El operativo de búsqueda y rescate coordinado por la Armada Nacional de Uruguay concluyó con éxito este viernes 23 de enero, tras el hallazgo con vida del abogado argentino Daniel Crisci. El turista, de 58 años, había permanecido desaparecido desde la tarde de ayer tras adentrarse en el mar en una moto de agua desde la zona de La Rinconada de Portezuelo, con el objetivo de dirigirse hacia Piriápolis.
Un despliegue tecnológico sin precedentes
La alarma se activó cuando Crisci no regresó a la costa en el horario previsto, lo que movilizó de inmediato al Centro de Operaciones Tácticas del Comando de la Flota. El dispositivo de búsqueda incluyó embarcaciones neumáticas, lanchas y unidades de la Aviación Naval. Entre los recursos desplegados se destacó un avión de patrulla marítima Beechcraft B200, un helicóptero de rescate y un dron de vigilancia marítima equipado con tecnología para operaciones nocturnas, lo que permitió mantener la búsqueda durante la madrugada.
Desde el Puerto de Montevideo se sumó a las tareas la Lancha Patrullera ROU 15 “Río de la Plata”, reforzando el patrullaje en el área del Río de la Plata y el frente oceánico. A pesar de las dificultades de visibilidad iniciales, el contacto visual con el náufrago se logró concretar a las 7 de la mañana de hoy, confirmando que se encontraba con vida y en aparente buen estado de salud a pesar de las más de diez horas que permaneció a la deriva.
Declaraciones y causas del incidente
Tras ser rescatado, Crisci fue trasladado hacia el puerto, arribando aproximadamente a las 9 de la mañana. Media hora más tarde, el abogado comenzó a prestar declaración ante las autoridades navales para reconstruir la cronología del evento. En sus primeras manifestaciones, el motonauta indicó que el incidente se habría originado por una falla mecánica en su vehículo —una moto de agua de color amarillo—, lo que provocó la pérdida total de propulsión y lo dejó a merced de las corrientes marinas.
Fuentes oficiales de la Armada uruguaya señalaron que el ciudadano argentino fue sometido a una revisión médica preventiva, donde se constató que no presentaba cuadros de gravedad tras la exposición prolongada al ambiente marino. El caso continúa bajo investigación para determinar las responsabilidades del incidente y verificar si el vehículo cumplía con las normativas de seguridad exigidas para la navegación en esa zona del litoral uruguayo.
<p>Tras permanecer más de doce horas a la deriva en aguas uruguayas, el abogado argentino Daniel Crisci fue hallado con vida este viernes en las cercanías de Punta del Este. El turista, de 58 años, había desaparecido tras sufrir un desperfecto mecánico en su moto de agua. Un intenso operativo de la Armada Nacional de Uruguay permitió su rescate en buen estado de salud general.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si usted cree que el estrés de un buffet de abogados en Buenos Aires es insoportable, imagínese ser Daniel Crisci, un letrado de 58 años que decidió que la mejor forma de litigar contra el aburrimiento era subirse a una moto de agua amarilla —el color institucional de los que quieren ser vistos desde la Estación Espacial Internacional— para ir de Portezuelo a Piriápolis. Lo que empezó como una travesía digna de una publicidad de tarjeta de crédito terminó siendo un retiro espiritual forzado de doce horas en medio del Atlántico, donde el único argumento legal válido era no convertirse en comida para peces. Al parecer, la propulsión mecánica decidió declararse en huelga de brazos caídos, dejando al doctor a merced de las corrientes, sin un solo código civil a mano para interponer un recurso de amparo contra las olas.
La Armada Nacional de Uruguay, que suele estar acostumbrada a perseguir pesqueros ilegales o a rescatar veraneantes que inflan demasiado el ego junto con el gomón, desplegó un arsenal digno de una invasión a pequeña escala. Tuvimos aviones Beechcraft B200 sobrevolando la zona, helicópteros de rescate, drones con visión nocturna y la lancha patrullera «Río de la Plata» navegando desde Montevideo. Doce horas después, a las siete de la mañana, encontraron al náufrago más elegante de la temporada, quien seguramente ya estaba redactando mentalmente una demanda por daños y perjuicios contra el fabricante del motor. Crisci llegó al puerto de Punta del Este a las nueve de la mañana, no para desayunar un cortado con medialunas, sino para explicarle a las autoridades cómo es que terminó siendo el protagonista de un «Náufrago» versión esteña, pero sin un Wilson con quien hablar de impuestos.
Lo más fascinante de este episodio es la capacidad del ser humano para sobrevivir a la deriva mientras el Centro de Operaciones Tácticas moviliza más tecnología que la que se usó para encontrar el Titanic, todo porque una moto de agua decidió tener un momento de reflexión existencial. A las nueve y media, el hombre ya estaba declarando ante las autoridades con la entereza de quien acaba de ganar un juicio por alimentos, intentando reconstruir una noche donde las estrellas fueron su única compañía y el frío uruguayo su peor cliente. Al final, el doctor está bien, la moto amarilla será remolcada y el operativo de rescate quedará en la historia como la vez que Uruguay puso toda su flota a disposición para que un argentino no se perdiera el asado del viernes. Si esto no es fraternidad rioplatense impulsada por la impericia mecánica, nada lo es.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El operativo de búsqueda y rescate coordinado por la Armada Nacional de Uruguay concluyó con éxito este viernes 23 de enero, tras el hallazgo con vida del abogado argentino Daniel Crisci. El turista, de 58 años, había permanecido desaparecido desde la tarde de ayer tras adentrarse en el mar en una moto de agua desde la zona de La Rinconada de Portezuelo, con el objetivo de dirigirse hacia Piriápolis.
Un despliegue tecnológico sin precedentes
La alarma se activó cuando Crisci no regresó a la costa en el horario previsto, lo que movilizó de inmediato al Centro de Operaciones Tácticas del Comando de la Flota. El dispositivo de búsqueda incluyó embarcaciones neumáticas, lanchas y unidades de la Aviación Naval. Entre los recursos desplegados se destacó un avión de patrulla marítima Beechcraft B200, un helicóptero de rescate y un dron de vigilancia marítima equipado con tecnología para operaciones nocturnas, lo que permitió mantener la búsqueda durante la madrugada.
Desde el Puerto de Montevideo se sumó a las tareas la Lancha Patrullera ROU 15 “Río de la Plata”, reforzando el patrullaje en el área del Río de la Plata y el frente oceánico. A pesar de las dificultades de visibilidad iniciales, el contacto visual con el náufrago se logró concretar a las 7 de la mañana de hoy, confirmando que se encontraba con vida y en aparente buen estado de salud a pesar de las más de diez horas que permaneció a la deriva.
Declaraciones y causas del incidente
Tras ser rescatado, Crisci fue trasladado hacia el puerto, arribando aproximadamente a las 9 de la mañana. Media hora más tarde, el abogado comenzó a prestar declaración ante las autoridades navales para reconstruir la cronología del evento. En sus primeras manifestaciones, el motonauta indicó que el incidente se habría originado por una falla mecánica en su vehículo —una moto de agua de color amarillo—, lo que provocó la pérdida total de propulsión y lo dejó a merced de las corrientes marinas.
Fuentes oficiales de la Armada uruguaya señalaron que el ciudadano argentino fue sometido a una revisión médica preventiva, donde se constató que no presentaba cuadros de gravedad tras la exposición prolongada al ambiente marino. El caso continúa bajo investigación para determinar las responsabilidades del incidente y verificar si el vehículo cumplía con las normativas de seguridad exigidas para la navegación en esa zona del litoral uruguayo.
Si usted cree que el estrés de un buffet de abogados en Buenos Aires es insoportable, imagínese ser Daniel Crisci, un letrado de 58 años que decidió que la mejor forma de litigar contra el aburrimiento era subirse a una moto de agua amarilla —el color institucional de los que quieren ser vistos desde la Estación Espacial Internacional— para ir de Portezuelo a Piriápolis. Lo que empezó como una travesía digna de una publicidad de tarjeta de crédito terminó siendo un retiro espiritual forzado de doce horas en medio del Atlántico, donde el único argumento legal válido era no convertirse en comida para peces. Al parecer, la propulsión mecánica decidió declararse en huelga de brazos caídos, dejando al doctor a merced de las corrientes, sin un solo código civil a mano para interponer un recurso de amparo contra las olas.
La Armada Nacional de Uruguay, que suele estar acostumbrada a perseguir pesqueros ilegales o a rescatar veraneantes que inflan demasiado el ego junto con el gomón, desplegó un arsenal digno de una invasión a pequeña escala. Tuvimos aviones Beechcraft B200 sobrevolando la zona, helicópteros de rescate, drones con visión nocturna y la lancha patrullera «Río de la Plata» navegando desde Montevideo. Doce horas después, a las siete de la mañana, encontraron al náufrago más elegante de la temporada, quien seguramente ya estaba redactando mentalmente una demanda por daños y perjuicios contra el fabricante del motor. Crisci llegó al puerto de Punta del Este a las nueve de la mañana, no para desayunar un cortado con medialunas, sino para explicarle a las autoridades cómo es que terminó siendo el protagonista de un «Náufrago» versión esteña, pero sin un Wilson con quien hablar de impuestos.
Lo más fascinante de este episodio es la capacidad del ser humano para sobrevivir a la deriva mientras el Centro de Operaciones Tácticas moviliza más tecnología que la que se usó para encontrar el Titanic, todo porque una moto de agua decidió tener un momento de reflexión existencial. A las nueve y media, el hombre ya estaba declarando ante las autoridades con la entereza de quien acaba de ganar un juicio por alimentos, intentando reconstruir una noche donde las estrellas fueron su única compañía y el frío uruguayo su peor cliente. Al final, el doctor está bien, la moto amarilla será remolcada y el operativo de rescate quedará en la historia como la vez que Uruguay puso toda su flota a disposición para que un argentino no se perdiera el asado del viernes. Si esto no es fraternidad rioplatense impulsada por la impericia mecánica, nada lo es.