En una jornada marcada por la máxima tensión en el Medio Oriente, fuerzas militares de los Estados Unidos debieron intervenir en dos incidentes críticos para repeler acciones hostiles de Irán. Según confirmó el capitán Tim Hawkins, portavoz del Comando Central de EE.UU., un caza F-35C perteneciente al grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln derribó un dron iraní que se aproximó de «manera agresiva» a la embarcación mientras esta navegaba por aguas internacionales en el mar Arábigo.
El incidente del dron, ocurrido a unas 500 millas de la costa sur iraní, fue sucedido horas después por un intento de abordaje en el estratégico estrecho de Ormuz. Allí, dos embarcaciones armadas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán interceptaron a un petrolero de bandera estadounidense, amenazando con capturar la nave. Ante el riesgo inminente, el destructor USS McFaul acudió al rescate, escoltando al carguero fuera de la zona de peligro con el respaldo de unidades de la Fuerza Aérea.
Escalada militar y advertencias de Washington
Desde el Pentágono, el capitán Hawkins calificó el accionar de Teherán como una muestra de la “falta de profesionalismo y conducta agresiva” que impera en la región. El portavoz fue tajante al señalar que el “hostigamiento” en aguas internacionales no será tolerado, advirtiendo que estas maniobras incrementan sustancialmente el riesgo de errores de cálculo que podrían derivar en un conflicto de mayor escala.
“El dron iraní continuó volando hacia el buque a pesar de las medidas de desescalada tomadas por las fuerzas estadounidenses que operaban en aguas internacionales”, detalló Hawkins para graficar la persistencia del acoso. Afortunadamente, no se registraron heridos ni daños materiales en las filas estadounidenses tras las maniobras defensivas.
Diplomacia bajo fuego
Estos enfrentamientos se producen en un momento de extrema fragilidad política, a escasos días de que representantes de ambos países se reúnan para intentar destrabar el conflicto nuclear. Sin embargo, el camino al diálogo parece estar minado por nuevas exigencias de Teherán. Fuentes cercanas a la negociación indicaron que Irán solicitó trasladar la sede del encuentro, excluir a los participantes regionales y limitar estrictamente el debate a su programa nuclear, dejando fuera la producción de misiles balísticos.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, manifestó que, si bien las reuniones lideradas por el enviado especial Steve Witkoff siguen programadas, el presidente Donald Trump mantiene “una serie de opciones sobre la mesa, entre las que se incluye el uso de la fuerza militar”. Actualmente, la Marina de EE.UU. ha reforzado su presencia en la zona con el despliegue de los destructores USS Delbert D. Black y USS Mitscher, sumados al poder de fuego de los escuadrones de cazas Super Hornet y Lightning II.
<p>Un portaaviones de Estados Unidos derribó un dron iraní en el mar Arábigo tras una aproximación agresiva, mientras que dos embarcaciones de la Guardia Revolucionaria hostigaron a un petrolero estadounidense en el estrecho de Ormuz. Estos incidentes ocurren en la antesala de negociaciones diplomáticas en Estambul, complicadas por nuevas exigencias de Teherán sobre el alcance del diálogo nuclear.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Parece que en el manual de diplomacia de la Guardia Revolucionaria Islámica, la sección de «cómo romper el hielo antes de una reunión» fue reemplazada por un tutorial de cómo jugar a la mancha con portaaviones nucleares. Mientras los diplomáticos planchan sus trajes para la cumbre del viernes, algún operador de drones en Teherán decidió que la mejor forma de decir «estamos abiertos al diálogo» era lanzar un aparato no tripulado directamente hacia el USS Abraham Lincoln. El resultado fue previsible: un F-35C estadounidense, que probablemente cuesta más que el PBI de una pequeña nación, tuvo que hacer de fumigador de alta tecnología para bajar al «mosquito» persa que se puso pesado en aguas internacionales.
Pero la hospitalidad iraní no terminó ahí. Como si fuera una despedida de soltero que se salió de control, dos botes armados decidieron perseguir a un petrolero con bandera de EE.UU. en el estrecho de Ormuz, con la clara intención de abordarlo, quizás para preguntar si tenían fuego o para confiscar el crudo en nombre de la paz mundial. Tuvo que aparecer el destructor USS McFaul para escoltar al buque, recordándole a los presentes que la diferencia entre una «operación de vigilancia» y un «papelón internacional» es un destructor con misiles guiados apuntándote al casco. Claramente, la estrategia de Irán es llegar a la mesa de negociación con el pecho inflado, aunque eso implique que sus drones terminen convertidos en arrecifes artificiales antes de que se sirva el primer café de la cumbre.
Lo más fascinante de esta coreografía del caos es el timing. Es como si decidieras quemarle el asado a tu vecino justo cinco minutos antes de ir a pedirle la cortadora de césped. Donald Trump, que no es precisamente conocido por su paciencia budista, ya está mirando el menú de opciones militares mientras la Casa Blanca advierte que, si bien la reunión sigue en pie, los cazas F-35 no están solo para desfiles. Entre tanto, Teherán pide mover la sede de la reunión y excluir a sus vecinos, probablemente porque es difícil explicarle a Arabia Saudí por qué estás tratando de secuestrar barcos en el vecindario mientras hablas de hermandad regional. Es una diplomacia de alto riesgo donde el único que parece estar ganando es el fabricante de combustible para aviones y el guionista de esta serie de suspenso que nadie pidió.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una jornada marcada por la máxima tensión en el Medio Oriente, fuerzas militares de los Estados Unidos debieron intervenir en dos incidentes críticos para repeler acciones hostiles de Irán. Según confirmó el capitán Tim Hawkins, portavoz del Comando Central de EE.UU., un caza F-35C perteneciente al grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln derribó un dron iraní que se aproximó de «manera agresiva» a la embarcación mientras esta navegaba por aguas internacionales en el mar Arábigo.
El incidente del dron, ocurrido a unas 500 millas de la costa sur iraní, fue sucedido horas después por un intento de abordaje en el estratégico estrecho de Ormuz. Allí, dos embarcaciones armadas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán interceptaron a un petrolero de bandera estadounidense, amenazando con capturar la nave. Ante el riesgo inminente, el destructor USS McFaul acudió al rescate, escoltando al carguero fuera de la zona de peligro con el respaldo de unidades de la Fuerza Aérea.
Escalada militar y advertencias de Washington
Desde el Pentágono, el capitán Hawkins calificó el accionar de Teherán como una muestra de la “falta de profesionalismo y conducta agresiva” que impera en la región. El portavoz fue tajante al señalar que el “hostigamiento” en aguas internacionales no será tolerado, advirtiendo que estas maniobras incrementan sustancialmente el riesgo de errores de cálculo que podrían derivar en un conflicto de mayor escala.
“El dron iraní continuó volando hacia el buque a pesar de las medidas de desescalada tomadas por las fuerzas estadounidenses que operaban en aguas internacionales”, detalló Hawkins para graficar la persistencia del acoso. Afortunadamente, no se registraron heridos ni daños materiales en las filas estadounidenses tras las maniobras defensivas.
Diplomacia bajo fuego
Estos enfrentamientos se producen en un momento de extrema fragilidad política, a escasos días de que representantes de ambos países se reúnan para intentar destrabar el conflicto nuclear. Sin embargo, el camino al diálogo parece estar minado por nuevas exigencias de Teherán. Fuentes cercanas a la negociación indicaron que Irán solicitó trasladar la sede del encuentro, excluir a los participantes regionales y limitar estrictamente el debate a su programa nuclear, dejando fuera la producción de misiles balísticos.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, manifestó que, si bien las reuniones lideradas por el enviado especial Steve Witkoff siguen programadas, el presidente Donald Trump mantiene “una serie de opciones sobre la mesa, entre las que se incluye el uso de la fuerza militar”. Actualmente, la Marina de EE.UU. ha reforzado su presencia en la zona con el despliegue de los destructores USS Delbert D. Black y USS Mitscher, sumados al poder de fuego de los escuadrones de cazas Super Hornet y Lightning II.
Parece que en el manual de diplomacia de la Guardia Revolucionaria Islámica, la sección de «cómo romper el hielo antes de una reunión» fue reemplazada por un tutorial de cómo jugar a la mancha con portaaviones nucleares. Mientras los diplomáticos planchan sus trajes para la cumbre del viernes, algún operador de drones en Teherán decidió que la mejor forma de decir «estamos abiertos al diálogo» era lanzar un aparato no tripulado directamente hacia el USS Abraham Lincoln. El resultado fue previsible: un F-35C estadounidense, que probablemente cuesta más que el PBI de una pequeña nación, tuvo que hacer de fumigador de alta tecnología para bajar al «mosquito» persa que se puso pesado en aguas internacionales.
Pero la hospitalidad iraní no terminó ahí. Como si fuera una despedida de soltero que se salió de control, dos botes armados decidieron perseguir a un petrolero con bandera de EE.UU. en el estrecho de Ormuz, con la clara intención de abordarlo, quizás para preguntar si tenían fuego o para confiscar el crudo en nombre de la paz mundial. Tuvo que aparecer el destructor USS McFaul para escoltar al buque, recordándole a los presentes que la diferencia entre una «operación de vigilancia» y un «papelón internacional» es un destructor con misiles guiados apuntándote al casco. Claramente, la estrategia de Irán es llegar a la mesa de negociación con el pecho inflado, aunque eso implique que sus drones terminen convertidos en arrecifes artificiales antes de que se sirva el primer café de la cumbre.
Lo más fascinante de esta coreografía del caos es el timing. Es como si decidieras quemarle el asado a tu vecino justo cinco minutos antes de ir a pedirle la cortadora de césped. Donald Trump, que no es precisamente conocido por su paciencia budista, ya está mirando el menú de opciones militares mientras la Casa Blanca advierte que, si bien la reunión sigue en pie, los cazas F-35 no están solo para desfiles. Entre tanto, Teherán pide mover la sede de la reunión y excluir a sus vecinos, probablemente porque es difícil explicarle a Arabia Saudí por qué estás tratando de secuestrar barcos en el vecindario mientras hablas de hermandad regional. Es una diplomacia de alto riesgo donde el único que parece estar ganando es el fabricante de combustible para aviones y el guionista de esta serie de suspenso que nadie pidió.