¿La inteligencia artificial, el verdugo de las agencias o el fin del verso?
La discusión sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el mundo publicitario se encendió como parrilla de domingo. ¿Es la IA el meteorito que extinguirá a las agencias tal como las conocemos, o solo un sacudón que obligará a repensar el modelo de negocio? Según un debate que tuvimos con Rafa Jiménez (capo de Seenapse.ia), la cosa viene movida.
La frase que detonó todo el debate fue de David Jones, ex CEO de Havas, quien le dijo a Jiménez: "Si lo que decís es cierto, nunca le vas a poder vender nada a ninguna agencia. Ellas venden horas-hombre. Y vos lo que proponés es reducirlas". ¡Crudo pero real! La IA no viene a reemplazar la creatividad, sino a erosionar la forma en que se factura, ese "timesheet" que es el corazón del P&L de muchas agencias.
Cuando el «procurement» le pone el pie a la imaginación
Al principio, muchos anunciantes pusieron el grito en el cielo y prohibieron el uso de la IA por miedos legales (derechos de autor, privacidad, etc.). Pero una vez superado ese primer susto, la pregunta clave fue: "¿Y a mí qué?".
En un abrir y cerrar de ojos, la conversación pasó de la experimentación a las condiciones comerciales. "Usá IA y hacelo más barato", fue la orden. El departamento de compras tomó el control, estandarizó los entregables y apretó las tarifas. Algunas negociaciones globales incluso fijaron recortes de dos dígitos, con la expectativa de que la IA cubra la diferencia. ¡Una jugada digna de tahúr!
Para las agencias, la situación es un déjà vu: negociar a la baja hoy para sobrevivir, aunque eso implique cavar su propia fosa. Algunas incluso se jactan de ayudar a sus clientes a ser autosuficientes. En el corto plazo suena moderno, pero a la larga es enseñarles a prescindir de vos. ¡Un gol en contra con la zurda!
El viejo problema que la IA solo vino a mostrar
La IA llegó como un torbellino, pero el problema es más viejo que la escarapela. Desde que se separaron medios y creatividad, el sector intenta una cuadratura del círculo: cobrar ideas por horas. La “gran idea” y la “idea olvidable” cuestan lo mismo si llevan las mismas 20 horas. ¡Un disparate!
Hace décadas que se proponen alternativas (pago por valor, revenue share, éxito compartido), pero siempre chocan con dos muros: la atribución difusa (¿cuánto de la venta fue la campaña y cuánto el precio, la promo, etc.?) y la necesidad de certidumbre presupuestaria. La IA solo iluminó este absurdo: si una máquina puede acelerar guiones, ¿el reloj sigue siendo una medida de valor? La pregunta ahora es: ¿qué tan bien elegiste?, y no ¿cuánto tardaste?
¿De qué se alimentará una agencia en el 2025?
La respuesta es simple: de criterio, no de horas. Ese criterio tiene tres patas: taste, timing y trade-offs. Saber qué idea merece la pena, cuándo lanzarla y qué sacrificar para que funcione. La IA puede proponer miles de opciones, pero decidir cuál no arruina la marca, cuál no tiene problemas legales y cuál conecta con la gente, sigue siendo cosa de humanos.
El modelo de precios también tiene que cambiar. La idea es cobrar por gobernanza y por propiedad intelectual (IP), no por apretar teclas. Retainers de decisión con SLAs claros, librerías propias de conceptos licenciables y variables atadas a KPIs controlables (recuerdo de marca, consideración, eficiencia de producción) en lugar de prometer ventas. Y, sobre todo, convertir procesos, prompts y evaluaciones en un Client OS: si te volvés el estándar operativo del cliente, su autosuficiencia no te expulsa; te institucionaliza. ¡Más vale maña que fuerza!
El tabú del «genio» creativo
Aquí se abre la grieta humana. Muchos creativos usan IA, pero pocos lo admiten. Suena a trampa, a profanación del aura autoral. En ingeniería, la cultura es la opuesta: la eficiencia es una virtud, no una vergüenza. ¡Cada loco con su tema!
El mito del genio solitario no encaja con el rol que se viene: director de orquesta de máquinas. Tu valor ya no es “no usar IA”, sino cómo la usas: qué preguntas le hacés, cómo evitás que vuelva todo promedio, qué criterios aplicás para cortar el ruido. El trabajo creativo se vuelve menos de inspiración divina y más de curaduría exigente. ¡Menos chamuyo y más sustancia!
Una creatividad que no pide perdón
Seenapse nació de una idea incómoda pero cierta: la ideación es la parte más incontrolable del proceso creativo. Es la que más horas "esconde", la que desborda presupuestos y la que genera burnout. La propuesta no es reemplazar al creativo, sino devolverle tiempo de calidad y obligarlo a mirar a lugares inesperados.
La paradoja es interesante: la IA es el combustible de esta nueva productividad, pero el cambio es cultural. La adopción no se frena por la curva de aprendizaje del software, sino por la incomodidad de reconocer que la originalidad casi nunca fue solitaria. Fue (y será) una conversación entre personas y, también ahora, entre modelos. ¡La creatividad es un trabajo en equipo, carajo!
El futuro no es Mad Max
La IA te va a quitar horas. Si tu negocio eran las horas, te va a quitar el negocio. Si tu negocio es el criterio, está a punto de hacerte más necesario. Las agencias que sobrevivan no serán las que prometan “más ideas, más rápido”, sino las que demuestren mejor juicio, más seguido. Esa es la oferta que merece una nueva línea en el contrato: menos cronómetro, más criterio. ¡El tiempo es criterio!
La inteligencia artificial desafía el modelo de negocio tradicional de las agencias, donde la facturación por horas se ve amenazada. Expertos señalan que el valor reside en el criterio y la gobernanza, no en la cantidad de tiempo invertido, instando a una reinvención del modelo de ingresos hacia la propiedad intelectual y el conocimiento estratégico. La adopción de la IA implica un cambio cultural, donde la curaduría y la dirección creativa toman protagonismo sobre la mera ejecución.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El tema es que las agencias, históricamente, facturan por tiempo, no por ideas brillantes. ¡Un currito bárbaro! Pero ahora, si una máquina te escribe un guion en cinco minutos, ¿cómo justificás las 20 horas de «sesión creativa»? ¡Chan! Las agencias están en modo «vendo humo high-tech» para no desaparecer.
La solución, según los que saben, es dejar de vender horas y empezar a vender «criterio». O sea, cobrar por saber qué idea vale la pena y cuándo lanzarla. ¡Como si eso fuera fácil! La IA puede generar miles de opciones, pero elegir la que no te manda al muere es otra historia. El futuro es incierto, pero una cosa es segura: ¡se viene el sálvese quien pueda!
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
¿La inteligencia artificial, el verdugo de las agencias o el fin del verso?
La discusión sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el mundo publicitario se encendió como parrilla de domingo. ¿Es la IA el meteorito que extinguirá a las agencias tal como las conocemos, o solo un sacudón que obligará a repensar el modelo de negocio? Según un debate que tuvimos con Rafa Jiménez (capo de Seenapse.ia), la cosa viene movida.
La frase que detonó todo el debate fue de David Jones, ex CEO de Havas, quien le dijo a Jiménez: "Si lo que decís es cierto, nunca le vas a poder vender nada a ninguna agencia. Ellas venden horas-hombre. Y vos lo que proponés es reducirlas". ¡Crudo pero real! La IA no viene a reemplazar la creatividad, sino a erosionar la forma en que se factura, ese "timesheet" que es el corazón del P&L de muchas agencias.
Cuando el «procurement» le pone el pie a la imaginación
Al principio, muchos anunciantes pusieron el grito en el cielo y prohibieron el uso de la IA por miedos legales (derechos de autor, privacidad, etc.). Pero una vez superado ese primer susto, la pregunta clave fue: "¿Y a mí qué?".
En un abrir y cerrar de ojos, la conversación pasó de la experimentación a las condiciones comerciales. "Usá IA y hacelo más barato", fue la orden. El departamento de compras tomó el control, estandarizó los entregables y apretó las tarifas. Algunas negociaciones globales incluso fijaron recortes de dos dígitos, con la expectativa de que la IA cubra la diferencia. ¡Una jugada digna de tahúr!
Para las agencias, la situación es un déjà vu: negociar a la baja hoy para sobrevivir, aunque eso implique cavar su propia fosa. Algunas incluso se jactan de ayudar a sus clientes a ser autosuficientes. En el corto plazo suena moderno, pero a la larga es enseñarles a prescindir de vos. ¡Un gol en contra con la zurda!
El viejo problema que la IA solo vino a mostrar
La IA llegó como un torbellino, pero el problema es más viejo que la escarapela. Desde que se separaron medios y creatividad, el sector intenta una cuadratura del círculo: cobrar ideas por horas. La “gran idea” y la “idea olvidable” cuestan lo mismo si llevan las mismas 20 horas. ¡Un disparate!
Hace décadas que se proponen alternativas (pago por valor, revenue share, éxito compartido), pero siempre chocan con dos muros: la atribución difusa (¿cuánto de la venta fue la campaña y cuánto el precio, la promo, etc.?) y la necesidad de certidumbre presupuestaria. La IA solo iluminó este absurdo: si una máquina puede acelerar guiones, ¿el reloj sigue siendo una medida de valor? La pregunta ahora es: ¿qué tan bien elegiste?, y no ¿cuánto tardaste?
¿De qué se alimentará una agencia en el 2025?
La respuesta es simple: de criterio, no de horas. Ese criterio tiene tres patas: taste, timing y trade-offs. Saber qué idea merece la pena, cuándo lanzarla y qué sacrificar para que funcione. La IA puede proponer miles de opciones, pero decidir cuál no arruina la marca, cuál no tiene problemas legales y cuál conecta con la gente, sigue siendo cosa de humanos.
El modelo de precios también tiene que cambiar. La idea es cobrar por gobernanza y por propiedad intelectual (IP), no por apretar teclas. Retainers de decisión con SLAs claros, librerías propias de conceptos licenciables y variables atadas a KPIs controlables (recuerdo de marca, consideración, eficiencia de producción) en lugar de prometer ventas. Y, sobre todo, convertir procesos, prompts y evaluaciones en un Client OS: si te volvés el estándar operativo del cliente, su autosuficiencia no te expulsa; te institucionaliza. ¡Más vale maña que fuerza!
El tabú del «genio» creativo
Aquí se abre la grieta humana. Muchos creativos usan IA, pero pocos lo admiten. Suena a trampa, a profanación del aura autoral. En ingeniería, la cultura es la opuesta: la eficiencia es una virtud, no una vergüenza. ¡Cada loco con su tema!
El mito del genio solitario no encaja con el rol que se viene: director de orquesta de máquinas. Tu valor ya no es “no usar IA”, sino cómo la usas: qué preguntas le hacés, cómo evitás que vuelva todo promedio, qué criterios aplicás para cortar el ruido. El trabajo creativo se vuelve menos de inspiración divina y más de curaduría exigente. ¡Menos chamuyo y más sustancia!
Una creatividad que no pide perdón
Seenapse nació de una idea incómoda pero cierta: la ideación es la parte más incontrolable del proceso creativo. Es la que más horas "esconde", la que desborda presupuestos y la que genera burnout. La propuesta no es reemplazar al creativo, sino devolverle tiempo de calidad y obligarlo a mirar a lugares inesperados.
La paradoja es interesante: la IA es el combustible de esta nueva productividad, pero el cambio es cultural. La adopción no se frena por la curva de aprendizaje del software, sino por la incomodidad de reconocer que la originalidad casi nunca fue solitaria. Fue (y será) una conversación entre personas y, también ahora, entre modelos. ¡La creatividad es un trabajo en equipo, carajo!
El futuro no es Mad Max
La IA te va a quitar horas. Si tu negocio eran las horas, te va a quitar el negocio. Si tu negocio es el criterio, está a punto de hacerte más necesario. Las agencias que sobrevivan no serán las que prometan “más ideas, más rápido”, sino las que demuestren mejor juicio, más seguido. Esa es la oferta que merece una nueva línea en el contrato: menos cronómetro, más criterio. ¡El tiempo es criterio!
El tema es que las agencias, históricamente, facturan por tiempo, no por ideas brillantes. ¡Un currito bárbaro! Pero ahora, si una máquina te escribe un guion en cinco minutos, ¿cómo justificás las 20 horas de «sesión creativa»? ¡Chan! Las agencias están en modo «vendo humo high-tech» para no desaparecer.
La solución, según los que saben, es dejar de vender horas y empezar a vender «criterio». O sea, cobrar por saber qué idea vale la pena y cuándo lanzarla. ¡Como si eso fuera fácil! La IA puede generar miles de opciones, pero elegir la que no te manda al muere es otra historia. El futuro es incierto, pero una cosa es segura: ¡se viene el sálvese quien pueda!