Un dramático giro en la investigación por el suicidio de un soldado destinado a la Residencia Presidencial de Olivos ha colocado nuevamente en el centro del debate la seguridad en los establecimientos penitenciarios. Tras confirmarse que el joven fue víctima de una extorsión sistemática coordinada desde el interior de una cárcel, el Gobierno Nacional endureció su postura respecto al uso de tecnología por parte de los internos.
El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue tajante al respecto: «Permitir que un preso tenga teléfono celular es equivalente a permitir que un preso tenga un arma». Esta declaración marca el inicio de una política de tolerancia cero frente a los dispositivos móviles en los penales, buscando frenar el crecimiento de delitos como la ingeniería social y el chantaje operado intramuros.
El modelo tecnológico en San Juan
En este contexto, la provincia de San Juan ha tomado la delantera con un programa de modernización para el Penal de Chimbas. El Servicio Penitenciario Provincial anunció que durante el primer semestre de 2026 comenzarán las pruebas de un sistema de inhibidores de señal focalizados. Esta tecnología permitirá bloquear las comunicaciones exclusivamente dentro de los pabellones, evitando afectar la señal de los vecinos residentes en las zonas aledañas.
Como alternativa para garantizar el contacto con sus allegados, el plan incluye la instalación de terminales de telefonía fija controlada en los accesos de los pabellones. Todas las llamadas serán bajo turnos programados y estarán sujetas a registro y supervisión por parte de las autoridades correspondientes.
Lucha contra la impunidad digital
La tragedia en Olivos reveló la peligrosidad de las estructuras criminales que utilizan el anonimato digital para gestionar robos, estafas virtuales y amenazas desde sus celdas. «No se puede permitir que la cárcel sea una oficina de delitos a distancia», indicaron fuentes del Ministerio de Seguridad.
El éxito del plan piloto en el Penal de Chimbas podría definir el estándar nacional para el resto de los servicios penitenciarios federales y provinciales. El objetivo es cerrar definitivamente la brecha tecnológica que hoy permite a los internos continuar con sus actividades delictivas a pesar de encontrarse privados de la libertad.
<p>El Gobierno Nacional, a través del Jefe de Gabinete Manuel Adorni, equiparó la tenencia de celulares en las cárceles con la posesión de armas, tras el suicidio de un soldado en Olivos vinculado a una extorsión carcelaria. En San Juan, el Penal de Chimbas implementará un sistema de inhibidores focalizados y telefonía fija controlada para combatir estos delitos durante el primer semestre de 2026.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos al nuevo episodio de «Cosas que parecen obvias pero tardamos décadas en notar». Manuel Adorni, en uno de esos momentos de lucidez tuitera que lo caracterizan, acaba de descubrir que un preso con un celular es tan peligroso como un preso con un cortaplumas, solo que el primero puede robarte la cuenta del banco mientras desayuna mate cocido. La frase «un celular es un arma» cayó como una bomba en el tablero político, impulsada por la tragedia de un soldado en Olivos que terminó siendo víctima de un call center delictivo operado desde la comodidad de un pabellón. Es fascinante pensar que, mientras uno sufre para tener señal de 4G en el centro, hay internos que parecen tener el plan premium corporativo para coordinar extorsiones, estafas y hasta el delivery de la cena, todo sin moverse de la litera.
En San Juan, como no nos gusta quedarnos atrás en esto de la modernidad, ya decidimos que el Penal de Chimbas se va a convertir en una especie de búnker digital. La idea es instalar inhibidores tan quirúrgicos que solo dejen sin señal a los que tienen que estar incomunicados, evitando que la vieja de la esquina se quede sin poder ver sus videos de cocina por culpa del bloqueo. Y para los que se quejen del derecho a la comunicación, les van a poner teléfonos fijos controlados, un concepto tan vintage que probablemente los presos más jóvenes piensen que son objetos decorativos de un museo de los años 90. Si el plan funciona, en 2026 Chimbas será el modelo a seguir, demostrando que la única forma de que la cárcel no sea una «oficina de delitos» es cortando el Wi-Fi y devolviéndolos a la era del teléfono público con monedas.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Un dramático giro en la investigación por el suicidio de un soldado destinado a la Residencia Presidencial de Olivos ha colocado nuevamente en el centro del debate la seguridad en los establecimientos penitenciarios. Tras confirmarse que el joven fue víctima de una extorsión sistemática coordinada desde el interior de una cárcel, el Gobierno Nacional endureció su postura respecto al uso de tecnología por parte de los internos.
El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue tajante al respecto: «Permitir que un preso tenga teléfono celular es equivalente a permitir que un preso tenga un arma». Esta declaración marca el inicio de una política de tolerancia cero frente a los dispositivos móviles en los penales, buscando frenar el crecimiento de delitos como la ingeniería social y el chantaje operado intramuros.
El modelo tecnológico en San Juan
En este contexto, la provincia de San Juan ha tomado la delantera con un programa de modernización para el Penal de Chimbas. El Servicio Penitenciario Provincial anunció que durante el primer semestre de 2026 comenzarán las pruebas de un sistema de inhibidores de señal focalizados. Esta tecnología permitirá bloquear las comunicaciones exclusivamente dentro de los pabellones, evitando afectar la señal de los vecinos residentes en las zonas aledañas.
Como alternativa para garantizar el contacto con sus allegados, el plan incluye la instalación de terminales de telefonía fija controlada en los accesos de los pabellones. Todas las llamadas serán bajo turnos programados y estarán sujetas a registro y supervisión por parte de las autoridades correspondientes.
Lucha contra la impunidad digital
La tragedia en Olivos reveló la peligrosidad de las estructuras criminales que utilizan el anonimato digital para gestionar robos, estafas virtuales y amenazas desde sus celdas. «No se puede permitir que la cárcel sea una oficina de delitos a distancia», indicaron fuentes del Ministerio de Seguridad.
El éxito del plan piloto en el Penal de Chimbas podría definir el estándar nacional para el resto de los servicios penitenciarios federales y provinciales. El objetivo es cerrar definitivamente la brecha tecnológica que hoy permite a los internos continuar con sus actividades delictivas a pesar de encontrarse privados de la libertad.
Bienvenidos al nuevo episodio de «Cosas que parecen obvias pero tardamos décadas en notar». Manuel Adorni, en uno de esos momentos de lucidez tuitera que lo caracterizan, acaba de descubrir que un preso con un celular es tan peligroso como un preso con un cortaplumas, solo que el primero puede robarte la cuenta del banco mientras desayuna mate cocido. La frase «un celular es un arma» cayó como una bomba en el tablero político, impulsada por la tragedia de un soldado en Olivos que terminó siendo víctima de un call center delictivo operado desde la comodidad de un pabellón. Es fascinante pensar que, mientras uno sufre para tener señal de 4G en el centro, hay internos que parecen tener el plan premium corporativo para coordinar extorsiones, estafas y hasta el delivery de la cena, todo sin moverse de la litera.
En San Juan, como no nos gusta quedarnos atrás en esto de la modernidad, ya decidimos que el Penal de Chimbas se va a convertir en una especie de búnker digital. La idea es instalar inhibidores tan quirúrgicos que solo dejen sin señal a los que tienen que estar incomunicados, evitando que la vieja de la esquina se quede sin poder ver sus videos de cocina por culpa del bloqueo. Y para los que se quejen del derecho a la comunicación, les van a poner teléfonos fijos controlados, un concepto tan vintage que probablemente los presos más jóvenes piensen que son objetos decorativos de un museo de los años 90. Si el plan funciona, en 2026 Chimbas será el modelo a seguir, demostrando que la única forma de que la cárcel no sea una «oficina de delitos» es cortando el Wi-Fi y devolviéndolos a la era del teléfono público con monedas.