¿Nueve palos verdes? ¡Un afano! Los senadores, cual teros en celo, patalean por la supuesta «inflación» de sus dietas. «Menos de 4 millones», aseguran con la mano en el corazón, aunque sin aclarar si es antes o después del asado. Villarruel, en el ojo de la tormenta, acusada de prender el ventilador. ¿Cristina congelando dietas? El kirchnerismo en modo «ahorro» suena tan creíble como un vegano en un asado.
Mientras tanto, el pueblo llora por el precio del pancho y la birra. Al chango sin embargo no le alcanza ni el fernet para el dolor de bolsillo. Los legisladores se quejan de los gastos porteños: alquileres siderales, morfi gourmet y el drama de mantener dos casas. Che, ¿y la austeridad? Parece que solo aplica para el plebeyo. La actualización salarial atada a la paritaria legislativa deja un sabor amargo. ¿Se viene otro aumento encubierto?
La cereza del postre: un proyecto para topear los sueldos de los tres poderes. ¿A 20 salarios mínimos? ¡Qué revolucionarios! Lástima que duerme en el cajón del olvido. Diputados, en silencio stampa. Sus recibos de sueldo son un misterio digno de Sherlock Holmes. Transparencia nivel: carpetazo debajo de la alfombra. En resumen: la política argentina, un reality show donde el guión es tragicómico y el final, impredecible.
Fuego cruzado por las dietas
La controversia por el descongelamiento de las dietas de los senadores genera un fuerte cruce entre los legisladores y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Los senadores niegan rotundamente que sus haberes vayan a ascender a $9 millones, cifra que atribuyen a una tergiversación de la diputada Victoria Villarruel. Sin embargo, evitan precisar el monto real que percibirán en mayo, tras la actualización salarial correspondiente a abril.
El fantasma del aumento
El descontento de los senadores se centra en la polémica generada en torno a la actualización de sus dietas, ligada a la paritaria de los empleados del Congreso. Si bien reconocen que sus ingresos son «importantes», argumentan que deben afrontar gastos considerables por desarraigo, alquileres en Buenos Aires y el mantenimiento de sus viviendas en sus provincias de origen. Señalan que el sueldo de un senador, tras la actualización, rondaría los $6 millones de bolsillo. La tensión se agudiza con la postura de la vicepresidenta, quien pretende mantener las dietas congeladas a valores de abril de 2024.
Transparencia en tela de juicio
La discusión se origina en la fórmula de actualización aprobada el año pasado, que establece la dieta en 2.500 módulos, más 1.000 por gastos de representación y 500 por desarraigo. Con el valor del módulo fijado en $2.225,252, el haber bruto ascendería a $8.901.000. Aunque las autoridades del Senado no confirman la cifra final, se estima que con los descuentos, el ingreso neto rondaría los $6.6 millones. La falta de información precisa sobre los sueldos de los diputados, cuyo último recibo publicado data de febrero de 2024, alimenta la controversia sobre la transparencia en el manejo de los fondos públicos. Asimismo, un proyecto de ley para topear los haberes de los tres poderes del Estado, impulsado por el senador José Mayans, permanece sin avances. La inminente negociación paritaria de los empleados legislativos, con un posible aumento del 1,2%, preanuncia una nueva actualización del módulo salarial y, consecuentemente, de las dietas, reavivando la polémica.