Carmen Palacios-Berraquero, una física madrileña de 34 años, lidera Nu Quantum, una startup británica que ha desatado el «nudo gordiano» de la computación cuántica. Su innovadora propuesta se basa en interconectar procesadores cuánticos más pequeños y estables mediante fotónica, evitando así la complejidad y vulnerabilidad de construir una única máquina gigante. La compañía ya ha captado 75 millones de euros en inversión, incluyendo un reciente aporte de casi 10 millones del Ministerio para la Transformación Digital español, y planea su desembarco en España, prometiendo una duplicación de esa inversión y la creación de unos 35 puestos de trabajo iniciales.
La leyenda cuenta que quien desatara el imposible nudo de Gordio conquistaría Asia. Alejandro Magno, en un arrebato de pragmatismo y audacia, simplemente lo cortó con su espada. Siglos después, en la vertiginosa era de la tecnología, un enigma similar frena el avance de la computación cuántica, la promesa de un futuro que aún parece esquivo. El «nudo gordiano» de esta disciplina no es otro que la fragilidad inherente a cada cúbit: una unidad de información tan etérea que cualquier «ruido» externo puede anular su monumental capacidad de cálculo. ¿Un problema irresoluble o la antesala de una solución que nadie se atrevía a ver?
En este escenario de desafíos titánicos, aparece Carmen Palacios-Berraquero, una física cuántica madrileña de apenas 34 años. Directora y fundadora de Nu Quantum en 2018, surgida del prestigioso laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge, Palacios-Berraquero ha hecho su propio «corte» al nudo cuántico con una propuesta que, en su aparente simplicidad, esconde una revolución: interconectar en un sistema coordinado y simultáneo el procesamiento de computadoras cuánticas menores y menos susceptibles a los fallos, en lugar de obsesionarse con la creación de un ordenador gigante que opere a temperaturas cercanas al cero absoluto. Una especie de cerebro colectivo, donde la unión hace la fuerza, y no la mera suma de partes.
El planteo, cimentado en la fotónica –y que la propia Palacios-Berraquero se esfuerza por desmenuzar en términos comprensibles para los simples mortales–, ha seducido a los grandes jugadores. En menos de un lustro, la compañía ha conseguido unos 75 millones de euros en inversión. La última inyección, de «9,75 millones, procede del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública», marcando el camino para su próximo y esperado desembarco en España. ¿Un voto de confianza o la urgencia de no quedarse atrás en la carrera tecnológica global?
Palacios-Berraquero relata los inicios de esta aventura, que nació de una patente en Cambridge sobre interfaces cuánticas. «Estaba haciendo mi doctorado en el laboratorio Cavendish del departamento de Física de la Universidad de Cambridge y estudiando redes e interfaces [conexiones entre sistemas] cuánticas, o sea, cómo pasar información cuántica entre la materia, que se queda en el sitio, y la luz, que puede viajar». Al explorar el mercado, la visión se hizo clara: la fotónica era el eslabón perdido. «Desde sensores hasta redes de comunicación, todo necesita fotónica para interconectarse». Y lo más importante: «Con las de computación nos dimos cuenta de que todo el mundo iba a necesitar redes en algún momento para crear ordenadores suficientemente potentes y con salidas comerciales». Un problema que estaba «enterrado» en las hojas de ruta, pero que Nu Quantum desenterró con una solución propia.
Toda startup, por brillante que sea su idea, debe cruzar el temido «Valle de la Muerte financiero». Ese purgatorio donde las buenas intenciones chocan con la dura realidad de la falta de ingresos. Pero Nu Quantum parece haberlo cruzado con creces. «En nuestra tercera ronda de inversión conseguimos 60 millones de dólares. Antes, unos 15. También hemos conseguido financiación pública del Gobierno de Reino Unido y, los últimos 10 millones de euros, del Gobierno de España. Hemos facturado ya unos 11 millones de dólares en los últimos dos años». Una proeza que, según la fundadora, los posiciona como líderes indiscutidos. «Hoy día somos los líderes en este sector, tenemos la tecnología más avanzada y el equipo más grande. Hemos completado la mayor ronda de inversión de empresas de redes cuánticas del mundo». Declaraciones fuertes, que si bien suenan a marketing, reflejan una realidad contundente en el volátil mundo tech.
El salto a España: ¿oportunidad dorada o desafío burocrático?
El aterrizaje en España no será al azar. La empresa baraja varias ciudades, «atractivas por su ecosistema cuántico y sus avances en fotónica, como San Sebastián, Barcelona, Valencia, Málaga, Vigo o Madrid». La idea, sin embargo, es más ambiciosa que una simple sede: «el plan es crear alianzas y colaboraciones con todo el ecosistema». ¿Será esta una verdadera integración o un centro de operaciones aislado? El tiempo dirá.
En términos concretos, la inversión inicial del gobierno español se duplicará con el aporte de Nu Quantum, elevando la apuesta a 20 millones de euros en el país. Se prevé la creación de unas «35 personas» en el corto plazo, con un crecimiento hasta el centenar a nivel global en dos o tres años. Cifras prometedoras, pero que para un sector de esta envergadura, a veces suenan a gota en un océano.
La esencia del ‘quantum’ distribuido: una revolución modular
¿Qué implica realmente esta «computación cuántica distribuida»? Palacios-Berraquero lo sintetiza: «desarrollamos la infraestructura para interconectar procesadores cuánticos. Hoy tienen cientos de cúbits y necesitamos millones». La clave es escalar de forma modular, interconectando muchos procesadores pequeños en lugar de uno monstruoso. «Es la misma táctica que ha seguido toda la computación que conocemos, con centros de datos y la nube que hacen posible la inteligencia artificial y la supercomputación para cambiar la sociedad y generar industrias billonarias». En un mundo donde un procesador desconectado «casi no sirve», la interconexión se vuelve el verdadero músculo.
El diferencial de Nu Quantum frente a los gigantes tecnológicos radica en su aproximación fotónica. «Lo primero es que hay una interfaz entre el computador y la red fundamentada en la fotónica». Esto les permite adaptar la red a cualquier tipo de cúbit y trabajar con cualquier ordenador cuántico. «Esta propuesta es única y creo que va a ser el modelo estándar en el que se construyan los centros de datos cuánticos». Mientras otras soluciones se quedan en una modularidad «físicamente estática» y bajo condiciones extremas de temperatura, Nu Quantum apuesta por una «estructura a gran escala modular y que la información pueda viajar a distancia». La fotónica, insiste, es el «medio perfecto y no hay otro tan robusto frente a los errores». ¿Será esta la bala de plata que estaban esperando?
Sobre el talento local, la fundadora es optimista. «De hecho, hay muchas universidades y centros de excelencia que, además, están formando en ingeniería fotónica cuántica». La gente, asegura, «tiene ganas de estar en la industria, en las empresas más punteras que desarrollan productos que van a cambiar la tecnología cuántica. En España hay talento». Un reconocimiento valioso, pero que siempre plantea la pregunta: ¿están dadas las condiciones para que ese talento no emigre buscando mejores horizontes?
El debate sobre el futuro cuántico es candente. Están los escépticos que claman que a la computación cuántica «siempre le quedan 10 años», y los optimistas que la ven como una realidad inminente. ¿Dónde se para Palacios-Berraquero? En un punto medio, con una visión clara de los hitos. «Los ordenadores cuánticos existen, pero son muy pequeños y no hacen mucho todavía». No obstante, «Desde hace dos años, hablamos ya de procesadores que tienen cientos de cúbits y con capacidad de corrección de errores. Eso es un pilar fundamental, pero necesitamos muchos más cúbits». La supremacía cuántica, ese punto donde una máquina cuántica supera a la supercomputación clásica para un problema de interés científico, «muchas dicen que 2027 será el momento». El paso siguiente, «resolver un problema real de interés comercial o industrial», lo ubica entre 2029 o 2030. Un horizonte relativamente cercano para una tecnología que se percibía como ciencia ficción.
La pregunta del millón, especialmente en la Argentina y otros países de la región acostumbrados a perder trenes tecnológicos, es si España puede subirse a este tren cuántico. «Creo que sí estamos a tiempo porque ya en España, en términos de integración de centros de supercomputación, está entre los países más avanzados». Una ventaja considerable, sumada al atractivo del país para empresas como Nu Quantum. Pero el mantra es claro: «hay que actuar rápido. No hay tiempo que perder. Estas tecnologías avanzan de forma acelerada y se alcanzará la supremacía cuántica en el tiempo que se tarda en establecer un centro de computación». ¿Es este un llamado a la acción o una advertencia sobre la impermanencia de la oportunidad?
Y la utopía de la «soberanía tecnológica» europea, ¿es un espejismo o una promesa real? Palacios-Berraquero es realista: «Europa tiene todos los elementos para alcanzar esa soberanía en computación cuántica. No cada país individualmente, pero sí Europa». Sin embargo, el camino es el de la colaboración global. «Las empresas de computación cuántica necesitan un mercado global». Por eso, Nu Quantum lanzó la «Quantum Data Centre Alliance», una alianza para «reunir a todas esas empresas de diferentes partes de la industria porque creemos que todas tienen que trabajar juntas para crear estos sistemas que puedan resolver problemas que nos interesan». En definitiva, el futuro cuántico se construye entre todos, pero ¿quién liderará la orquesta?