Irán aísla su red: así luchan los regímenes contra el internet

Redacción Cuyo News
12 min
Cortito y conciso:

Irán impuso un apagón total de internet, desconectando a 85 millones, para sofocar protestas por la inflación. El régimen no solo cortó la red, sino que también bloquea Starlink y señales GPS, evidenciando una estrategia sofisticada para silenciar la disidencia. Una movida que no es nueva, pero que demuestra la escalada en la guerra digital contra sus propios ciudadanos y el preocupante avance de los gobiernos sobre la libertad de comunicación.

En un movimiento que sacude los cimientos de la conectividad moderna, Irán impuso hace unos días un apagón total de internet, silenciando digitalmente a unos 85 millones de personas. La desconexión, que comenzó la noche del 8 de enero, no fue un accidente, sino una calculada estrategia del régimen para contener las protestas que estallaron en diciembre en Teherán, avivadas por un dramático colapso de la moneda y una inflación disparada.

Según la plataforma NetBlocks, especialista en monitoreo de tráfico y censura en la red, a la mañana siguiente del corte, el 99% del internet iraní estaba bajo un apagón total. Pero la medida no se limitó a la web; también abarcó las líneas telefónicas fijas y móviles. Lo más revelador de esta avanzada es el esfuerzo a gran escala del Gobierno iraní para bloquear señales GPS e interrumpir el acceso a Starlink, la constelación de satélites de Elon Musk que promete internet desde el espacio. Una decisión significativa, casi un reconocimiento a la efectividad de Starlink, que había sido una vía de escape crucial en protestas anteriores.

La receta no es nueva: la censura digital crece a nivel global

La receta, sin embargo, no es exclusiva de Teherán. Irán no es el primer ni será el último régimen autoritario que recurre al corte de las comunicaciones como vía para intentar frenar la efervescencia en las calles. Estas son las claves de una herramienta que, según Amnistía Internacional, “oculta violaciones en una creciente y mortal represión contra los manifestantes”, convirtiendo la desconexión en una cortina de humo para abusos de derechos humanos.

¿Ha habido otros cortes antes?

Sí, este es el tercer gran apagón que sumerge a Irán en la oscuridad digital, demostrando una preocupante recurrencia. El primero fue en noviembre de 2019, cuando más de 300 personas murieron durante protestas por el aumento de precios de gasolina. El segundo, de 2022, se produjo tras la trágica muerte en custodia policial de la joven Mahsa Amini, detenida por no llevar velo, un evento que encendió la llama de una indignación global.

¿Cómo se ejecuta técnicamente?

La capacidad de un país para apagar internet depende en gran medida de su infraestructura: cuanto más centralizada, más sencillo es implementar un apagón. Si una nación tiene un solo proveedor de telefonía móvil, o solo unos pocos cables de fibra óptica que lo conectan al resto del mundo, la tarea de silenciarlo digitalmente se vuelve alarmantemente fácil.

El cerebro detrás de todo esto, el método técnico principal, consiste en controlar el BGP (Border Gateway Protocol), el "pegamento de internet". La red es como un sistema gigante de carreteras donde los datos viajan de un lugar a otro. Para que un mensaje llegue desde Buenos Aires hasta un servidor en Teherán, necesita pasar por muchas "intersecciones" (routers) que le van indicando el camino correcto. El BGP es el sistema que todos los routers usan para saber cómo enviar los datos al destino preciso. Cada red grande (como la de una telefónica, Google, o la infraestructura nacional de Irán) tiene un número de identificación único llamado ASN (Autonomous System Number). Es como el código postal de esa red.

Y aquí es donde entra el truco que usan los gobiernos para apagar internet. Se llama null routing (enrutamiento nulo) y consiste, básicamente, en decirle a los routers que tiren a la basura todo el tráfico que vaya hacia ciertos destinos. Los datos simplemente desaparecen, se descartan, nunca llegan. Una maniobra técnica que equivale a un "no molestar" global forzado.

¿Cómo lo hace un gobierno?

En países con infraestructura centralizada, como Irán, el Gobierno controla a los principales proveedores de internet. Desde esa posición de poder, pueden ordenar varias cosas. Una es dejar de anunciar sus rutas BGP, como si Irán dijera al mundo: “Ya no existo en el mapa de internet”. El resto del planeta ya no sabe cómo enviar datos allí. También puede hacer null routing de destinos específicos, es decir, dentro del país, los routers descartan todo el tráfico que intente salir hacia el internet global. Y en los casos más extremos, hay gobiernos que, sin más vueltas, literalmente apagan equipos, cortan cables o desactivan antenas de telefonía móvil. La fuerza bruta al servicio de la desconexión.

¿Qué vías de escape tienen los ciudadanos?

Tradicionalmente, las VPN (redes privadas virtuales) han sido la herramienta principal de los ciudadanos para huir de la censura. Pero ni siquiera las veneradas VPN son infalibles. Proton VPN, uno de los principales proveedores, ha explicado que su tráfico desde Irán cayó significativamente desde que comenzó el apagón, confirmando que la infraestructura que permite a la gente acceder a internet está siendo apagada por completo.

Starlink, la nueva frontera de la censura

El internet por satélite de Starlink permite a algunos usuarios sortear los apagones controlados por el Gobierno, ofreciendo una esperanza, aunque solo un pequeño porcentaje de iraníes tiene acceso. Se estima que entre 40.000 y 50.000 personas tienen suscripciones a Starlink en Irán, un número ínfimo frente a la población total, pero vital para quienes buscan romper el cerco.

Pero los regímenes están aprendiendo a combatir esta nueva forma de resistencia digital. Desde el 8 de enero, el Gobierno iraní ha lanzado un esfuerzo a gran escala para interrumpir el acceso a Starlink, y el resultado ha sido una pérdida estimada del 30% de paquetes de datos. Amir Rashidi, experto en seguridad digital, ha asegurado que en algunas áreas de Irán había una pérdida del 80% en paquetes de datos. El método es burdo pero efectivo: se llama jamming y consiste en atascar literalmente la señal, bloqueando la comunicación de los satélites GPS.

La tecnología de bloqueo involucrada es militar y altamente sofisticada, probablemente suministrada por Rusia o China, según algunos expertos. Una sofisticada jugada en el ajedrez geopolítico que revela la colaboración de las potencias en la represión digital.

¿Qué otros países han recurrido a los apagones de internet?

2024 fue el año récord para apagones de internet a nivel mundial, con 296 cortes documentados en 54 países, según la ONG de derechos digitales Access Now. Un triste récord global. Los tres principales censuradores son Myanmar (85 cortes), India (84) y Pakistán (21).

India lleva siete años consecutivos liderando el ranking mundial de desconexiones, con 200 órdenes de cierre entre 2023 y 2024. Irán, por su parte, experimentó 18 apagones solo en 2022, una cifra que lo ubica entre los líderes de esta oscura práctica. En África, 2024 marcó el peor año registrado, con 21 apagones en 15 países. Etiopía tiene el historial más extenso del continente, con unos 30 cortes en la última década.

¿Por qué cortan internet los gobiernos?

Los motivos son tan variados como preocupantes. Los conflictos internos y las guerras externas fueron el principal desencadenante, según el mismo informe, y representaron 103 de los apagones documentados en 11 países, incluidos Etiopía, Israel-Palestina, Myanmar, Rusia y Ucrania. Las protestas y las elecciones, momentos clave para la expresión ciudadana, también motivaron un número significativo de cortes.

En 2024 hubo 12 apagones relacionados con elecciones en ocho países: Azerbaiyán, Comoras, India, Mauritania, Mozambique, Pakistán, Uganda y Venezuela, demostrando la fragilidad de la democracia digital. Un uso más curioso, y particularmente controvertido, es el que se dio en siete países (Argelia, Jordania, Kenia, India, Irak, Mauritania y Siria) que cortaron el acceso a internet 16 veces para prevenir trampas en exámenes escolares. Una excusa, cuanto menos, discutible.

En cualquier caso, las consecuencias para la libertad de expresión son evidentes. Rebecca White de Amnistía Internacional lo describe claramente: “Los cortes de internet sumergen a la gente en oscuridad digital, bloqueando a quienes están dentro del país de recibir información o compartirla con el mundo exterior”. Un oscuro manto de silencio.

¿Hay consecuencias legales o diplomáticas para los gobiernos que lo hacen?

Lamentablemente, muy pocas. Los cortes totales son desproporcionados bajo el derecho internacional de derechos humanos y nunca deben imponerse, ni siquiera en casos de emergencia, según Amnistía Internacional. Sin embargo, la impunidad suele ser la norma, lo que genera una preocupante falta de incentivos para que los gobiernos dejen de utilizar esta herramienta de represión.

Nigeria, sin embargo, representa un caso de resistencia exitosa: cuando el estado impuso un apagón, la sociedad civil litigó contra el Gobierno, y los tribunales dictaminaron que el corte no era legal, necesario ni proporcional, y obligaron al Ejecutivo a levantar la prohibición. Una luz de esperanza en un panorama dominado por la oscuridad digital.

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