El economista y ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, analizó con dureza el rumbo económico actual y advirtió sobre las limitaciones de un esquema que no logre expandirse más allá de los sectores extractivos y financieros. Según el especialista, «Se corre el riesgo de hacer un país para 5 sectores: campo, minería, energía, tecnologías y bancos», una configuración que dejaría fuera a gran parte de la matriz productiva nacional.
Redrado enfatizó que, si bien se han logrado avances en ciertas variables, la falta de medidas estructurales podría estancar el proceso de recuperación. «Si no hacemos más de lo que estamos viendo nos podemos quedar a mitad de camino», sostuvo el economista, quien además subrayó la importancia de generar previsibilidad para quienes apuestan por el mercado local. «Tenemos que consolidar un esquema permanente en el país que agregue al equilibrio fiscal, la desregulación y la modernización laboral una tranquilidad cambiaria para saber si el que invierte capitales luego se puede salir de la Argentina», añadió.
La urgencia de reformas estructurales y logística
Para el ex funcionario, el equilibrio fiscal por sí solo no garantiza el desarrollo si no se aborda la carga impositiva que asfixia a la actividad privada. En ese sentido, afirmó que «Argentina necesita una reforma tributaria que le saque de las espaldas al sector privado los costos que le transfieren los municipios, gobernaciones y la Nación». A esto se suma el déficit en infraestructura, otro de los puntos críticos señalados para lograr una inserción global efectiva: «Para integrarnos al mundo necesitamos mejor logística en materia de trenes, rutas y caminos».
Al ser consultado sobre la persistencia del riesgo país en niveles elevados, Redrado fue tajante respecto a la necesidad de normalizar las tasas de interés y fortalecer el balance de la autoridad monetaria. «Debemos bajar el riesgo país para que disminuyan las tasas de interés que son muy altas en el mercado. Necesitamos acumular reservas y no lo hemos hecho», sentenció.
Una economía de «puentes» y deuda
Uno de los puntos más críticos de su análisis se centró en la política cambiaria y la recurrente necesidad de asistencia financiera externa. Redrado calificó la gestión actual como errática, señalando que «nos obliga a vivir de puente en puente, cada 6 meses». Detalló que en 2024 el blanqueo de capitales aportó US$ 20.000 millones, cifra similar a la recibida por parte del Fondo Monetario Internacional en abril de 2025, seguida de un swap de otros US$ 20.000 millones del Tesoro de Estados Unidos previo a los comicios.
«Vivimos pidiendo ayuda y no generando nuestras propias divisas», lamentó el economista, explicando que «los dólares que llegan a Argentina son de endeudamiento, de operaciones financieras. El Banco Central los compra en bloque». Según su visión, este mecanismo genera una vulnerabilidad peligrosa: «Sin embargo, mientras con la mano derecha compra dólares, con la mano izquierda emite bonos atados a la devaluación. Esos bonos pagarían en pesos un posible quebranto si se disparara el dólar». Esta dinámica, advirtió, conforma un «esquema muy financiero» donde el Central compra y vende el mismo material, lo que «nos deja atados a mercados que son muy volátiles a nivel internacional».
Finalmente, Redrado puso el foco en la realidad social y el deterioro del poder adquisitivo. «Los ingresos de las familias han caído porque corren por detrás de la inflación. La única manera de solucionar este problema es bajarle los impuestos al trabajo para que haya más empleo y se pueda ganar más», concluyó, instando a una revisión profunda de la política laboral y tributaria.
<p>El economista Martín Redrado advirtió que la actual política económica corre el riesgo de consolidar un modelo productivo limitado a solo cinco sectores estratégicos, dejando al resto del país «a mitad de camino». El ex titular del Banco Central cuestionó la dependencia del financiamiento externo, la falta de acumulación de reservas genuinas y la urgencia de una reforma tributaria para aliviar al sector privado.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la «República de los Cinco Elegidos», el country club macroeconómico más exclusivo del hemisferio sur, donde solo podés entrar si tenés un pozo de petróleo, una mina de litio, un campo de soja, una startup de inteligencia artificial o, por supuesto, un banco. Martín Redrado, el hombre que ostenta el récord mundial de decir cosas sensatas mientras el resto del país intenta descifrar si el dólar va a subir o si directamente va a ser reemplazado por figuritas del mundial, ha lanzado una advertencia que suena a balde de agua fría en una oficina sin aire acondicionado: nos estamos convirtiendo en un mapa con cinco islas de prosperidad rodeadas por un océano de gente que todavía está tratando de entender cómo el sueldo se las arregla para evaporarse antes del día diez. Según el «Golden Boy» de las finanzas, estamos a un paso de ser un país boutique: muy lindo para las fotos de LinkedIn de los inversores, pero un desierto logístico para el que tiene que mover un cajón de manzanas por una ruta que parece la superficie lunar.
La estrategia económica actual parece diseñada por un adolescente que juega al SimCity con los trucos de dinero infinito activados, pero en versión rioplatense. Redrado nos recuerda que vivimos de «puente en puente», una metáfora arquitectónica preciosa para no decir que estamos haciendo malabares con una motosierra encendida. En 2024 fue el blanqueo, en abril de 2025 fue el Fondo Monetario y después el Tesoro de Estados Unidos nos tiró un swap como quien le da una moneda a un artista callejero para que no deje de tocar la flauta. Es un esquema financiero tan sofisticado que el Banco Central compra dólares con una mano y con la otra emite bonos atados a la devaluación, una maniobra de prestidigitación que haría que David Copperfield se retire por falta de ética profesional. Mientras tanto, el ingreso familiar corre detrás de la inflación con la misma eficacia con la que un servidor público intenta llegar temprano un lunes; es decir, no llega nunca. Si la solución para Redrado es bajar impuestos al trabajo, la respuesta del sistema parece ser seguir cobrando hasta por respirar aire no acondicionado, dejando al sector privado con la espalda más cargada que un repartidor de aplicaciones en hora pico.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El economista y ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, analizó con dureza el rumbo económico actual y advirtió sobre las limitaciones de un esquema que no logre expandirse más allá de los sectores extractivos y financieros. Según el especialista, «Se corre el riesgo de hacer un país para 5 sectores: campo, minería, energía, tecnologías y bancos», una configuración que dejaría fuera a gran parte de la matriz productiva nacional.
Redrado enfatizó que, si bien se han logrado avances en ciertas variables, la falta de medidas estructurales podría estancar el proceso de recuperación. «Si no hacemos más de lo que estamos viendo nos podemos quedar a mitad de camino», sostuvo el economista, quien además subrayó la importancia de generar previsibilidad para quienes apuestan por el mercado local. «Tenemos que consolidar un esquema permanente en el país que agregue al equilibrio fiscal, la desregulación y la modernización laboral una tranquilidad cambiaria para saber si el que invierte capitales luego se puede salir de la Argentina», añadió.
La urgencia de reformas estructurales y logística
Para el ex funcionario, el equilibrio fiscal por sí solo no garantiza el desarrollo si no se aborda la carga impositiva que asfixia a la actividad privada. En ese sentido, afirmó que «Argentina necesita una reforma tributaria que le saque de las espaldas al sector privado los costos que le transfieren los municipios, gobernaciones y la Nación». A esto se suma el déficit en infraestructura, otro de los puntos críticos señalados para lograr una inserción global efectiva: «Para integrarnos al mundo necesitamos mejor logística en materia de trenes, rutas y caminos».
Al ser consultado sobre la persistencia del riesgo país en niveles elevados, Redrado fue tajante respecto a la necesidad de normalizar las tasas de interés y fortalecer el balance de la autoridad monetaria. «Debemos bajar el riesgo país para que disminuyan las tasas de interés que son muy altas en el mercado. Necesitamos acumular reservas y no lo hemos hecho», sentenció.
Una economía de «puentes» y deuda
Uno de los puntos más críticos de su análisis se centró en la política cambiaria y la recurrente necesidad de asistencia financiera externa. Redrado calificó la gestión actual como errática, señalando que «nos obliga a vivir de puente en puente, cada 6 meses». Detalló que en 2024 el blanqueo de capitales aportó US$ 20.000 millones, cifra similar a la recibida por parte del Fondo Monetario Internacional en abril de 2025, seguida de un swap de otros US$ 20.000 millones del Tesoro de Estados Unidos previo a los comicios.
«Vivimos pidiendo ayuda y no generando nuestras propias divisas», lamentó el economista, explicando que «los dólares que llegan a Argentina son de endeudamiento, de operaciones financieras. El Banco Central los compra en bloque». Según su visión, este mecanismo genera una vulnerabilidad peligrosa: «Sin embargo, mientras con la mano derecha compra dólares, con la mano izquierda emite bonos atados a la devaluación. Esos bonos pagarían en pesos un posible quebranto si se disparara el dólar». Esta dinámica, advirtió, conforma un «esquema muy financiero» donde el Central compra y vende el mismo material, lo que «nos deja atados a mercados que son muy volátiles a nivel internacional».
Finalmente, Redrado puso el foco en la realidad social y el deterioro del poder adquisitivo. «Los ingresos de las familias han caído porque corren por detrás de la inflación. La única manera de solucionar este problema es bajarle los impuestos al trabajo para que haya más empleo y se pueda ganar más», concluyó, instando a una revisión profunda de la política laboral y tributaria.
Bienvenidos a la «República de los Cinco Elegidos», el country club macroeconómico más exclusivo del hemisferio sur, donde solo podés entrar si tenés un pozo de petróleo, una mina de litio, un campo de soja, una startup de inteligencia artificial o, por supuesto, un banco. Martín Redrado, el hombre que ostenta el récord mundial de decir cosas sensatas mientras el resto del país intenta descifrar si el dólar va a subir o si directamente va a ser reemplazado por figuritas del mundial, ha lanzado una advertencia que suena a balde de agua fría en una oficina sin aire acondicionado: nos estamos convirtiendo en un mapa con cinco islas de prosperidad rodeadas por un océano de gente que todavía está tratando de entender cómo el sueldo se las arregla para evaporarse antes del día diez. Según el «Golden Boy» de las finanzas, estamos a un paso de ser un país boutique: muy lindo para las fotos de LinkedIn de los inversores, pero un desierto logístico para el que tiene que mover un cajón de manzanas por una ruta que parece la superficie lunar.
La estrategia económica actual parece diseñada por un adolescente que juega al SimCity con los trucos de dinero infinito activados, pero en versión rioplatense. Redrado nos recuerda que vivimos de «puente en puente», una metáfora arquitectónica preciosa para no decir que estamos haciendo malabares con una motosierra encendida. En 2024 fue el blanqueo, en abril de 2025 fue el Fondo Monetario y después el Tesoro de Estados Unidos nos tiró un swap como quien le da una moneda a un artista callejero para que no deje de tocar la flauta. Es un esquema financiero tan sofisticado que el Banco Central compra dólares con una mano y con la otra emite bonos atados a la devaluación, una maniobra de prestidigitación que haría que David Copperfield se retire por falta de ética profesional. Mientras tanto, el ingreso familiar corre detrás de la inflación con la misma eficacia con la que un servidor público intenta llegar temprano un lunes; es decir, no llega nunca. Si la solución para Redrado es bajar impuestos al trabajo, la respuesta del sistema parece ser seguir cobrando hasta por respirar aire no acondicionado, dejando al sector privado con la espalda más cargada que un repartidor de aplicaciones en hora pico.