de la supervisión mutua
La caída del tratado se produce en un clima de desconfianza extrema. Washington ha denunciado en reiteradas ocasiones que Moscú violó los términos del acuerdo al denegar las inspecciones técnicas obligatorias en sus instalaciones nucleares. Ante este escenario, el presidente Donald Trump ha minimizado las consecuencias del vencimiento, manifestando en enero que “si expira, expira”, bajo la premisa de que Estados Unidos buscará un pacto más ambicioso que incorpore a China como tercer actor fundamental.
Por el contrario, la reacción en el Kremlin ha sido de una marcada ansiedad. El propio Medvedev, actual funcionario de seguridad, advirtió que el fin de los controles acelera el “Reloj del Juicio Final”. Según el portavoz ruso Dmitry Peskov, las propuestas de extensión enviadas por Rusia han sido recibidas con silencio por parte de la administración estadounidense, lo que deja a los dos mayores arsenales del mundo sin un documento fundamental de control por primera vez en décadas.
Asimetría económica y estratégica
Más allá de la retórica de seguridad global, la preocupación de Rusia tiene raíces económicas profundas. Un escenario de expansión nuclear sin restricciones favorece ampliamente a Estados Unidos, cuyo presupuesto de defensa supera con creces las capacidades actuales de Moscú. Entre los planes de la Casa Blanca figura el retorno de los acorazados “clase Trump” equipados con armamento atómico, una capacidad que la antigua Unión Soviética podía igualar, pero que la Rusia actual difícilmente pueda costear.
Aspecto del Tratado Situación bajo New START Escenario Post-Expiración Límite de Ojivas Máximo 1.550 desplegadas. Sin límite definido por tratado. Inspecciones Verificación técnica en terreno. Suspensión total de controles mutuos. Actores Bilateral (EE.UU. – Rusia). Búsqueda de acuerdo trilateral con China.Un cambio de paradigma global
La expiración del New START no solo clausura un tratado específico, sino que simboliza el fin de la era de las “superpotencias” centrada exclusivamente en el eje Washington-Moscú. La negativa de Estados Unidos a aceptar límites nucleares unilaterales con Rusia refleja la intención de reconfigurar el equilibrio de poder global frente al ascenso de Beijing. No obstante, expertos advierten que este vacío legal genera un periodo de incertidumbre estratégica que podría elevar el riesgo de errores de cálculo entre los centros de mando nuclear.
Hubo un tiempo, allá por el 2010, en que Barack Obama y un Dmitry Medvedev que todavía parecía un presidente de verdad y no un actor de reparto, se dieron la mano y firmaron el New START. Era la época del «histórico» acuerdo, donde las superpotencias jugaban a que podían ser amigos y contarse las ojivas nucleares como quien cuenta figuritas del mundial. Pero el amor se terminó, y este jueves el tratado expira con la misma gloria que un lácteo fuera de la heladera. Washington dice que Moscú hizo trampa y no dejó entrar a los inspectores a las instalaciones rusas, mientras que Donald Trump, fiel a su estilo de «si se rompe, se rompe», bromeó con que eventualmente conseguirá un acuerdo «mejor», probablemente con terminaciones en dorado y vista al Central Park. La falta de urgencia en la Casa Blanca es tan grande que parece que estuvieran esperando que el apocalipsis nuclear sea, al menos, un evento con buen rating.
En la otra vereda, el Kremlin está en modo drama total. Medvedev, que ahora se dedica a lanzar advertencias apocalípticas desde los márgenes del poder, dice que esto acelera el «Reloj del Juicio Final». Claro, no es que seamos pesimistas, pero que el tipo que tiene el botón rojo te diga que el reloj se mueve más rápido no es precisamente una invitación a la calma. Dmitry Peskov, el vocero ruso, se queja de que Estados Unidos les clava el visto y no responde a la propuesta de extender el tratado. Es comprensible: sin el New START, Rusia pierde ese último resabio de importancia de la era soviética y se queda sola frente a un presupuesto de defensa estadounidense que es, básicamente, el PBI de varios planetas sumados. La idea de Trump de revivir los acorazados nucleares tiene a los rusos haciendo cuentas con una calculadora que ya no tiene pilas, dándose cuenta de que en una carrera armamentista nueva, ellos terminan corriendo en ojotas.
Por supuesto, Estados Unidos tiene sus razones para dejar que este contrato de alquiler nuclear venza sin renovar. Quieren meter a China en el baile, porque parece que tener un arsenal capaz de vaporizar la galaxia dos veces ya no es suficiente si el vecino de al lado no firma el acta. El fin del New START marca el cierre de una era donde las superpotencias aceptaban límites. Ahora, entramos en la etapa del «todo vale», donde la seguridad global queda en manos de líderes que manejan la diplomacia con la sutileza de un elefante en una cristalería. Así que, si este jueves sienten un calorcito inusual, esperemos que sea solo el verano sanjuanino y no el inicio de la «era sin límites» que tanto preocupa a los que todavía tienen algo de memoria histórica.