San Juan, 8 de enero de 2026 – A nueve días del fallecimiento de Domingo Castro, fundador del Museo Einstein ubicado en las cuevas de la Sierra Chica de Zonda, la situación del espacio cultural continúa en un limbo preocupante: sin custodia oficial, sin inventarios accesibles y con riesgo inminente para su valiosa colección.
Una colección huérfana, en tierra de nadie
Tras la muerte de Castro, su entorno íntimo —familiares y amigos— se organizó rápidamente para proteger la colección, que incluye piezas paleontológicas y arqueológicas de alto valor. Hubo señales de intentos de intrusión y la preocupación creció rápidamente.
El día posterior al entierro, la presidenta de la Asociación de Museos Privados (AMUPRI), Silvia Beatriz Manzini, envió una carta formal a Gladys González, directora de Patrimonio Natural y Cultural de la Provincia, solicitando custodia policial urgente. La medida buscaba asegurar la colección durante el tradicional período de luto.
Consultamos a las autoridades pertinentes para saber si hubo respuesta. Hasta la fecha, no se ha informado de ninguna presencia policial ni acción oficial concreta. La custodia del patrimonio provincial, al parecer, sigue en pausa.
Inventarios perdidos, leyes dormidas
Manzini alertó sobre un problema aún más grave: la falta de inventarios oficiales. Pese a estar establecidos por la Ley Provincial 6801, las autoridades no cuentan con registros actualizados de las piezas, algo que ya generó consecuencias en el pasado, cuando un robo impidió activar alertas internacionales por esa carencia.
La recientemente sancionada Ley de Museos (noviembre de 2025) podría ordenar esta situación, pero aún no ha sido reglamentada ni publicada oficialmente. La normativa establece criterios claros ante el cierre o extinción de museos privados, como el caso del Einstein. Sin embargo, la implementación sigue pendiente.
Un legado en reconstrucción
En paralelo, el entorno de Castro trabaja en una transición institucional. La cueva donde funcionaba el museo, aunque icónica, no cumple con condiciones mínimas de habitabilidad —carece de baños y está en zona sísmica—, por lo que planean trasladar la colección a un nuevo espacio habilitado dentro del departamento de Rivadavia.
La continuidad del museo, aseguran, está garantizada. Un grupo de amigos, expertos y familiares se reunirá el próximo 15 de enero para definir los pasos a seguir. La idea es honrar el trabajo de Domingo Castro preservando su obra bajo los marcos legales y técnicos actuales.
La comunidad ha respondido con fuerza: publicaciones sobre el fallecimiento y el museo alcanzaron miles de visualizaciones y cientos de comentarios, reflejando tanto el cariño por Castro como el malestar por la falta de respuestas oficiales. El legado de un apasionado de la historia quedó en manos de la voluntad ciudadana. Por ahora.
Tras la muerte del fundador del Museo Einstein, Domingo Castro, familiares y referentes culturales reclaman protección urgente para su valiosa colección. Solicitaron custodia policial y advierten sobre la falta de inventarios oficiales en la provincia. Se proyecta trasladar el museo a un nuevo espacio con habilitación legal.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Mientras los amigos del museo improvisaban formas de resguardo a la espera de respuestas oficiales, desde la Dirección de Patrimonio la contestación brillaba por su ausencia. Consultamos a las autoridades pertinentes y hasta ahora, la única confirmación que obtuvimos es el sonido del eco rebotando en la cueva.
La situación es tan absurda que la provincia no tiene ni un inventario completo del patrimonio cultural. ¿Resultado? Un museo con fósiles más protegidos que los archivos oficiales. Y ni hablar de la Ley 6801, que parece tener menos aplicación que un cupón vencido.
Con el museo cerrado, sin baños, en zona sísmica y con la colección en riesgo, la solución lógica sería trasladarlo. Pero esto es San Juan: lógica y burocracia rara vez se cruzan. Por suerte, un grupo de valientes —familiares, paleontólogos y gente con sentido común— ya se organiza para salvar el legado de Castro. Mientras tanto, seguimos esperando que alguien en Cultura descubra que cuidar el patrimonio también es parte del patrimonio.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
San Juan, 8 de enero de 2026 – A nueve días del fallecimiento de Domingo Castro, fundador del Museo Einstein ubicado en las cuevas de la Sierra Chica de Zonda, la situación del espacio cultural continúa en un limbo preocupante: sin custodia oficial, sin inventarios accesibles y con riesgo inminente para su valiosa colección.
Una colección huérfana, en tierra de nadie
Tras la muerte de Castro, su entorno íntimo —familiares y amigos— se organizó rápidamente para proteger la colección, que incluye piezas paleontológicas y arqueológicas de alto valor. Hubo señales de intentos de intrusión y la preocupación creció rápidamente.
El día posterior al entierro, la presidenta de la Asociación de Museos Privados (AMUPRI), Silvia Beatriz Manzini, envió una carta formal a Gladys González, directora de Patrimonio Natural y Cultural de la Provincia, solicitando custodia policial urgente. La medida buscaba asegurar la colección durante el tradicional período de luto.
Consultamos a las autoridades pertinentes para saber si hubo respuesta. Hasta la fecha, no se ha informado de ninguna presencia policial ni acción oficial concreta. La custodia del patrimonio provincial, al parecer, sigue en pausa.
Inventarios perdidos, leyes dormidas
Manzini alertó sobre un problema aún más grave: la falta de inventarios oficiales. Pese a estar establecidos por la Ley Provincial 6801, las autoridades no cuentan con registros actualizados de las piezas, algo que ya generó consecuencias en el pasado, cuando un robo impidió activar alertas internacionales por esa carencia.
La recientemente sancionada Ley de Museos (noviembre de 2025) podría ordenar esta situación, pero aún no ha sido reglamentada ni publicada oficialmente. La normativa establece criterios claros ante el cierre o extinción de museos privados, como el caso del Einstein. Sin embargo, la implementación sigue pendiente.
Un legado en reconstrucción
En paralelo, el entorno de Castro trabaja en una transición institucional. La cueva donde funcionaba el museo, aunque icónica, no cumple con condiciones mínimas de habitabilidad —carece de baños y está en zona sísmica—, por lo que planean trasladar la colección a un nuevo espacio habilitado dentro del departamento de Rivadavia.
La continuidad del museo, aseguran, está garantizada. Un grupo de amigos, expertos y familiares se reunirá el próximo 15 de enero para definir los pasos a seguir. La idea es honrar el trabajo de Domingo Castro preservando su obra bajo los marcos legales y técnicos actuales.
La comunidad ha respondido con fuerza: publicaciones sobre el fallecimiento y el museo alcanzaron miles de visualizaciones y cientos de comentarios, reflejando tanto el cariño por Castro como el malestar por la falta de respuestas oficiales. El legado de un apasionado de la historia quedó en manos de la voluntad ciudadana. Por ahora.
Mientras los amigos del museo improvisaban formas de resguardo a la espera de respuestas oficiales, desde la Dirección de Patrimonio la contestación brillaba por su ausencia. Consultamos a las autoridades pertinentes y hasta ahora, la única confirmación que obtuvimos es el sonido del eco rebotando en la cueva.
La situación es tan absurda que la provincia no tiene ni un inventario completo del patrimonio cultural. ¿Resultado? Un museo con fósiles más protegidos que los archivos oficiales. Y ni hablar de la Ley 6801, que parece tener menos aplicación que un cupón vencido.
Con el museo cerrado, sin baños, en zona sísmica y con la colección en riesgo, la solución lógica sería trasladarlo. Pero esto es San Juan: lógica y burocracia rara vez se cruzan. Por suerte, un grupo de valientes —familiares, paleontólogos y gente con sentido común— ya se organiza para salvar el legado de Castro. Mientras tanto, seguimos esperando que alguien en Cultura descubra que cuidar el patrimonio también es parte del patrimonio.