Psicología Intercultural: Por qué nuestro cerebro sería distinto si hubiéramos nacido en otro país

Redacción Cuyo News
6 min

La incógnita sobre cuánto de nuestra identidad pertenece a la biología y cuánto al lugar donde crecemos ha sido un terreno de disputa para filósofos y científicos durante siglos. Sin embargo, el surgimiento de la Psicología Intercultural está aportando datos concretos a este debate. Investigaciones recientes sugieren que el entorno cultural no solo modifica nuestras costumbres superficiales, sino que llega a reconfigurar las vías neuronales de nuestro cerebro.

La especialista en genética psiquiátrica de la Universidad de Oslo, Ziada Ayorech, sostiene que el ADN es una estructura fundamental que no cambia, pero que de ninguna manera nos define por completo. «Es esa combinación de naturaleza y crianza la que nos define y contribuye a nuestras creencias y culturas», afirma la experta, quien ha vivido en Uganda, Canadá, Reino Unido y Noruega, experimentando en carne propia cómo cada sociedad moldea su nivel de extroversión y sus perspectivas sociales.

El veredicto de los gemelos: La regla del 50%

Para determinar el peso de la herencia versus el ambiente, la ciencia se ha apoyado históricamente en el estudio de gemelos. En 2015, se realizó un metaanálisis masivo que revisó casi 50 años de investigaciones sobre 14 millones de gemelos en todo el mundo, evaluando 17.000 rasgos diferentes. Los resultados fueron contundentes: la genética explica, en promedio, solo el 50% de las diferencias individuales.

El impacto del entorno varía según el rasgo analizado:

  • Coeficiente intelectual: Es hereditario en más de un 50%, aunque la influencia genética se vuelve más fuerte en la edad adulta que en la infancia.
  • Rasgos de personalidad: Son hereditarios en aproximadamente un 40%, lo que significa que la mayoría de las diferencias en la forma de ser de una población dependen del entorno.

Cerebros moldeados por la geografía

La adaptación a las normas sociales de un país puede alterar incluso a las personas con una carga genética tendiente a la sociabilidad. Ayorech comenta que, pese a ser naturalmente extrovertida, la cultura noruega —donde no se acostumbra iniciar conversaciones con desconocidos— la ha vuelto menos comunicativa en la práctica. No obstante, destaca que los individuos tienden a «buscar entornos acordes con sus rasgos genéticos» de forma inconsciente.

Por su parte, Ching-Yu Huang, psicóloga intercultural de la Universidad Nacional de Taiwán, asegura que la cultura es una «parte absolutamente crucial» del desarrollo humano. Según Huang, una persona nacida en Escandinavia con un ADN específico habría desarrollado una identidad y una estructura cerebral radicalmente distinta si hubiera crecido en Asia. «El cerebro que tienes ahora sería muy diferente si hubieras nacido y crecido en Taiwán, incluso teniendo el mismo ADN», concluye, reforzando la idea de que somos, en gran medida, hijos de nuestra circunstancia geográfica.

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