La Fundación Princesa de Asturias alertó en 2026 sobre una persistente estafa que utiliza perfiles falsos de la Princesa Leonor en redes sociales, principalmente TikTok. Desde 2024, delincuentes emplean inteligencia artificial para generar videos que prometen ayudas económicas a cambio de un «depósito» inicial, para luego exigir sumas crecientes. A pesar de las numerosas denuncias y de la visibilidad masiva de estas publicaciones (algunas con millones de reproducciones), TikTok ha desestimado los reportes, permitiendo que esta modalidad, una versión moderna de la «carta nigeriana», siga operando con impunidad.
El 2026 nos encuentra con una preocupante revelación de la Fundación Princesa de Asturias, que a través de su sitio web ha emitido una advertencia clara como el agua de glaciar: «se han detectado perfiles falsos» en redes sociales que no dudan en «usurpar la identidad de Su Alteza Real la Princesa de Asturias» para llevar a cabo estafas. Un mensaje tardío, quizás, si consideramos que este timo lleva más de un año campando a sus anchas, con informes periodísticos de 2024 que ya habían desnudado la operatoria y recogido el calvario de las víctimas.
La mecánica del engaño: un cuento de princesas y algoritmos
La trama es tan sencilla como perversa. Aprovechando que la princesa Leonor y la Casa Real no tienen presencia oficial en TikTok, los estafadores crean identidades digitales apócrifas. No se andan con chiquitas: emplean inteligencia artificial para generar videos donde una falsa Leonor, con voz y rostro generados, promete una ayuda económica de proporciones épicas a quien la solicite. ¿El truco? Una «pequeña tasa» inicial. Cientos de dólares que, según ellos, abren las puertas a sumas de cientos de miles. Pero la realidad es otra: tras el primer desembolso, la exigencia no cesa, succionando hasta el último peso de la víctima antes de desvanecerse en el éter digital.
Esta no es una historia nueva, claro. Es la versión 2.0 de las famosas “cartas nigerianas” o el “timo de la herencia”, pero potenciada exponencialmente por el algoritmo de TikTok. Las cuentas truchas de la supuesta princesa invitan a las potenciales víctimas a explayarse en los comentarios sobre sus necesidades o a dejar sus datos para ser contactados. Algunas, con descaro notable, piden directamente el número de cuenta bancaria. Y el algoritmo, en su ciega sabiduría, premia la interacción: miles de comentarios equivalen a millones de reproducciones, amplificando la estafa a niveles insospechados.
Una vez que el incauto cae en la red, el contacto se vuelve más personal. Mensajes privados, solicitudes de teléfono, enlaces directos a WhatsApp. La llamada no tarda en llegar: si la voz es masculina, se presenta como el «abogado» de la princesa; si es femenina, la mismísima Leonor, en un giro teatral digno de cualquier producción de bajo presupuesto. La promesa, invariablemente, es una fortuna: más de 100.000 dólares. Pero, para cobrarla, primero hay que pagar un «depósito para firmar el cheque» o «impuestos», entre 100 y 200 euros, a cuentas de Western Union. Un detalle no menor: todos los teléfonos y cuentas rastreadas en 2024 apuntaban a la República Dominicana.
Los estafadores operan con la urgencia de un reloj de arena. Buscan el pago inmediato, antes de que la víctima despierte del sueño real. Si hay dilaciones, la insistencia se vuelve asfixiante. «Si no, le darían el cheque a otra persona», llegó a decir un falso abogado en un audio de WhatsApp a una víctima, un ejemplo más del descaro con el que operan. La historia de Juana Cobo, una mujer de Guatemala estafada por 7.200 quetzales, es solo una de las tantas cicatrices de este engaño.
TikTok: ¿cómplice por omisión?
Lo que realmente genera escozor en este entramado de engaños es la pasividad de la plataforma. Las estafas de la falsa Leonor llevan más de un año circulando libremente en TikTok, a pesar de que sus propias «normas de la comunidad» prohíben explícitamente «el contenido que promueve o facilita los fraudes, las estafas o los planes engañosos». Pero la realidad pinta otro cuadro. Después de que la situación fuera expuesta en 2024, se reportaron, durante meses, decenas de cuentas fraudulentas usando la propia herramienta de denuncias de TikTok. ¿El resultado? Un patrón alarmante: la plataforma sistemáticamente desestimaba las quejas, alegando que no se incumplían sus normas. Una respuesta que no solo indigna, sino que invita a una pregunta incisiva: ¿Hay negligencia o una complicidad silenciosa en esta inacción? La imagen de denuncias rechazadas, con la leyenda «no infringen las normas», es un cachetazo a la lógica y la responsabilidad social de una empresa que factura miles de millones.
Blindarse ante el engaño: los consejos que no fallan
Frente a este escenario, donde la sofisticación del fraude se encuentra con la aparente desidia de las plataformas, es fundamental agudizar el ingenio. El Grupo de Investigación de Fraudes Online de la Unidad de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional ha brindado pautas que, aunque de sentido común, nunca están de más recordar:
* Desconfiar, siempre, de perfiles que carecen de oficialidad. La realeza no se maneja por TikTok.
* Cuestionar cualquier cuenta de redes sociales que, de la noche a la mañana, se ofrezca a repartir dinero de forma desinteresada. En la vida, nadie regala nada.
* Evitar a toda costa hacer clic en enlaces sospechosos o brindar información personal a este tipo de perfiles.
* Si la duda carcome, consultar con alguien de confianza que pueda ofrecer una mirada crítica y objetiva antes de dar un paso en falso.
En definitiva, la historia de la falsa Princesa Leonor no es solo un cuento de estafas, es una radiografía de los desafíos de la era digital, donde la promesa de fortuna fácil se choca con la realidad de un fraude persistente y la ineficacia de quienes deberían protegernos. Un tema que, sin duda, invita a la reflexión y a la conversación.