La provincia de San Juan atraviesa una jornada de condiciones climáticas extremas este miércoles 21 de enero. Según el reporte oficial del Servicio Meteorológico Nacional, se espera que la temperatura máxima alcance los 37°C, mientras que la mínima no descendió de los 23°C durante las primeras horas del día. Este escenario de calor intenso precede a un cambio brusco en el tiempo, motivado por el ingreso de un frente de inestabilidad.
Alerta amarilla por tormentas y granizo
Las autoridades meteorológicas han emitido una alerta amarilla para la zona central de la provincia. Se prevé que el fenómeno meteorológico se inicie durante la tarde o noche de este miércoles. El informe técnico anticipó que las lluvias podrían estar acompañadas por actividad eléctrica y la caída de granizo, factores que incrementan el riesgo para la circulación vehicular y las zonas productivas.
Asimismo, el organismo advirtió sobre la posibilidad de que se registre una «precipitación abundante en cortos periodos», lo que suele generar anegamientos repentinos en áreas urbanas. El fenómeno no vendrá solo, ya que se esperan ráfagas de viento provenientes de diversos sectores que podrían alcanzar velocidades de hasta 75 km/h, complicando aún más el panorama para los habitantes de la región central.
Recomendaciones ante el fenómeno climático
Ante la vigencia de la alerta por granizo y actividad eléctrica, se recomienda a la población asegurar objetos que puedan ser desplazados por el viento y evitar circular por zonas propensas a inundaciones. Las autoridades locales mantienen el monitoreo constante, dado que la intensidad de las ráfagas y la descarga de agua en lapsos breves de tiempo representan el principal desafío de esta jornada climática en San Juan.
<p>El Servicio Meteorológico Nacional emitió una alerta amarilla por tormentas fuertes para el centro de San Juan este miércoles 21 de enero. Tras una jornada de calor extremo con máximas de 37°C, se espera para la tarde-noche la llegada de precipitaciones intensas, actividad eléctrica y ocasional caída de granizo, acompañadas por ráfagas de viento que podrían alcanzar los 75 km/h.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Vivir en San Juan durante el mes de enero es lo más parecido a realizar un retiro espiritual en la superficie del sol, pero con el agravante de que no hay paz interior, sino solo sudor exterior. Este miércoles, la naturaleza ha decidido que 37 grados de máxima no eran suficientes para castigar nuestra paciencia, por lo que ha programado un menú meteorológico que incluye una alerta amarilla, diseñada específicamente para recordarnos que el apocalipsis siempre puede ser un poco más húmedo y ruidoso.
La jornada comenzó con esa mínima de 23 grados que, en cualquier otra parte del mundo civilizado, sería el pico de una ola de calor, pero que aquí aceptamos con la resignación de quien ya sabe que terminará el día cocinado a fuego lento. Sin embargo, lo verdaderamente fascinante es el giro narrativo que nos espera para la tarde-noche: una tormenta que promete no solo agua, sino un despliegue de efectos especiales dignos de una producción de Michael Bay. Hablamos de actividad eléctrica para iluminar la provincia —probablemente lo único que funcione si se corta la luz— y ese granizo que siempre llega justo cuando recordamos que dejamos el auto afuera.
Como si la humedad y el hielo descendente no fueran suficientes para arruinar el peinado de la población, el pronóstico anticipa ráfagas de hasta 75 km/h. Es decir, el viento no solo refrescará, sino que tendrá la fuerza necesaria para trasladar las macetas de su balcón hacia la jurisdicción de la provincia vecina sin previo aviso. Los ciudadanos estamos ante esa clásica disyuntiva sanjuanina: morir deshidratados bajo el sol inclemente o ser arrastrados por un temporal que promete «precipitación abundante en cortos periodos», una frase elegante para decir que las calles se convertirán en canales de Venecia, pero con menos romance y más barro acumulado en las esquinas.
En definitiva, este 21 de enero se presenta como la prueba máxima de supervivencia urbana. Mientras el termómetro intenta batir récords de crueldad, el cielo se prepara para lanzar todo su arsenal de granizo y electricidad, dejándonos a todos en esa tensa espera donde lo único que queda es rezar para que las ráfagas no se lleven el techo y que la lluvia, al menos, logre bajar la temperatura antes de que el asfalto termine de licuarse por completo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La provincia de San Juan atraviesa una jornada de condiciones climáticas extremas este miércoles 21 de enero. Según el reporte oficial del Servicio Meteorológico Nacional, se espera que la temperatura máxima alcance los 37°C, mientras que la mínima no descendió de los 23°C durante las primeras horas del día. Este escenario de calor intenso precede a un cambio brusco en el tiempo, motivado por el ingreso de un frente de inestabilidad.
Alerta amarilla por tormentas y granizo
Las autoridades meteorológicas han emitido una alerta amarilla para la zona central de la provincia. Se prevé que el fenómeno meteorológico se inicie durante la tarde o noche de este miércoles. El informe técnico anticipó que las lluvias podrían estar acompañadas por actividad eléctrica y la caída de granizo, factores que incrementan el riesgo para la circulación vehicular y las zonas productivas.
Asimismo, el organismo advirtió sobre la posibilidad de que se registre una «precipitación abundante en cortos periodos», lo que suele generar anegamientos repentinos en áreas urbanas. El fenómeno no vendrá solo, ya que se esperan ráfagas de viento provenientes de diversos sectores que podrían alcanzar velocidades de hasta 75 km/h, complicando aún más el panorama para los habitantes de la región central.
Recomendaciones ante el fenómeno climático
Ante la vigencia de la alerta por granizo y actividad eléctrica, se recomienda a la población asegurar objetos que puedan ser desplazados por el viento y evitar circular por zonas propensas a inundaciones. Las autoridades locales mantienen el monitoreo constante, dado que la intensidad de las ráfagas y la descarga de agua en lapsos breves de tiempo representan el principal desafío de esta jornada climática en San Juan.
Vivir en San Juan durante el mes de enero es lo más parecido a realizar un retiro espiritual en la superficie del sol, pero con el agravante de que no hay paz interior, sino solo sudor exterior. Este miércoles, la naturaleza ha decidido que 37 grados de máxima no eran suficientes para castigar nuestra paciencia, por lo que ha programado un menú meteorológico que incluye una alerta amarilla, diseñada específicamente para recordarnos que el apocalipsis siempre puede ser un poco más húmedo y ruidoso.
La jornada comenzó con esa mínima de 23 grados que, en cualquier otra parte del mundo civilizado, sería el pico de una ola de calor, pero que aquí aceptamos con la resignación de quien ya sabe que terminará el día cocinado a fuego lento. Sin embargo, lo verdaderamente fascinante es el giro narrativo que nos espera para la tarde-noche: una tormenta que promete no solo agua, sino un despliegue de efectos especiales dignos de una producción de Michael Bay. Hablamos de actividad eléctrica para iluminar la provincia —probablemente lo único que funcione si se corta la luz— y ese granizo que siempre llega justo cuando recordamos que dejamos el auto afuera.
Como si la humedad y el hielo descendente no fueran suficientes para arruinar el peinado de la población, el pronóstico anticipa ráfagas de hasta 75 km/h. Es decir, el viento no solo refrescará, sino que tendrá la fuerza necesaria para trasladar las macetas de su balcón hacia la jurisdicción de la provincia vecina sin previo aviso. Los ciudadanos estamos ante esa clásica disyuntiva sanjuanina: morir deshidratados bajo el sol inclemente o ser arrastrados por un temporal que promete «precipitación abundante en cortos periodos», una frase elegante para decir que las calles se convertirán en canales de Venecia, pero con menos romance y más barro acumulado en las esquinas.
En definitiva, este 21 de enero se presenta como la prueba máxima de supervivencia urbana. Mientras el termómetro intenta batir récords de crueldad, el cielo se prepara para lanzar todo su arsenal de granizo y electricidad, dejándonos a todos en esa tensa espera donde lo único que queda es rezar para que las ráfagas no se lleven el techo y que la lluvia, al menos, logre bajar la temperatura antes de que el asfalto termine de licuarse por completo.