La Escuela de Educación Especial y Formación Laboral Aleluya-Arid incorporó el curso de manipulación de alimentos con ajustes pedagógicos para personas con discapacidad. Desde principios de octubre participan más de 30 personas, entre estudiantes, tutores y acompañantes terapéuticos.
La capacitación forma parte del programa Equidad e Inclusión para la Manipulación de Alimentos, impulsado por las direcciones de Políticas para la Equidad y de Personas con Discapacidad. También se incorporaron personas ajenas a la escuela e integrantes del programa Trabajando Sueños que realizan entrenamientos laborales en empresas gastronómicas.
Cinco módulos y recursos prácticos
La propuesta mantiene los contenidos exigidos por el Código Alimentario Argentino, pero los organiza en cinco módulos. A diferencia del formato tradicional, que concentra las clases en una jornada, esta modalidad distribuye la enseñanza y las evaluaciones.
Los materiales y el vocabulario incluyen ajustes para personas con discapacidad intelectual. Las actividades utilizan videos, juegos participativos y objetos concretos, como una réplica de heladera para practicar la ubicación de los alimentos según sus necesidades de conservación.
Entre los temas figuran higiene personal, lavado de manos, enfermedades transmitidas por alimentos, contaminación y preparación de comidas sin TACC. También se enseñan buenas prácticas de manufactura, limpieza, control de residuos y plagas, uso de agua segura y refrigeración.
Evaluaciones para obtener el carnet
Después del desarrollo de cada contenido se realiza una evaluación específica en una jornada posterior. Quienes aprueben los exámenes obtendrán el carnet de manipulación de alimentos, con una vigencia de tres años.
Esta es la tercera experiencia institucional del programa. Las anteriores se desarrollaron en la escuela Susana Castelli de ASAL y en el Centro Educativo Terapéutico Inmanus.
En la capacitación de ASAL también participaron integrantes de la cooperativa de trabajo de personas con discapacidad La Panadería Santa Josefina. La experiencia en Aleluya-Arid amplía esa línea de formación, vinculada con el acceso al trabajo gastronómico.
Aleluya-Arid se sumó en octubre al curso accesible de manipulación de alimentos en San Juan. La capacitación reúne a más de 30 participantes, entre estudiantes, tutores y acompañantes terapéuticos. Incluye cinco módulos con recursos pedagógicos adaptados y evaluaciones por contenido. Quienes aprueben podrán obtener el carnet de manipulación de alimentos, válido por tres años.
Una réplica de heladera puede explicar más que una montaña de lenguaje técnico. En Aleluya-Arid, el curso de manipulación de alimentos utiliza objetos, videos y actividades para enseñar contenidos vinculados con el trabajo gastronómico. Parece una idea sencilla: si el objetivo es que alguien aprenda a conservar alimentos, mostrar dónde van puede servir más que envolver la explicación en palabras que necesitan su propio manual de instrucciones.
La propuesta distribuye los contenidos en cinco módulos y evalúa cada tema en una jornada posterior. El formato tradicional concentra la capacitación en un día y el examen en el siguiente: una especie de olla a presión del conocimiento, donde también hay que cuidar que lo aprendido no se evapore antes de rendir.
Acá los ajustes están en los materiales, el lenguaje y la manera de enseñar. Los contenidos siguen siendo los exigidos por el Código Alimentario Argentino, desde higiene hasta refrigeración y prevención de la contaminación: la seguridad alimentaria conserva sus requisitos, aunque la explicación finalmente encuentre una puerta de entrada que no venga trabada de fábrica.
Aleluya-Arid es la tercera institución donde se desarrolla esta modalidad, después de Susana Castelli de ASAL e Inmanus. También participan personas que realizan entrenamientos laborales mediante Trabajando Sueños, una conexión bastante concreta entre formación y empleo: por una vez, la palabra «articulación» tiene algo más para mostrar que dos logos acomodados en un folleto.
Quienes aprueben las evaluaciones podrán obtener un carnet con tres años de vigencia. No hay entrega automática: hay clases, contenidos y exámenes, pero con una metodología que contempla distintas necesidades de aprendizaje. Hasta una heladera de utilería puede ayudar a descongelar la idea de que existe una sola manera de enseñar.
