DeepL, reconocido por la precisión de sus traducciones desde 2017, enfrenta la creciente competencia de la inteligencia artificial generativa. Su fundador, Jarek Kutylowski, apuesta por la especialización en textos técnicos y empresariales de alto valor como estrategia para mantener el liderazgo y asegurar la relevancia de la compañía en el futuro.
Quienes alguna vez se vieron en la necesidad de traducir un fragmento de texto con celeridad, seguramente tropezaron con DeepL, una herramienta que, desde su desembarco en 2017, se ganó el aplauso de propios y extraños. En un principio, muchos analistas no dudaron en calificarlo como superior a titanes como Google Translate o Microsoft Translator. Y, según su creador, sigue pisando fuerte en la vanguardia.
Concebido originalmente como parte del diccionario online Linguee, DeepL nació de la mente del ingeniero polaco-germano Jarek Kutylowski, de 42 años. Su motor no es otro que la vasta base de datos de Linguee y un algoritmo propio de redes neuronales que le permitió mantenerse en la pelea frente a las también notables traducciones de herramientas de IA generativa como ChatGPT o Gemini. Kutylowski, fundador y director general de DeepL, no tiene dudas: su empresa no solo sobrevivirá a la marea de la IA generativa, sino que el camino para lograrlo pasa por la especialización.
En un diálogo exclusivo desde Colonia, el empresario desgranó su visión sobre el presente y futuro de la traducción automática.
Ocho años en la cancha: ¿cómo cambió el juego?
«Creo que, en general, la calidad de la traducción impulsada por IA ha aumentado a lo largo de los años, y eso ha abierto el abanico de casos de uso», sostuvo Kutylowski. Y añadió: «Ahora es muy útil, por ejemplo, en las empresas. Al principio te podía ayudar a traducir un correo electrónico, o un mensaje para un amigo. Ahora estamos en una etapa en la que puedes traducir documentos legales o técnicos con una calidad operativa. Para nosotros, ha llegado el momento de enfocarnos más en los casos de uso empresarial, en aquellas actividades de alto valor en las que antes simplemente ni se planteaba la traducción automática.» Una declaración que, si bien suena lógica desde su tribuna, nos invita a preguntarnos si la “calidad operativa” es suficiente frente a la versatilidad de los modelos más amplios.
Pero, ¿qué es lo que, según Kutylowski, pone a DeepL un paso adelante de sus competidores? «Estamos muy centrados en la investigación de IA de vanguardia y en la construcción de modelos especialmente diseñados para proporcionar la mejor calidad posible», explicó. El ingeniero subrayó la importancia de la investigación interna y el desarrollo de modelos que emulan a los LLM (grandes modelos de lenguaje) de ChatGPT, pero con un enfoque ultraespecífico. «Siempre hemos estado enfocados en examinar qué problemas surgen durante el proceso de traducción y en tratar de asegurarnos de que todas y cada una de las frases que traducimos sean correctas. Decidimos centrarnos en un conjunto pequeño y limitado de idiomas porque queríamos asegurarnos de hacerlo bien.» Un planteo que, en la era de «todo para todos», se presenta como una jugada arriesgada, o quizás, una genialidad.
La batalla de los gigantes: DeepL frente a ChatGPT y Gemini
La pregunta del millón, la que muchos se hacen mientras ven cómo los modelos generativos crecen a pasos agigantados, es inevitable: ¿cómo se las arregla DeepL ante la aplastante competencia de ChatGPT y Gemini? Kutylowski no se achica. «Incluso antes de que surgieran esos grandes modelos de propósito general, ya habíamos comenzado a trabajar cada vez más en casos de uso enfocados para empresas. No buscamos ser un traductor de la vida cotidiana, del menú de un restaurante o de un cartel de la calle, sino de documentos complicados que requieren terminología muy específica y altas garantías de calidad.» Un argumento que busca desmarcarse del uso masivo para anclar su valor en el nicho de «alto riesgo», donde, asegura, «cada palabra y cada sentido que le añades al texto marca realmente una gran diferencia.»
El gran desafío de cualquier traducción, y el talón de Aquiles de la IA, es la capacidad de capturar la esencia de los modismos, las expresiones locales y, por supuesto, la terminología técnica. ¿Cómo aborda DeepL esta papa caliente? «El equilibrio que siempre tienes que lograr es transmitir el significado, traduciendo básicamente palabra por palabra, y, al mismo tiempo, tratar de reescribir la frase en el idioma de destino. Esto hace que suene mejor y que aciertes más con las expresiones. Pero corres el riesgo de que el significado exacto no se transmita», detalló Kutylowski. Es una danza entre la fidelidad y la fluidez, donde el modelo de DeepL se adapta al tipo de documento, siendo más literal para textos legales y más creativo para marketing. Una flexibilización que genera interrogantes: ¿hasta dónde puede la IA realmente comprender las sutilezas culturales y legales sin un ojo humano?
El horizonte de la traducción automática: ¿qué se viene?
Mirando hacia el futuro, Kutylowski se muestra optimista, aunque con matices. «En primer lugar, creo que tanto tú como yo tenemos suerte de hablar idiomas que están muy bien cubiertos por la traducción automática. El español y el alemán están en la cima de las capacidades de estos modelos. Si miramos otras lenguas, entonces la calidad es un poco más baja.» Aquí, la autocrítica es bienvenida, señalando una deuda pendiente de la tecnología. Pero el director general avizora un aumento continuo de la calidad, con modelos capaces de capturar más contexto empresarial y personalización para adaptarse a las necesidades de cada cliente. «En tres años, eso va a estar en todas partes», sentenció.
Respecto a la traducción en tiempo real, esa promesa futurista que ya se asoma en dispositivos como AirPods o gafas inteligentes, DeepL está «sin duda» preparado. El foco, claro, sigue siendo el entorno corporativo, con integraciones en plataformas como Zoom o Microsoft Teams. Una visión pragmática que deja la ciencia ficción para otros, apostando a lo que realmente “corta el bacalao” en el mundo de los negocios.
Finalmente, y quizás en el punto más inesperado de la charla, surge la pregunta crucial para padres: ¿aconsejaría a sus hijos estudiar idiomas en la era de la IA? La respuesta de Kutylowski es un bálsamo de sentido común en medio de tanta tecnología: «Sí. Mis dos hijos hablan inglés, alemán y un poco de polaco, y mi hija está aprendiendo español. Las herramientas de traducción serán asombrosas en el contexto empresarial, donde necesitas cubrir todo el mundo porque los negocios son cada vez más globales. Pero la belleza de una conversación que puedes tener con alguien de otra parte del mundo sin ayuda de la tecnología sigue siendo importante. Aporta una comprensión mucho mejor de la cultura, y aprender idiomas es genial para el entrenamiento de nuestra mente.» Una afirmación que, sin quitarle mérito a su creación, nos recuerda que hay experiencias humanas que ninguna máquina, por avanzada que sea, podrá replicar del todo. Al menos por ahora.