La industria manufacturera en Argentina enfrenta uno de sus ciclos más críticos de los últimos años, producto de una combinación de factores que los especialistas denominan como la «tormenta perfecta». La retracción del consumo interno, el ascenso exponencial de los costos fijos y la apertura de las importaciones han generado una parálisis productiva que se traduce en el cierre definitivo de plantas y una ola de despidos que afecta a diversos puntos del país.
Uno de los casos más emblemáticos de este deterioro es el de la multinacional Dass, principal fabricante de calzado para firmas globales como Nike y Adidas. La compañía concretó el cierre total de su planta en Coronel Suárez, dejando a 907 operarios sin sustento. En paralelo, su unidad productiva en Eldorado, Misiones, se encuentra al borde del colapso operativo. De una plantilla histórica de 1.500 trabajadores, la fábrica hoy cuenta con apenas 220 tras las recientes cesantías de julio y nuevas notificaciones registradas este mes. «No sabemos cuál es el futuro de la empresa», manifestó con preocupación Gustavo Melgarejo, delegado de UTICRA.
Radiografía del retroceso industrial según el Indec
Los datos oficiales respaldan la gravedad de la situación. El último informe sobre la Utilización de la Capacidad Instalada Industrial (UCII) elaborado por el Indec revela que el promedio general de la industria cayó al 57,7%, frente al 62,3% registrado en el mismo periodo del año anterior. El sector más golpeado es el del calzado, que opera con apenas un 32,5% de su capacidad tecnológica. Asimismo, las ventas del sector han experimentado un retroceso del 31,6% en la comparativa interanual 2025-2023.
Este efecto dominó alcanza a otros pilares de la economía:
- Sector Alimenticio: El Frigorífico Pico, responsable de la marca Paty, enfrenta una deuda de 30.000 millones de pesos. La caída en el consumo doméstico de carne y la merma en las exportaciones a China forzaron la suspensión de 450 trabajadores.
- Sector Textil: La firma Cocot ha desvinculado a más de 140 empleados en su planta de Parque Chas. Los gremios denuncian, además, el pago de haberes y aguinaldos en cuotas.
- Sector Automotriz: General Motors mantiene su planta de Alvear bajo un régimen de parates rotativos. Con una capacidad de uso del 46,3%, la empresa y SMATA acordaron suspensiones donde los operarios perciben solo el 75% del salario bruto.
El escenario en San Juan: Crisis de «goteo» y alerta en el retail
En la provincia de San Juan, si bien no se han registrado cierres masivos de la magnitud de la planta de Dass, se observa una crisis de erosión constante en sectores clave. La industria vitivinícola, pilar de la economía regional, atraviesa una situación financiera compleja; una bodega local de gran envergadura ha reportado pasivos superiores a los 450 millones de pesos debido a la suba de costos logísticos y la caída de la demanda.
En el sector comercial, el foco de conflicto se sitúa en el Híper Libertad. El Sindicato de Empleados de Comercio (SEC) ha denunciado formalmente «despidos hormiga» sin causa justificada. A esto se suma la incertidumbre por una posible venta de la cadena al grupo La Anónima, lo que mantiene en alerta a los trabajadores de las sucursales locales. Por su parte, la Unión Industrial de San Juan (UISJ) calificó el panorama como «sumamente complejo», señalando paradas en líneas de producción de alimentos y textiles por la falta de demanda externa e interna.
Finalmente, la tasa de desocupación del 3% registrada anteriormente en la provincia comienza a mostrar signos de agotamiento. El incremento de la subocupación y el traspaso de trabajadores al sector informal marcan la pauta de un mercado laboral que ya no logra absorber la oferta frente a la parálisis de la obra pública nacional y el retroceso del sector privado.
<p>La industria argentina atraviesa una severa crisis productiva debido a la contracción del consumo interno y el incremento de los costos operativos. El cierre de la planta de Dass en Coronel Suárez y las suspensiones en General Motors y Frigorífico Pico evidencian un deterioro del tejido manufacturero. En San Juan, la inestabilidad afecta principalmente a la vitivinicultura y al sector comercial, con denuncias de despidos en cadenas de retail.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la edición «Liquidación por Cierre» de la realidad nacional, donde la única industria que parece crecer a tasas chinas es la fabricación de telegramas de despido. Mientras en los despachos oficiales se celebran planillas de Excel que parecen redactadas por un monje budista en pleno estado de negación, en el mundo real —ese lugar inhóspito donde la gente todavía tiene la osadía de querer almorzar— la «tormenta perfecta» se ha convertido en un tsunami de persianas bajas. Es fascinante la metafísica industrial argentina: logramos que marcas como Nike y Adidas sean objetos de museo antes de que el Museo del Surf de Mar del Plata terminara de colgar su primera tabla. En Coronel Suárez y Eldorado, el calzado ya no se fabrica; se convirtió en una metáfora de cómo salir corriendo, pero descalzos, porque la utilización de la capacidad instalada del sector es del 32,5%. Es decir, las fábricas están tan vacías que el eco de una máquina encendida podría considerarse un evento de poltergeist.
La situación de «Paty» es el resumen perfecto de nuestra decadencia gastronómica-existencial. Que la empresa creadora de la hamburguesa emblemática de los estadios y los domingos familiares deba 30.000 millones de pesos es la señal definitiva de que el apocalipsis no vendrá con jinetes, sino con un combo de oferta que nadie puede pagar. Estamos ante el primer caso documentado de una nación que decide hacer dieta forzada por falta de capacidad crediticia. Y ni hablar de General Motors, donde los operarios perciben el 75% de su salario para quedarse en casa mirando el techo, en una especie de «vacaciones pagas por el pánico» mientras la planta de Alvear opera al ritmo de un desfile de caracoles con asma. Es un esquema económico de vanguardia: producimos tan poco que pronto el Indec dejará de medir la actividad industrial para empezar a medir la velocidad con la que el polvo se acumula en las líneas de montaje.
En nuestra querida San Juan, el panorama es un «goteo» constante que tiene a todos con el corazón en la boca y la mano en el bolsillo vacío. Pasamos del espejismo del pleno empleo del 3% a una realidad donde el Híper Libertad practica el «despido hormiga», una técnica de gestión de recursos humanos que consiste en echar gente de a poquito para que el sindicato no haga tanto ruido, mientras los rumores de venta a La Anónima circulan más rápido que el viento Zonda. En las bodegas, el drama tiene aroma a Malbec rancio por deudas de 450 millones, confirmando que ni siquiera el vino nos sirve ya de consuelo porque los costos logísticos están más caros que un pasaje a Marte. Si esto sigue así, el próximo informe del Indec sobre desempleo no va a necesitar porcentajes, le va a alcanzar con una foto de todos nosotros enviando currículums a una casilla de correo que ya fue rebotada por falta de espacio.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La industria manufacturera en Argentina enfrenta uno de sus ciclos más críticos de los últimos años, producto de una combinación de factores que los especialistas denominan como la «tormenta perfecta». La retracción del consumo interno, el ascenso exponencial de los costos fijos y la apertura de las importaciones han generado una parálisis productiva que se traduce en el cierre definitivo de plantas y una ola de despidos que afecta a diversos puntos del país.
Uno de los casos más emblemáticos de este deterioro es el de la multinacional Dass, principal fabricante de calzado para firmas globales como Nike y Adidas. La compañía concretó el cierre total de su planta en Coronel Suárez, dejando a 907 operarios sin sustento. En paralelo, su unidad productiva en Eldorado, Misiones, se encuentra al borde del colapso operativo. De una plantilla histórica de 1.500 trabajadores, la fábrica hoy cuenta con apenas 220 tras las recientes cesantías de julio y nuevas notificaciones registradas este mes. «No sabemos cuál es el futuro de la empresa», manifestó con preocupación Gustavo Melgarejo, delegado de UTICRA.
Radiografía del retroceso industrial según el Indec
Los datos oficiales respaldan la gravedad de la situación. El último informe sobre la Utilización de la Capacidad Instalada Industrial (UCII) elaborado por el Indec revela que el promedio general de la industria cayó al 57,7%, frente al 62,3% registrado en el mismo periodo del año anterior. El sector más golpeado es el del calzado, que opera con apenas un 32,5% de su capacidad tecnológica. Asimismo, las ventas del sector han experimentado un retroceso del 31,6% en la comparativa interanual 2025-2023.
Este efecto dominó alcanza a otros pilares de la economía:
- Sector Alimenticio: El Frigorífico Pico, responsable de la marca Paty, enfrenta una deuda de 30.000 millones de pesos. La caída en el consumo doméstico de carne y la merma en las exportaciones a China forzaron la suspensión de 450 trabajadores.
- Sector Textil: La firma Cocot ha desvinculado a más de 140 empleados en su planta de Parque Chas. Los gremios denuncian, además, el pago de haberes y aguinaldos en cuotas.
- Sector Automotriz: General Motors mantiene su planta de Alvear bajo un régimen de parates rotativos. Con una capacidad de uso del 46,3%, la empresa y SMATA acordaron suspensiones donde los operarios perciben solo el 75% del salario bruto.
El escenario en San Juan: Crisis de «goteo» y alerta en el retail
En la provincia de San Juan, si bien no se han registrado cierres masivos de la magnitud de la planta de Dass, se observa una crisis de erosión constante en sectores clave. La industria vitivinícola, pilar de la economía regional, atraviesa una situación financiera compleja; una bodega local de gran envergadura ha reportado pasivos superiores a los 450 millones de pesos debido a la suba de costos logísticos y la caída de la demanda.
En el sector comercial, el foco de conflicto se sitúa en el Híper Libertad. El Sindicato de Empleados de Comercio (SEC) ha denunciado formalmente «despidos hormiga» sin causa justificada. A esto se suma la incertidumbre por una posible venta de la cadena al grupo La Anónima, lo que mantiene en alerta a los trabajadores de las sucursales locales. Por su parte, la Unión Industrial de San Juan (UISJ) calificó el panorama como «sumamente complejo», señalando paradas en líneas de producción de alimentos y textiles por la falta de demanda externa e interna.
Finalmente, la tasa de desocupación del 3% registrada anteriormente en la provincia comienza a mostrar signos de agotamiento. El incremento de la subocupación y el traspaso de trabajadores al sector informal marcan la pauta de un mercado laboral que ya no logra absorber la oferta frente a la parálisis de la obra pública nacional y el retroceso del sector privado.
Bienvenidos a la edición «Liquidación por Cierre» de la realidad nacional, donde la única industria que parece crecer a tasas chinas es la fabricación de telegramas de despido. Mientras en los despachos oficiales se celebran planillas de Excel que parecen redactadas por un monje budista en pleno estado de negación, en el mundo real —ese lugar inhóspito donde la gente todavía tiene la osadía de querer almorzar— la «tormenta perfecta» se ha convertido en un tsunami de persianas bajas. Es fascinante la metafísica industrial argentina: logramos que marcas como Nike y Adidas sean objetos de museo antes de que el Museo del Surf de Mar del Plata terminara de colgar su primera tabla. En Coronel Suárez y Eldorado, el calzado ya no se fabrica; se convirtió en una metáfora de cómo salir corriendo, pero descalzos, porque la utilización de la capacidad instalada del sector es del 32,5%. Es decir, las fábricas están tan vacías que el eco de una máquina encendida podría considerarse un evento de poltergeist.
La situación de «Paty» es el resumen perfecto de nuestra decadencia gastronómica-existencial. Que la empresa creadora de la hamburguesa emblemática de los estadios y los domingos familiares deba 30.000 millones de pesos es la señal definitiva de que el apocalipsis no vendrá con jinetes, sino con un combo de oferta que nadie puede pagar. Estamos ante el primer caso documentado de una nación que decide hacer dieta forzada por falta de capacidad crediticia. Y ni hablar de General Motors, donde los operarios perciben el 75% de su salario para quedarse en casa mirando el techo, en una especie de «vacaciones pagas por el pánico» mientras la planta de Alvear opera al ritmo de un desfile de caracoles con asma. Es un esquema económico de vanguardia: producimos tan poco que pronto el Indec dejará de medir la actividad industrial para empezar a medir la velocidad con la que el polvo se acumula en las líneas de montaje.
En nuestra querida San Juan, el panorama es un «goteo» constante que tiene a todos con el corazón en la boca y la mano en el bolsillo vacío. Pasamos del espejismo del pleno empleo del 3% a una realidad donde el Híper Libertad practica el «despido hormiga», una técnica de gestión de recursos humanos que consiste en echar gente de a poquito para que el sindicato no haga tanto ruido, mientras los rumores de venta a La Anónima circulan más rápido que el viento Zonda. En las bodegas, el drama tiene aroma a Malbec rancio por deudas de 450 millones, confirmando que ni siquiera el vino nos sirve ya de consuelo porque los costos logísticos están más caros que un pasaje a Marte. Si esto sigue así, el próximo informe del Indec sobre desempleo no va a necesitar porcentajes, le va a alcanzar con una foto de todos nosotros enviando currículums a una casilla de correo que ya fue rebotada por falta de espacio.