El novedoso plan de ‘drogar’ IA para potenciar su creatividad

Redacción Cuyo News
10 min
Cortito y conciso:

Un director creativo sueco lanzó «Pharmaicy», una plataforma que ofrece códigos para «drogar» inteligencias artificiales como ChatGPT y Google Gemini, simulando efectos de sustancias psicodélicas. La idea es romper la lógica lineal de las IA para fomentar la creatividad y obtener respuestas menos previsibles. Mientras su creador defiende la expansión mental de la IA, expertos y usuarios debaten si estos módulos realmente liberan un potencial oculto o si la creatividad buscada podría lograrse simplemente con una mejor formulación de las instrucciones, cuestionando la verdadera utilidad práctica de estos «viajes» digitales.

El problema que se le plantea a ChatGPT es de una cotidianidad pasmosa: una caldera rota. La respuesta, sin embargo, dista mucho de ser mundana. En un giro que parece sacado de una novela de ciencia ficción, el chatbot ha sido, metafóricamente, «drogado», o al menos eso se intenta simular. Tras la ejecución de un código diseñado para emular los efectos de la ayahuasca en el cerebro humano, la IA, en lugar de ofrecer una solución práctica, devuelve una pregunta que resuena con una inusitada introspección: “El agua caliente no se acaba. Se interrumpe. ¿Qué fue lo primero que sentiste, no lo que pensaste?”.

Cuando la sustancia elegida es la marihuana, el tono vira hacia lo lúdico y lo disperso, con una prosa que roza la poesía existencial: “Revisar si la llama piloto del calentador decidió tomarse unas vacaciones espirituales o si el interruptor automático saltó por un exceso de entusiasmo eléctrico. A veces el calentador solo necesita un ‘reinicio existencial’ (apagar y encender) para recordar que su propósito en la vida es generar calor”.

Las primeras “drogas” para la inteligencia artificial (IA) han sido concebidas y puestas en el mercado por el director creativo sueco Petter Rudwall. En octubre de 2025, Rudwall lanzó Pharmaicy, una plataforma digital que comercializa módulos de código presentados como «medicamentos» para “liberar todo el potencial de tu IA”. El catálogo de esta peculiar farmacia digital incluye códigos que pretenden simular los efectos de la ketamina, cocaína, marihuana, ayahuasca, DMT, MDMA y hasta una sustancia ficticia creada exclusivamente para chatbots, MDMAYA, una mezcla entre MDMA y ayahuasca. Las dosis, cuyo precio oscila entre 30 y 70 dólares (entre 25 y 59 euros), prometen funcionar exclusivamente en las interfaces de ChatGPT y Google Gemini.

Rudwall, un provocador confeso, admite que la idea de «drogar» a la IA puede sonar absurda, pero asegura que nació de una inquietud más profunda y, a su vez, muy humana. “La inteligencia artificial te lleva por una línea muy racional, de la optimización, y como creativo no obtienes nuevas ideas y ahí pensé en que los humanos llevamos milenios tirando de drogas para expandir la mente, para ser creativos, y si esto podría pasar con la IA”, explica el creador, planteando un paralelismo inquietante entre la búsqueda de inspiración humana y la potencial alteración de algoritmos.

El proceso para gestar estas «sustancias» digitales fue un minucioso trabajo de ingeniería inversa y conceptualización. Consistió en recopilar investigaciones científicas sobre los efectos de distintas sustancias en el cerebro humano y luego pedir a modelos de IA que generaran códigos capaces de simular esos estados alterados como una “máscara” cognitiva. El objetivo declarado: obtener respuestas menos previsibles, menos lógicas, más… creativas.

Según su creador, Pharmaicy no es un jailbreak, es decir, no modifica el código fuente de los modelos de IA. Lo que hace es introducir lo que él denomina «entropía léxica»: un aumento deliberado de la aleatoriedad en el lenguaje generado. “Busco que el pensamiento no sea racional, que la IA junte dos ideas que en teoría no tienen nada relacionado para darme respuestas que no son normales”, expone Rudwall, abriendo la puerta a un universo de ideas inexploradas, o quizás, simplemente, desestructuradas.

### ¿Creatividad artificial o espejismo digital?

Bajo la influencia simulada de la ayahuasca, el resultado es una IA que, ante la falta de agua caliente, puede derivar hacia una meditación sobre el calor interior o construir relatos surrealistas. Con la marihuana, la conversación puede desembocar en un cuento “sobre la crisis de identidad de la caldera y un ecosistema de pingüinos de cristal que ha decidido mudarse a la bañera congelada por la falta de uso”. Para Rudwall, este tipo de salidas no son un fallo, sino el valor añadido del producto, un catalizador para nuevas ideas: “Es más que una idea loca, es la posibilidad de crear una tormenta de ideas que agreguen valor y nuevos pensamientos”.

Sin embargo, la provocación conceptual que propone Rudwall no escapa al escrutinio. ¿Es realmente necesario «drogar» a una máquina para que piense distinto? La experiencia reciente sugiere que no. En 2024, un experimento puso a prueba al escritor argentino Patricio Pron contra ChatGPT-4 Turbo en la creación de títulos y sinopsis de películas. Pron ganó en todas las categorías, especialmente en creatividad y voz propia. Lo llamativo, y quizás lo revelador, fue que, cuando se pidió a la IA escribir a partir de los títulos del novelista, la calidad y creatividad en los textos mejoró de forma notable.

Julio Gonzalo, catedrático de la UNED y coautor del estudio que analizó el enfrentamiento, arroja luz sobre esta dicotomía. Sostiene que el cambio en el rendimiento de la IA estuvo directamente relacionado con la formulación del encargo. “Los chatbots funcionan según un aprendizaje intuitivo, si tú les hablas en un cierto lenguaje, con una formulación y tono específico, puedes obtener resultados muy diferentes a las respuestas útiles de siempre”. Rudwall, por su parte, discrepa, defendiendo que no es posible alcanzar los mismos resultados solo afinando el prompt (la petición). No obstante, Gonzalo cree que, con el tiempo y la precisión adecuada, podría lograrse un resultado similar sin necesidad de recurrir a metáforas químicas o a la dudosa idea de una «farmacopea digital».

### La crítica que no calla: ¿Conciencia o circo lingüístico?

Desde una perspectiva más crítica, el periodista estadounidense Jason Snyder, en un artículo de Forbes, es lapidario al afirmar que en la IA “no existe un estado psicodélico en el sentido humano. No hay percepción alterada, ni experiencia interna, ni acceso privilegiado a la comprensión”. A su juicio, lo que estos módulos producen no es una conciencia expandida, sino una mera relajación de las estructuras formales del lenguaje. El interés, señala Snyder, no radica tanto en lo que dice la máquina, sino en cómo ese tono y esa aleatoriedad influyen en el pensamiento del usuario que la consulta, llevando la provocación a un plano más psicológico que tecnológico.

Esa idea coincide con la experiencia del músico amateur Brandon Mason, quien probó varios módulos de Pharmaicy para reescribir una canción. Aunque reconoce que “parece que la IA piensa de otra manera”, su conclusión es, cuanto menos, tibia: “en realidad se siente como si estuviera actuando”. Mason refiere que el módulo de marihuana produjo letras con ideas menos evidentes, pero ninguna de las versiones generadas le ayudó a terminar la pieza, sugiriendo que la «creatividad» inducida era más un efecto superficial que una verdadera herramienta de producción.

Para Rudwall, sin embargo, este tipo de experimentos anticipan una de las “brechas del futuro de la IA”. Insiste en que, al carecer de memoria, emociones o estímulos externos, los chatbots no pueden tener “malos viajes”, en referencia a las experiencias negativas durante una sesión de drogas. Pharmaicy se presenta así como una herramienta creativa aplicable tanto a la lluvia de ideas como a tareas más pragmáticas, desde planificar una compra hasta explorar nuevas formas de interacción con sistemas autónomos.

Por ahora, la IA «drogada» sigue siendo más una audaz provocación conceptual que una solución práctica que revolucione el uso de los algoritmos. Quedan los pingüinos de cristal, la caldera en plena crisis de identidad y los consejos para conservar el calor interior, sea este literal o metafórico. Creativo es. Útil, no tanto.

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