La desinformación explota la tragedia de Adamuz en redes

Redacción Cuyo News
8 min
Cortito y conciso:

Tras la trágica colisión de trenes en Adamuz, Córdoba, que dejó 39 víctimas, una maquinaria de desinformación ultraderechista, liderada por figuras como Javier Negre, Vito Quiles y Alvise Pérez, se activó rápidamente. Difundieron bulos que responsabilizaban directamente a Pedro Sánchez, tergiversando préstamos a Marruecos y criticando la inversión ferroviaria en España. Expertos detectaron coordinación en estos ataques, que también apuntaron a periodistas y utilizaron imágenes falsas. El artículo señala que esta estrategia de explotar catástrofes para fines políticos y racistas es un patrón recurrente.

Apenas se conoció la tragedia ferroviaria en Adamuz, Córdoba, un choque de alta velocidad que ya se cobró 39 vidas, la maquinaria de la desinformación activó su modo turbo. Casi de inmediato, una batería de «agitadores» (por llamarlos de algún modo) ultraderechistas, como el «emisor» Javier Negre desde Estados Unidos y Vito Quiles en España, se lanzaron a la red. Su primer «aporte» al debate nacional fue una publicación que acusaba a Pedro Sánchez de haber “regalado 247 millones de euros de los españoles a Marruecos para mejorar su red ferroviaria”. Una jugada tan rápida como predecible.

Claro, los «detalles» nunca fueron el fuerte de esta gente. La cifra real, dicen las crónicas, ascendía a 750 millones, pero lo más revelador es que se trataba de préstamos con intereses y la obligación de contratar empresas españolas. Un «regalo» bastante particular, ¿no? Pero, seamos honestos, la verdad es un condimento que suele estorbar cuando el plato principal es el resentimiento. En momentos de shock y dolor, con 39 vidas truncadas, lo visceral se adueña del relato y la manipulación encuentra un campo fértil.

Horas más tarde, el eurodiputado Alvise Pérez, «viejo conocido» del ecosistema desinformador, se subió al tren (sin ironía, por favor). Desde su concurrido canal de Telegram, con casi 650.000 suscriptores esperando el siguiente «dato» explosivo, Pérez soltó su propia perla: “Sánchez aprobó créditos por 1.400 millones para proyectos ferroviarios en Marruecos, Egipto y Uzbekistán mientras se denunciaban deficiencias graves de inversión en trenes en España”. La conexión, para algunos, sería tan obvia como «el día y la noche», para otros, apenas una concatenación de datos descontextualizados en busca de un culpable.

Mientras la marea de acusaciones inundaba las redes, el experto en ciberseguridad Marcelino Madrigal se puso a trabajar. Su análisis de unos 400 mensajes de Telegram dirigidos al ministro de Transportes, Óscar Puente, reveló un patrón claro: los canales de Alvise Pérez eran los principales altavoces del odio, con una narrativa centrada en la «supuesta dejación de funciones» y la falta de mantenimiento de las infraestructuras. Un trabajo minucioso que, al menos, pone un poco de ciencia en el torbellino de la emoción.

La política en modo catástrofe: ¿Quién gana con el caos?

La sintonía entre los «agitadores» y la política formal no tardó en hacerse evidente. El líder de Vox, Santiago Abascal, no perdió oportunidad de subirse a la narrativa, vinculando al gobierno directamente con la tragedia. “El colapso de un Gobierno mafioso está amenazando con colapsar a todo el Estado tanto a nivel nacional como internacional. Punto”, sentenció Abascal en su cuenta de X, para luego rematar con un contundente: “Nos gobierna el crimen, la mentira y la traición a los intereses del pueblo”. Más allá de la vehemencia, cabe preguntarse si estas declaraciones buscan la verdad o simplemente capitalizar el dolor ajeno.

Lo que Madrigal también advierte, y no es un dato menor, es la posible «sincronización» de algunas cuentas. Muchos de los mensajes analizados fueron enviados casi al mismo tiempo, con apenas segundos de diferencia. Un «fenómeno» que, según su experiencia, sucede “continuamente”, sugiriendo una organización detrás del aparente caos espontáneo. ¿Ingenuidad o estrategia? La respuesta, quizá, ya la sabemos.

El «Sr Liberal», otro «influencer» ultra con una audiencia de más de 160.000 seguidores en X, también sumó su voz al coro de la «negligencia criminal». “Lo sabía, sabían lo que le pasaba a la vía”, sentenció, insistiendo en que “en el Gobierno lo sabían todo” y exigiendo: “Ni un minuto más a los mandos del Ministerio”. La facilidad con la que se distribuyen sentencias definitivas sobre responsabilidades aún no investigadas, es, cuanto menos, llamativa.

Cuando el dolor se convierte en un arma: la cacería digital

Pero la artillería no solo apuntó al Gobierno. La «cacería» se extendió a la prensa. La periodista Lourdes Maldonado, de TVE, fue víctima de una imagen descontextualizada: una captura de ella sonriendo, sacada de un momento en que relataba un acto de solidaridad del pueblo de Adamuz. Decenas de cuentas la vilipendiaron, acusándola de «falta de respeto» a las víctimas. Y sí, al ministro Óscar Puente le tocó lo mismo: una foto suya, también sonriente, fue pasto de mensajes incendiarios. ¿Será que, para algunos, solo existe el dolor o la rabia, pero nunca la humanidad o la solidaridad en medio de la tragedia?

Incluso algunos medios cayeron en la trampa, difundiendo imágenes falsas del choque, generadas por inteligencia artificial. Un error grave, sin duda. Sin embargo, en un rapto de autocorrección que merece ser señalado, la Cadena SER las retiró rápidamente y se disculpó públicamente en repetidas ocasiones. No todo está perdido, parece.

Un libreto repetido: la fábrica de bulos no descansa

Este triste episodio de Adamuz no es un hecho aislado. Las catástrofes, lamentablemente, se han convertido en el «laboratorio» perfecto para los agitadores y desinformadores profesionales. Lo vimos en octubre de 2024, cuando la DANA que se llevó 229 vidas en Valencia se aprovechó para difundir todo tipo de bulos, desde los que amplificaban el número de víctimas mortales hasta los que llamaban a la organización ciudadana para suplir la supuesta inoperancia de las instituciones. Parece que la fórmula es siempre la misma: tragedia más confusión, igual a oportunidad de «pescar en río revuelto».

Y si hablamos de «libretos», no podemos olvidar el tufo racista que envolvió a Torre Pacheco, Murcia, el año pasado. Una paliza a un hombre, que ni siquiera fue perpetrada por inmigrantes (los autores eran españoles y estaban detenidos), sirvió de excusa para organizar “cacerías de inmigrantes”. El video viralizado, por supuesto, era de otro hecho. Pero ¿a quién le importa la verdad cuando se puede sembrar el pánico y la xenofobia? Nada de eso detuvo una oleada de ataques racistas que mantuvo a la población en vilo. La pregunta que flota en el aire es siempre la misma: ¿buscamos justicia, respuestas o simplemente un chivo expiatorio sobre el que volcar nuestras miserias?

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