En un movimiento que escala dramáticamente la tensión en el Caribe, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este jueves 29 de enero de 2026 una orden ejecutiva que autoriza la imposición de aranceles adicionales a cualquier país que suministre petróleo a Cuba, ya sea de forma directa o indirecta. La medida se fundamenta en la declaración de una «emergencia nacional», al considerar que las acciones del gobierno cubano constituyen una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos.
Un «cerco energético» sin precedentes
La orden ejecutiva busca cortar el último suministro vital de la isla tras la reciente toma de control de la industria petrolera venezolana por parte de Washington. Según fuentes de la Casa Blanca, el objetivo es asfixiar económicamente al régimen de Miguel Díaz-Canel, al que Trump calificó como una «nación fallida» que «no podrá sobrevivir» sin el flujo de crudo externo. El sistema permite aplicar un arancel ad valorem adicional a productos importados desde naciones que mantengan el comercio energético con La Habana.
México aparece como el principal foco de preocupación en este nuevo esquema. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum declaró que la pausa en los envíos de crudo es una «decisión soberana», analistas internacionales señalan que la presión directa de Washington ha sido el factor determinante para evitar las sanciones económicas contra el país azteca.
Acusaciones de espionaje y vínculos con grupos extremistas
El informe oficial que acompaña la orden no se limita a sanciones económicas, sino que endurece la retórica de seguridad. La administración Trump denuncia una profundización de la cooperación en inteligencia y defensa con China, citando la expansión de bases de espionaje en Bejucal y nuevas instalaciones cerca de Santiago de Cuba que permitirían a Pekín monitorear movimientos militares en Florida. Asimismo, el documento sostiene que el gobierno cubano ha permitido a grupos como Hamas y Hezbollah construir «redes económicas y culturales» que servirían de fachada para operaciones de seguridad en el hemisferio occidental.
Reacciones y planes de evacuación diplomática
Desde La Habana, el rechazo fue absoluto. Jorge Legañoa, presidente de la agencia estatal Prensa Latina, calificó la medida como un «intento de genocidio» y advirtió que la falta de combustible paralizará servicios básicos esenciales. Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó la postura oficial indicando que Estados Unidos no se detendrá hasta ver un «cambio de régimen».
Ante este escenario, la situación diplomática ha entrado en una fase de incertidumbre crítica:
- Protocolos de Contingencia: Embajadas de España, Francia y Alemania han activado planes de seguridad y reducido su personal no esencial.
- Avisos a Ciudadanos: Países como Canadá han emitido alertas advirtiendo sobre el posible colapso de la red eléctrica y las telecomunicaciones.
- Movilización hacia Aeropuertos: Se reporta un flujo constante de diplomáticos y sus familias abandonando la isla en vuelos chárter ante el temor de un estallido social similar al de julio de 2021.
«Cuba es una nación que está muy cerca de fallar. Ya no reciben el dinero de Venezuela, ya no reciben el petróleo. Se acabó», sentenció Donald Trump durante la firma del documento en la Oficina Oval.
<p>El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que impone aranceles a naciones que suministren petróleo a Cuba, tras declarar una emergencia nacional por considerar al gobierno isleño una amenaza para su seguridad. La medida, que busca asfixiar al régimen de Miguel Díaz-Canel, ha provocado alertas de evacuación en embajadas europeas y latinoamericanas ante un inminente colapso energético y social en la isla.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Parece que en la Casa Blanca se tomaron muy en serio lo de «año nuevo, vida nueva», porque Donald Trump decidió arrancar el 2026 desempolvando el manual del asedio medieval, pero con aranceles en lugar de catapultas. El magnate firmó una orden ejecutiva que básicamente le dice al mundo: «Si le pasás un bidón de nafta a Cuba, te cobro hasta por respirar aire estadounidense». Es el sueño dorado de cualquier administrador de consorcio con delirios de grandeza: declarar una «emergencia nacional» porque el vecino del fondo puso una antena de inteligencia china en el patio y, supuestamente, invitó a Hamas y Hezbollah a tomar mate en la terraza.
La movida es de una sutileza digna de un elefante en una cristalería. Tras quedarse con las llaves de las petroleras venezolanas, Washington ahora quiere cortarle el chorro definitivo a La Habana, transformando el Caribe en una partida de TEG donde el jugador naranja decidió que nadie más puede mover sus fichas. Mientras Marco Rubio ensaya su mejor cara de «te lo dije» frente a las cámaras, en las embajadas europeas el pánico es total. Los diplomáticos están haciendo las valijas más rápido que un turista que se olvidó el repelente en los Esteros del Iberá, temiendo que la falta de combustible deje a la isla tan a oscuras que hasta los satélites de Elon Musk se pierdan en el mapa. Es el «cerco energético» definitivo: o te quedás sin luz, o te quedás sin amigos.
Lo más irónico de todo es que el informe oficial mezcla espionaje de alta tecnología en Bejucal con la supuesta presencia de células terroristas que, presumiblemente, estarían camufladas entre vendedores de habanos y músicos de Buena Vista Social Club. Con México mirando de reojo y Sheinbaum aplicando la técnica del avestruz diplomático para evitar que le caiga un impuesto al tequila, el panorama para Díaz-Canel es más oscuro que un apagón en plena medianoche. Trump lo resumió con su habitual tacto de seda: «Se acabó». Solo falta que mande la factura del muro a La Habana para completar el álbum de figuritas de la geopolítica más explosiva de la década.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En un movimiento que escala dramáticamente la tensión en el Caribe, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este jueves 29 de enero de 2026 una orden ejecutiva que autoriza la imposición de aranceles adicionales a cualquier país que suministre petróleo a Cuba, ya sea de forma directa o indirecta. La medida se fundamenta en la declaración de una «emergencia nacional», al considerar que las acciones del gobierno cubano constituyen una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos.
Un «cerco energético» sin precedentes
La orden ejecutiva busca cortar el último suministro vital de la isla tras la reciente toma de control de la industria petrolera venezolana por parte de Washington. Según fuentes de la Casa Blanca, el objetivo es asfixiar económicamente al régimen de Miguel Díaz-Canel, al que Trump calificó como una «nación fallida» que «no podrá sobrevivir» sin el flujo de crudo externo. El sistema permite aplicar un arancel ad valorem adicional a productos importados desde naciones que mantengan el comercio energético con La Habana.
México aparece como el principal foco de preocupación en este nuevo esquema. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum declaró que la pausa en los envíos de crudo es una «decisión soberana», analistas internacionales señalan que la presión directa de Washington ha sido el factor determinante para evitar las sanciones económicas contra el país azteca.
Acusaciones de espionaje y vínculos con grupos extremistas
El informe oficial que acompaña la orden no se limita a sanciones económicas, sino que endurece la retórica de seguridad. La administración Trump denuncia una profundización de la cooperación en inteligencia y defensa con China, citando la expansión de bases de espionaje en Bejucal y nuevas instalaciones cerca de Santiago de Cuba que permitirían a Pekín monitorear movimientos militares en Florida. Asimismo, el documento sostiene que el gobierno cubano ha permitido a grupos como Hamas y Hezbollah construir «redes económicas y culturales» que servirían de fachada para operaciones de seguridad en el hemisferio occidental.
Reacciones y planes de evacuación diplomática
Desde La Habana, el rechazo fue absoluto. Jorge Legañoa, presidente de la agencia estatal Prensa Latina, calificó la medida como un «intento de genocidio» y advirtió que la falta de combustible paralizará servicios básicos esenciales. Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó la postura oficial indicando que Estados Unidos no se detendrá hasta ver un «cambio de régimen».
Ante este escenario, la situación diplomática ha entrado en una fase de incertidumbre crítica:
- Protocolos de Contingencia: Embajadas de España, Francia y Alemania han activado planes de seguridad y reducido su personal no esencial.
- Avisos a Ciudadanos: Países como Canadá han emitido alertas advirtiendo sobre el posible colapso de la red eléctrica y las telecomunicaciones.
- Movilización hacia Aeropuertos: Se reporta un flujo constante de diplomáticos y sus familias abandonando la isla en vuelos chárter ante el temor de un estallido social similar al de julio de 2021.
«Cuba es una nación que está muy cerca de fallar. Ya no reciben el dinero de Venezuela, ya no reciben el petróleo. Se acabó», sentenció Donald Trump durante la firma del documento en la Oficina Oval.
Parece que en la Casa Blanca se tomaron muy en serio lo de «año nuevo, vida nueva», porque Donald Trump decidió arrancar el 2026 desempolvando el manual del asedio medieval, pero con aranceles en lugar de catapultas. El magnate firmó una orden ejecutiva que básicamente le dice al mundo: «Si le pasás un bidón de nafta a Cuba, te cobro hasta por respirar aire estadounidense». Es el sueño dorado de cualquier administrador de consorcio con delirios de grandeza: declarar una «emergencia nacional» porque el vecino del fondo puso una antena de inteligencia china en el patio y, supuestamente, invitó a Hamas y Hezbollah a tomar mate en la terraza.
La movida es de una sutileza digna de un elefante en una cristalería. Tras quedarse con las llaves de las petroleras venezolanas, Washington ahora quiere cortarle el chorro definitivo a La Habana, transformando el Caribe en una partida de TEG donde el jugador naranja decidió que nadie más puede mover sus fichas. Mientras Marco Rubio ensaya su mejor cara de «te lo dije» frente a las cámaras, en las embajadas europeas el pánico es total. Los diplomáticos están haciendo las valijas más rápido que un turista que se olvidó el repelente en los Esteros del Iberá, temiendo que la falta de combustible deje a la isla tan a oscuras que hasta los satélites de Elon Musk se pierdan en el mapa. Es el «cerco energético» definitivo: o te quedás sin luz, o te quedás sin amigos.
Lo más irónico de todo es que el informe oficial mezcla espionaje de alta tecnología en Bejucal con la supuesta presencia de células terroristas que, presumiblemente, estarían camufladas entre vendedores de habanos y músicos de Buena Vista Social Club. Con México mirando de reojo y Sheinbaum aplicando la técnica del avestruz diplomático para evitar que le caiga un impuesto al tequila, el panorama para Díaz-Canel es más oscuro que un apagón en plena medianoche. Trump lo resumió con su habitual tacto de seda: «Se acabó». Solo falta que mande la factura del muro a La Habana para completar el álbum de figuritas de la geopolítica más explosiva de la década.