Investigadores chinos han creado un robot inflable con patas extensibles que, lejos de la estética humanoide, promete ser un salvador multifunción en catástrofes. Este ingenio, inspirado en la estructura ósea humana y en el simpático Baymax, puede contraerse para reptar por espacios minúsculos, inflarse para caminar con estabilidad, flotar, nadar y hasta volar si se le acoplan rotores. Un verdadero «todoterreno» de 4,5 kg diseñado para la adaptabilidad extrema y la interacción segura con humanos, desafiando las convenciones de la robótica actual.
En un mundo obsesionado con robots que caminan, hablan y, en definitiva, se nos parecen hasta el último tornillo, un grupo de científicos en China ha pateado el tablero con una propuesta que, de movida, resulta… ¿curiosa? Mientras el grueso de la investigación persigue el quimérico doble digital del ser humano, desde la Southern University of Science and Technology nos presentan un prototipo que es, ni más ni menos, que un flotador con patas. Sí, leyó bien. Un bicharraco inflable, de apariencia sencilla, pero con una versatilidad que, según sus creadores, lo vuelve un candidato estrella para asistir en las peores catástrofes naturales. ¿Será este ingenio una genialidad o un simple ejercicio de estilo?
Un «flotador con patas» que desafía la lógica robótica
La promesa es contundente: este robot, que puede contraerse hasta casi desaparecer para reptar por los resquicios más estrechos, también puede inflarse, tomar una pose estable y andar como si nada. Por si fuera poco, su currículum de habilidades incluye flotar, nadar y, si se le añaden unos rotores, hasta volar. Una verdadera navaja suiza de la robótica que, en su desparpajo funcional, parece cuestionar la necesidad de la sofisticación antropomórfica que tanto desvela a los ingenieros.
El quid de la cuestión reside en sus patas retráctiles. El equipo liderado por Hao Liu ha desarrollado estructuras capaces de extenderse un impresionante 315% solo con inyección de aire, manteniendo un paso firme gracias a la ayuda de servomotores. Con apenas 350 gramos cada una, estas extremidades no solo soportan grandes pesos, sino que, acopladas a un robot de apariencia humanoide, le permiten reducir su altura en un 36% y su anchura en un 61%. Una proeza mecánica que le permite colarse por donde otros, más robustos y estáticos, ni sueñan con pasar.
Pero la cosa no termina ahí. La parte superior del prototipo, un muñeco inflable (que, aclaran, es intercambiable), le permite flotar y servir de salvavidas. Puede nadar con la ayuda de sus patas y desplazarse en el agua. Y, en su versión más compacta, con el torso desinflado, abre las piernas hasta parecer un solo tubo para reptar como una oruga. Una metamorfosis constante que lo convierte en un camaleón robótico.
Sus creadores no escatiman en elogios. Ven en esta versatilidad una solución para infinidad de escenarios. “Podría ser usado en escenarios catastróficos gracias a las ventajas combinadas de que es hinchable, pesa poco, se adapta a varios entornos y es seguro”, sentencia Ting Wang, coautor del estudio. Y agrega: “Nuestro prototipo puede modificar dramáticamente su altura y forma para moverse por espacios estrechos, inaccesibles para robots convencionales, mientras que su estructura ligera (pesa 4,5 kg) pero robusta lo hace seguro para la interacción con personas y resistente a impactos”. Un argumento potente, sí, pero la pregunta sigue flotando: ¿realmente puede ser tan bueno en todo?
Cuando la ciencia le guiña el ojo a disney y a la biología
Históricamente, los ingenieros han invertido fortunas en emular la mecánica humana en los robots. Crecer, ser sólidos y livianos a la vez, y absorber golpes sin despedazarse, han sido los grandes desafíos. El equipo de Liu y Wang, sin embargo, ha logrado un robot que "crece" sin engordar desmedidamente. “Es multifuncional, pero también rápido, eficiente y bien dimensionado para mantener el equilibrio en estático y en movimiento”, detallan en el estudio publicado en la revista Science Advances. Una afirmación que suena a canto de sirena en el pantanoso terreno de la robótica multifuncional.
La inspiración para salvar escollos tan complejos llegó de dos fuentes inesperadas: la estructura de crecimiento de los huesos y… Baymax, el simpático robot neumático de la película animada Big Hero 6. “Baymax nos mostró cómo los robots inflables y blandos pueden ser seguros y amigables, mientras que los huesos humanos inspiraron la estructura multifuncional, ligera y adaptable”, explica Wang. Un combo digno de un guion de Hollywood, que en la práctica se traduce en un ingenioso mecanismo donde el aire sustituye a los nutrientes para el crecimiento de las extremidades.
Las piernas de este prodigio combinan capas blandas de PVC (que se desinflan) con otras duras que albergan las conexiones mecánicas, todo recubierto por una funda de tela no elástica. Un diseño que, según Ángel Valera, catedrático de la Universitat Politècnica de València, es “técnicamente interesante no tanto por el planteamiento del diseño mecánico sino porque se abordan cuestiones para el control del movimiento del robot”. Una visión más mesurada, que valora el ingenio técnico sin caer en la grandilocuencia del marketing.
¿Del laboratorio al rescate? Los desafíos de un todoterreno inflable
Claro que, como todo prototipo, este robot tiene margen de mejora. Los investigadores ya piensan en incrementar su autonomía, añadir servomotores más potentes y hasta recurrir a grandes modelos de lenguaje para optimizar sus algoritmos de aprendizaje. La visión a futuro es ambiciosa: “Nuestro diseño anticipa el despliegue de robots humanoides en una amplia gama de entornos complejos, dinámicos o peligrosos, donde pueden realizar de forma segura y eficaz tareas repetitivas o arriesgadas junto a los seres humanos, contribuyendo en última instancia a mejorar la seguridad, la productividad y la calidad de vida”.
Un objetivo loable, sin duda. Pero no podemos evitar preguntarnos: ¿será la versatilidad de este flotador con patas su mayor fortaleza o su talón de Aquiles? ¿Estamos ante el próximo héroe anónimo de las catástrofes o frente a un ingenioso, pero caro, juguete que intenta abarcar demasiado? El tiempo, y los presupuestos de rescate, tendrán la última palabra. Lo que es innegable es que este particular "flotador con patas" ha logrado algo que muchos humanoides no: hacernos pensar. Y debatir.