Un estudio de Fad Juventud y Google.org revela que casi dos de cada diez mensajes en la red social X (ex Twitter) contienen desinformación. El informe, que analizó mil tuits, detectó que el 18,5% son falsos o engañosos, con picos alarmantes en temas como inmigración (50%), justicia (47%) y política (29%). La directora de la fundación subraya la necesidad de que la industria asuma responsabilidades y se fomente el pensamiento crítico.
El _scroll_ infinito se ha convertido en la banda sonora de nuestras vidas, especialmente para los más jóvenes. Detenerse por un momento en un post, deslizar y seguir es un hábito tan arraigado como el respirar. Sin embargo, la pregunta de cómo acompañar a las niñas, niños y adolescentes en su compleja relación con internet no es nueva, pero cobra una urgencia renovada en la era de la infodemia. En este escenario, la fundación Fad Juventud ha puesto los puntos sobre las íes con un informe que, sin anestesia, revela una verdad incómoda: casi dos de cada diez mensajes que circulan en la red social X (antes Twitter) contienen algún tipo de desinformación.
El estudio, bautizado “Entre el ruido y los datos” y elaborado con el apoyo de Google.org, no se anduvo con chiquitas. Concentrando su lupa en la plataforma del dueño de Tesla, se analizó un millar de tuits publicados entre abril y junio de 2024. El resultado es contundente: un 18,5% de esos mensajes resultó ser falso o engañoso. Y no hablamos de errores menores: el 58,9% fueron clasificados directamente como “engaño”, a lo que se suman un 18,9% de descontextualizaciones, un 15,1% de bromas (con qué fines, uno se pregunta) y un 12,4% de exageraciones que distorsionan la realidad a su antojo.
Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud, no anduvo con rodeos. Si bien la protección de menores en el ecosistema digital es un tema de candente debate público, la ejecutiva disparó una verdad que muchos prefieren ignorar: “además de lo legislativo, tenemos que pedir responsabilidades a la industria”. Una declaración que resuena como un llamado de atención a los titanes tecnológicos, cuya pasividad frente al tsunami de la desinformación resulta, cuanto menos, cuestionable. Martín es, además, enfática al remarcar que el desarrollo de una ciudadanía con pensamiento crítico y habilidades digitales en ciberseguridad “es absolutamente necesario para seguir avanzando” como sociedad. ¿Será que la industria prefiere mirar para otro lado mientras la desinformación hace estragos?
La desinformación, una epidemia digital que no discrimina edad
Si hay un tema que parece ser el blanco preferido de esta maquinaria de la posverdad, es la inmigración. El estudio es lapidario: la mitad de las menciones relacionadas con este tema en X contienen información falsa o directamente manipulada. Aquí no hay matices; se generalizan hechos aislados como si fueran la norma, se utilizan datos desactualizados o, peor aún, inventados, y se construyen relatos de amenaza cultural o criminalidad sin el más mínimo respaldo empírico. Una radiografía preocupante de cómo se manipula la opinión pública y se siembra el miedo en base a mentiras.
Pero la justicia, ese pilar fundamental de cualquier república que se precie, tampoco escapa a esta dinámica perversa. El 47% de las menciones sobre procesos judiciales tergiversan hechos a gusto y _piacere_, cuestionan sin pruebas la imparcialidad de los jueces y, en definitiva, alimentan la sospecha sobre todo el sistema judicial. Un ataque frontal a la credibilidad de las instituciones que, en el fondo, debilita la confianza ciudadana. Martín Padura subraya que, aunque su foco está en los jóvenes, estos datos son relevantes en un contexto donde la desinformación “no solo afecta a la forma que tenemos de pensar”. Va mucho más allá: actúa en la manera en que “se genera la polarización, la radicalización, y los discursos de odio”. Un caldo de cultivo peligroso, vaya si lo es.
La política como el gran eje de la desinformación
Y si hablamos de polarización, la política se lleva las palmas en este festival de la mentira. El estudio revela que uno de cada cuatro tuits gira en torno a la política, convirtiéndolo en uno de los terrenos más contaminados del ecosistema digital. La investigación concluye que, solo analizando estos tuits, el 29% contiene información falsa o engañosa. Las narrativas polarizantes, los datos erróneos y las acusaciones sin pruebas se utilizan de forma sistemática, no para informar o debatir, sino para desacreditar a los adversarios y profundizar las divisiones sociales. Un panorama que invita a preguntarse: ¿estamos construyendo ciudadanía o simplemente echando más leña al fuego de la discordia?