La estrategia del silencio: por qué Vladimir Putin evita confrontar a Donald Trump

Redacción Cuyo News
8 min

En el actual escenario geopolítico de este martes 13 de enero de 2026, el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha demostrado una inusual moderación frente a las acciones de Washington, en un intento por asegurar un resultado favorable en la guerra con Ucrania. Esta postura implica una retirada estratégica de otras zonas de influencia donde, en años anteriores, el Kremlin habría actuado con firmeza militar o diplomática.

El episodio más reciente y elocuente ocurrió el pasado miércoles, cuando el ejército de los Estados Unidos incautó un buque petrolero sancionado que navegaba bajo bandera rusa. La embarcación fue capturada en el océano Atlántico tras intentar evadir a la Guardia Costera estadounidense. Lejos de las habituales retóricas belicistas o amenazas nucleares, el Ministerio de Transporte de Rusia emitió una escueta declaración de tres párrafos, mientras que el propio Putin optó por el silencio absoluto.

Ucrania como prioridad absoluta

Especialistas en política exterior coinciden en que este repliegue no es casual. “Tiene un objetivo, que es salir victorioso en Ucrania, y todo lo demás está subordinado a ese objetivo”, señaló Hanna Notte, directora del programa sobre Eurasia del Centro James Martin de Estudios sobre la No Proliferación. Según el análisis de Notte, cualquier intervención rusa para complicar operaciones estadounidenses en regiones como Venezuela habría significado el riesgo de una ruptura total e irreversible con la administración de Donald Trump.

“Todos los indicadores de la política exterior rusa en este momento son que Ucrania está por encima de todo lo demás con diferencia, así que ¿por qué darles a los estadounidenses un puñetazo en la nariz en eso y hacerlos enojar?”, añadió Notte, subrayando la naturaleza pragmática de la actual inacción de Moscú.

El desmoronamiento del poder global ruso

Sin embargo, esta reacción silente también refleja las limitaciones materiales de Rusia. Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el poder de Moscú ha sufrido un desgaste sistémico que ha erosionado su influencia en Asia Central, el Cáucaso y Moldavia. Este declive se profundizó a finales de 2024 con el colapso del gobierno de Bashar al Asad en Siria y se mantiene ante el avance de las presiones estadounidenses sobre Venezuela, socio clave de Rusia en América Latina.

Alexander Gabuev, director del Centro Carnegie Rusia Eurasia, sostiene que “la guerra de Ucrania es un agujero oscuro que consume los recursos de Rusia”. Para el analista, a pesar de que el país ha mostrado resistencia interna ante las sanciones occidentales, su capacidad como actor global se ha debilitado drásticamente al no poseer excedentes para financiar sus ambiciones internacionales.

La relación transaccional con Washington

Históricamente, el Kremlin ha buscado un orden mundial basado en esferas de influencia privilegiadas. Durante el primer mandato de Trump, funcionarios rusos habrían sugerido otorgar rienda suelta sobre Venezuela a cambio de carta blanca en Ucrania. Trump, por su parte, ha mantenido una visión similar, prometiendo «manejar» la situación venezolana y planteando nuevamente la posibilidad de adquirir Groenlandia a Dinamarca.

Este último punto resulta crítico para la seguridad europea. Expertos advierten que si la administración estadounidense avanzara sobre Groenlandia, la estabilidad de la OTAN se vería seriamente comprometida. “Si Trump llegara a invadir Groenlandia y se apoderara de ella militarmente, la OTAN estaría acabada, lo que sería increíble para los rusos”, concluye el análisis, sugiriendo que Putin espera que los movimientos disruptivos de Washington terminen favoreciendo sus objetivos finales en el continente europeo.

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