El caso Kick se agrava: Fiscalía imputa a la plataforma y busca directivos.

Redacción Cuyo News
7 min
Cortito y conciso:

La Fiscalía de París ha abierto una investigación formal contra la plataforma Kick, emitiendo órdenes de arresto para sus directivos. Esto surge tras la muerte del streamer Raphaël Graven (Jean Pormanove), quien falleció en agosto luego de diez días de transmisiones en vivo marcadas por abusos y humillaciones. Dos influencers cercanos, Naruto y Safine, fueron detenidos. Kick es acusada de delitos graves, incluyendo omisión de socorro y blanqueo, en un caso que expone la laxitud de las regulaciones en plataformas digitales y presuntos «flujos financieros sospechosos» entre la empresa y el canal del fallecido.

La Fiscalía de París ha decidido patear el tablero y poner bajo la lupa a Kick, la plataforma de streaming que prometía libertad pero que ahora enfrenta cargos de peso. No es para menos: la Justicia gala no solo abrió una investigación formal, sino que además solicitó órdenes de arresto contra los directivos de la compañía, un paso que rara vez se ve en el mundillo digital. ¿El telón de fondo? La trágica muerte de Raphaël Graven, conocido en la red como Jean Pormanove, un streamer de 46 años que encontró un final desgarrador tras diez días de infierno transmitido en vivo.

El relato estremece: Pormanove falleció después de permanecer encerrado, emitiendo peleas, insultos y abusos a manos de otros dos "influencers". Estos dos personajes, Naruto y Safine, cercanos al fallecido, ahora se encuentran tras las rejas. La detención se produjo después de interrogatorios, confirmando un giro en la investigación que originalmente se gestaba en Niza, donde la macabra "casa del reality" funcionó como escenario de la tragedia.

Casi seis meses después de aquel fatídico agosto, la Fiscalía de París ha levantado el guante con una serie de imputaciones que pintan un panorama sombrío para Kick: desde "omisión de socorro a una persona en peligro" y "falta de prevención de un delito contra la integridad física" hasta "blanqueo de capitales procedentes de un delito cometido en banda organizada" y "difusión de grabaciones que atentan contra la integridad de una persona". Una lista que no deja lugar a la inocencia.

Y como si esto fuera poco, la gota que rebalsó el vaso y llevó a la orden de arresto contra los directivos fue su olímpica ausencia ante una citación judicial previa. "A pesar de haber sido informados de las condiciones y fecha de la audiencia, las personas implicadas no se presentan", sentenció la fiscal de París, Laure Beccuau. Kick, nacida en Australia en 2022 con la ambición de destronar a Twitch a base de "reglas más laxas", ahora ve cómo esa supuesta flexibilidad se le vuelve en contra, y con creces.

Pero la trama se complejiza. La investigación promete "profundizar en el análisis de los esquemas financieros de la empresa, que siguen siendo opacos en este momento". Aquí es donde el "olfato" periodístico se agudiza: ¿qué hay detrás de esos "flujos financieros sospechosos"? La Fiscalía busca desentrañar los "vínculos económicos entre Kick y el canal de Jean Pormanove", ya que se sospecha que la propia plataforma financiaba directamente el contenido. Pormanove, con sus 200.000 seguidores, era conocido por monetizar su propia humillación en diversas plataformas, lo que nos lleva a cuestionar la ética y los límites de este nuevo circo romano digital.

Su muerte, en agosto pasado, no solo sacudió a Francia, sino que desnudó una cruda realidad: la preocupante falta de regulación en ciertas plataformas de internet. Un vacío legal donde los filtros son más que insuficientes y donde, como en el caso de Kick, la incitación a la violencia parece ser moneda corriente a cambio de un puñado de "likes". La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo el "todo vale" de la red?

El show que se volvió tragedia: ¿contenido «preparado» o crueldad en vivo?

Pormanove pereció en aquella casa cercana a Niza, donde se filmaron 298 horas ininterrumpidas de maltrato. Los videos eran un catálogo de violencia extrema, insultos y vejaciones por parte de Naruto y Safine, ahora detenidos "por violencia en grupo en directo, abuso de persona vulnerable e incitación al odio y difusión de imágenes de violencia". Lo más cínico del asunto es que, en su momento, la plataforma se defendió alegando que estas escenas estaban "preparadas" y que no se trataba de un maltrato real. Una justificación que, a la luz de los hechos, suena a chiste de mal gusto.

Un llamado de atención ignorado: cuando las alarmas no suenan o nadie las escucha

Lo más inquietante es que los dos "influencers" ya habían sido interrogados siete meses antes, en enero de 2025, tras revelaciones del medio francés Mediapart sobre las irregularidades en la actividad de Kick. Mediapart denunciaba la escandalosa falta de reglas de moderación para el contenido violento. Poco después, la Liga de Derechos del Hombre también puso el grito en el cielo. ¿Qué pasó entonces? Nada. Cero. Ni una sola acción concreta. Tampoco intervino Arcom, el regulador audiovisual encargado del contenido de estas plataformas. La maquinaria solo se puso en marcha tras la muerte de Pormanove, cuando la autopsia, aunque descartó golpes fatales o intervención directa de terceros en el deceso, no pudo borrar la secuencia de terror transmitida en vivo.

El reguero de pólvora de Kick no termina allí. Tras la muerte del streamer, la plataforma expulsó a los españoles Simón Pérez y Silvia Charro, célebres por su viral video de consejos hipotecarios en estado de ebriedad en 2017. Ellos también encontraron en Kick un espacio para difundir su consumo de drogas y, alentados por la audiencia, protagonizar "espectáculos humillantes a cambio de dinero". Un patrón que se repite y que deja al descubierto la "ética de lucro" a cualquier costo que parece regir en estos nuevos templos de la exposición digital. La pregunta es obvia y urgente: ¿quién se hace cargo de este desmadre?

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