Una familia del departamento Rivadavia atraviesa horas de incertidumbre tras un confuso episodio ocurrido en una peluquería canina ubicada sobre la avenida Ignacio de la Roza, en las inmediaciones de la zona conocida como Esquina Colorada. Por un error del personal del establecimiento, los propietarios recibieron una mascota equivocada y, desde hace 48 horas, desconocen el paradero de su perro, un caniche llamado Cirilo.
El incidente tuvo lugar durante la tarde del pasado lunes 5 de enero. Según el relato de los damnificados, llevaron a sus dos mascotas para los servicios habituales de higiene y corte. Al momento de retirarlos, el personal del comercio colaboró con el traslado de los animales hasta el vehículo, momento en el cual se produjo la confusión que solo fue detectada una vez que la familia arribó a su hogar.
El relato de los propietarios
Elías Madrid, dueño de Cirilo, detalló la secuencia del extravío: “Yo llevaba a Cora y la mujer del local llevaba a Cirilo. Recién en mi casa me di cuenta de que el perro que me habían dado no era el mío”, explicó. Ante el hallazgo, regresó de inmediato al local comercial para solicitar explicaciones y revertir la situación, pero se encontró con una respuesta inesperada.
Desde la peluquería indicaron que otro cliente había concurrido previamente con una mascota de similares características. En medio de la actividad del local, se habría generado un intercambio involuntario. Al parecer, cuando Madrid llegó al comercio, el animal del otro cliente ya estaba listo, mientras que Cirilo recién comenzaba a ser atendido, lo que propició la entrega errónea. No obstante, el local manifestó no contar con los datos de contacto del otro involucrado para subsanar el error.
Búsqueda y características de Cirilo
La familia aclaró que son clientes habituales del establecimiento y que nunca habían experimentado un problema de esta naturaleza. “No queremos generar conflictos, solo recuperar a nuestro perro y que el otro vuelva con su familia”, expresó Madrid, remarcando que actualmente mantienen bajo su cuidado al perro entregado por error, a la espera de que su verdadero dueño se presente.
Cirilo es un caniche de ocho años que, debido al servicio realizado el lunes, presenta el pelo corto y la cola larga, características esenciales para su identificación. La familia solicita la colaboración de la comunidad sanjuanina, especialmente de quienes hayan asistido a la mencionada peluquería el pasado lunes entre las 18 y las 22 horas. Ante cualquier información certera sobre el paradero del animal, se ha dispuesto el número de contacto 2645670870.
<p>Una familia del departamento Rivadavia busca intensamente a su perro, Cirilo, tras un insólito error en una peluquería canina de la zona de Esquina Colorada. El comercio entregó por error una mascota diferente a sus propietarios, quienes advirtieron la confusión al llegar a su domicilio. Actualmente, la familia resguarda al animal equivocado mientras intenta localizar al otro cliente involucrado para concretar el intercambio.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos al multiverso de los caniches, esa dimensión paralela donde todas las mascotas de San Juan parecen haber sido clonadas en la misma fábrica de nubes blancas y ansiedad canina. Lo ocurrido en la zona de Esquina Colorada no es solo un error administrativo; es una falla en la Matrix del grooming provincial. Imaginen la escena: usted va a buscar a su compañero de vida, ese que conoce desde que era un cachorro, y la peluquería le entrega un «modelo estándar» con el mismo corte de pelo. Usted lo sube al auto, le habla, quizás hasta le confiesa sus problemas existenciales en el semáforo, para terminar dándose cuenta en el living de su casa de que el perro lo mira con la extrañeza de quien está viendo a un completo desconocido. Es el sueño húmedo de cualquier guionista de comedia de enredos, pero protagonizado por un animal que no entiende por qué el olor de su dueño ahora es de otra familia.
Lo más fascinante de esta crónica del absurdo es la respuesta del comercio, que básicamente aplicó un «no tenemos el contacto del otro cliente», dejando a la familia Madrid en una situación de rehén doméstico. Ahora tienen en su casa a un perro «impostor» que, nobleza obliga, tampoco tiene la culpa de la incompetencia logística del local, mientras el verdadero Cirilo debe estar preguntándose en qué momento su vida se convirtió en un capítulo de Relatos Salvajes. La familia está tan desesperada que ha tenido que salir a aclarar que Cirilo tiene «la cola larga», un rasgo distintivo que, en este mar de caniches uniformados por la estética de la Avenida Ignacio de la Roza, es lo único que nos separa del caos absoluto. Si esto fuera una película de suspenso, estaríamos ante el primer intercambio de prisioneros donde la moneda de cambio es el pedigree y el cariño filial.
El nivel de surrealismo escala cuando advertimos que el dueño del otro perro tampoco se ha reportado. ¿Acaso no notó que su mascota ahora tiene otra personalidad? ¿O es que en San Juan hemos alcanzado tal nivel de desconexión que cualquier caniche blanco nos parece intercambiable mientras esté limpio y huela a talco? Elías Madrid, en un acto de santidad civil, cuida al animal que le dieron por error mientras reza para que el universo le devuelva al suyo. Si usted llevó a su caniche a bañar el lunes y nota que su perro ahora sabe trucos que antes no sabía o que lo mira con resentimiento porque no le gusta la marca de alimento que le compra, por favor, revise el contrato. Estamos a un paso de que las peluquerías caninas empiecen a implementar escaneo de retina o huellas dactilares para evitar que el próximo lunes alguien se lleve a su casa un Gran Danés pensando que es su Chihuahua recién peinado.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Una familia del departamento Rivadavia atraviesa horas de incertidumbre tras un confuso episodio ocurrido en una peluquería canina ubicada sobre la avenida Ignacio de la Roza, en las inmediaciones de la zona conocida como Esquina Colorada. Por un error del personal del establecimiento, los propietarios recibieron una mascota equivocada y, desde hace 48 horas, desconocen el paradero de su perro, un caniche llamado Cirilo.
El incidente tuvo lugar durante la tarde del pasado lunes 5 de enero. Según el relato de los damnificados, llevaron a sus dos mascotas para los servicios habituales de higiene y corte. Al momento de retirarlos, el personal del comercio colaboró con el traslado de los animales hasta el vehículo, momento en el cual se produjo la confusión que solo fue detectada una vez que la familia arribó a su hogar.
El relato de los propietarios
Elías Madrid, dueño de Cirilo, detalló la secuencia del extravío: “Yo llevaba a Cora y la mujer del local llevaba a Cirilo. Recién en mi casa me di cuenta de que el perro que me habían dado no era el mío”, explicó. Ante el hallazgo, regresó de inmediato al local comercial para solicitar explicaciones y revertir la situación, pero se encontró con una respuesta inesperada.
Desde la peluquería indicaron que otro cliente había concurrido previamente con una mascota de similares características. En medio de la actividad del local, se habría generado un intercambio involuntario. Al parecer, cuando Madrid llegó al comercio, el animal del otro cliente ya estaba listo, mientras que Cirilo recién comenzaba a ser atendido, lo que propició la entrega errónea. No obstante, el local manifestó no contar con los datos de contacto del otro involucrado para subsanar el error.
Búsqueda y características de Cirilo
La familia aclaró que son clientes habituales del establecimiento y que nunca habían experimentado un problema de esta naturaleza. “No queremos generar conflictos, solo recuperar a nuestro perro y que el otro vuelva con su familia”, expresó Madrid, remarcando que actualmente mantienen bajo su cuidado al perro entregado por error, a la espera de que su verdadero dueño se presente.
Cirilo es un caniche de ocho años que, debido al servicio realizado el lunes, presenta el pelo corto y la cola larga, características esenciales para su identificación. La familia solicita la colaboración de la comunidad sanjuanina, especialmente de quienes hayan asistido a la mencionada peluquería el pasado lunes entre las 18 y las 22 horas. Ante cualquier información certera sobre el paradero del animal, se ha dispuesto el número de contacto 2645670870.
Bienvenidos al multiverso de los caniches, esa dimensión paralela donde todas las mascotas de San Juan parecen haber sido clonadas en la misma fábrica de nubes blancas y ansiedad canina. Lo ocurrido en la zona de Esquina Colorada no es solo un error administrativo; es una falla en la Matrix del grooming provincial. Imaginen la escena: usted va a buscar a su compañero de vida, ese que conoce desde que era un cachorro, y la peluquería le entrega un «modelo estándar» con el mismo corte de pelo. Usted lo sube al auto, le habla, quizás hasta le confiesa sus problemas existenciales en el semáforo, para terminar dándose cuenta en el living de su casa de que el perro lo mira con la extrañeza de quien está viendo a un completo desconocido. Es el sueño húmedo de cualquier guionista de comedia de enredos, pero protagonizado por un animal que no entiende por qué el olor de su dueño ahora es de otra familia.
Lo más fascinante de esta crónica del absurdo es la respuesta del comercio, que básicamente aplicó un «no tenemos el contacto del otro cliente», dejando a la familia Madrid en una situación de rehén doméstico. Ahora tienen en su casa a un perro «impostor» que, nobleza obliga, tampoco tiene la culpa de la incompetencia logística del local, mientras el verdadero Cirilo debe estar preguntándose en qué momento su vida se convirtió en un capítulo de Relatos Salvajes. La familia está tan desesperada que ha tenido que salir a aclarar que Cirilo tiene «la cola larga», un rasgo distintivo que, en este mar de caniches uniformados por la estética de la Avenida Ignacio de la Roza, es lo único que nos separa del caos absoluto. Si esto fuera una película de suspenso, estaríamos ante el primer intercambio de prisioneros donde la moneda de cambio es el pedigree y el cariño filial.
El nivel de surrealismo escala cuando advertimos que el dueño del otro perro tampoco se ha reportado. ¿Acaso no notó que su mascota ahora tiene otra personalidad? ¿O es que en San Juan hemos alcanzado tal nivel de desconexión que cualquier caniche blanco nos parece intercambiable mientras esté limpio y huela a talco? Elías Madrid, en un acto de santidad civil, cuida al animal que le dieron por error mientras reza para que el universo le devuelva al suyo. Si usted llevó a su caniche a bañar el lunes y nota que su perro ahora sabe trucos que antes no sabía o que lo mira con resentimiento porque no le gusta la marca de alimento que le compra, por favor, revise el contrato. Estamos a un paso de que las peluquerías caninas empiecen a implementar escaneo de retina o huellas dactilares para evitar que el próximo lunes alguien se lleve a su casa un Gran Danés pensando que es su Chihuahua recién peinado.